THE GIVER (EL DADOR DE RECUERDOS), POR NATALIA BONANSEA

Película: The Giver
Director: Phillip Noyce
Año: 2014
Países: Sudáfrica, Canadá, Estados Unidos

El Dador de recuerdos (2014) es un film dirigido por Phillip Noyce y basado en la novela juvenil homónima de Lois Lowry (1993).


La historia transcurre en una sociedad que recuerda a Un mundo feliz de Huxley (1932), todo calculado científicamente, y no hay alteraciones ni variaciones ni siquiera de colores -ya que la película transcurre gran tiempo en blanco y negro-. Cada habitante tiene su función -inamovible e incuestionable- y existe un consejo de ancianos al mando -encabezado por la aclamada Meryl Streep-. Pero hay un rol muy particular, aquel encargado de recordar la historia del mundo y asesorar con ello al consejo de ancianos. Todo marcha demasiado bien, hasta que el nuevo joven asignado (Brenton Thwaites), al empezar a recordar se pregunta por el no-sentir. Ayudado por su tutor (Jeff Bridges) descubre la causa y empieza a experimentar diversidad de emociones, de encuentros, de matices -mientras ingresan los colores a escena-. Se produce la ruptura con ese eterno presente, esa estabilidad mortífera, ese plan científico que forcluye lo humano; y ahora cada uno tendrá que ver cómo se las arregla con eso, principalmente con este joven que encarna un punto de basta. 


Esta otra ciencia, la de “ficción”, nos da cuenta de que vivimos en una sociedad en intento constante por “eliminar todo signo de negatividad” (Byung-Chul Han, 2013), sin detener en reparos, aunque eso implique eliminar lo más singular del humano. Lo real que no se soporta -el amor, la muerte, el paso del tiempo, los síntomas, las preguntas, el conflicto-, retorna de forma desmedida en el film, tanto como en la clínica y en las instituciones. Y al igual que hoy, no basta con eliminar las sensaciones del cuerpo con una dosis diaria de droga administrada a cada habitante -simbolizando las variadas ofertas para “anestesiarnos”-. Hay que borrar también la memoria que marca a cada cuerpo; porque si uno recuerda, se activa la pregunta por el sentir, y desde allí ya no se está lejos del goce y el deseo -y por supuesto de sus reversos y excesos-. Habitamos así en una época que desafía al psicoanálisis en lo más íntimo, su concepción de que cuerpo y palabra van juntos; y que por eso frente al síntoma, a diferencia de los principios de utilidad y positividad, se le propone a un sujeto abrir la caja de recuerdos-significantes y hacer un “esfuerzo de poesía” (Miller, 2003).

2018-04-30T20:00:07+00:00