Película: Si Dios Quiere
Director: Edoardo María Falcone
Año: 2015
País: Italia

Si Dios quiere … aun

La comedia italiana Si Dios quiere queda en los bordes del género. Hace reír al espectador sin tratarse de humor negro, tampoco bufonesco, pero más que un final feliz, acorde al género, introduce lo real y el desencuentro.

El actor Marco Giallini le pone el cuerpo a Tommaso, un importante y reconocido cardiólogo, orgulloso de ser liberal y ateo. Trabajador exigente, amo de sus actos –intenta serlo también de las elecciones de los otros – se encuentra casado con Carla, más madre de sus dos hijos que su partenaire. Carla y sus hijos se encuentran por completo desorientados con respecto a lo que desean, al amor, la sexualidad y el futuro. Los tres sostienen sintomáticamente a ese padre que todo lo sabe, todo lo dice, todo lo decide, hasta que su hijo, futuro médico como él, pone una piedra en su zapato, capta cuál es el talón de Aquiles de su padre y apunta allí.


Mientras Tommaso señala con el índice el camino a seguir, su esposa permanece detenida en un goce solitario en compañía del alcohol, adoptando niños a distancia para apaciguar su orfandad. Su hija se aferra a su bella imagen, como lo hará luego con la religión, del modo más imaginario posible. Y su hijo intenta despertar – a partir del encuentro con el Padre Pietro – ante lo que se le ofrece como “el futuro más próspero y seguro”, que no sería más que un somnífero en dosis consecutivas y a largo plazo, tan extenso como el futuro que promete.


No creo que sea la religión el tema central, contrariamente a lo que puede dar a entender el título. Diría que se trata del encuentro entre un hombre de ciencia con Don Pietro, un “lava cerebros” devenido sacerdote luego de una estadía en la cárcel. 


Es desde esta perspectiva que me parece interesante leer su trama, y en función de esto lo que afirma Lacan cuando se refiere a Dios en términos lógicos, no religiosos.


Dios ex-siste, en el sentido de ser aquello que queda excluido. Dios es el inconsciente, la marca de una sustracción, lo que no se puede nombrar.


El Padre Pietro va a ese lugar Otro, lugar de la palabra que aloja la falta y el juego de los semblantes. Encarna a un padre excéntrico, que no está libre del encuentro con lo real y las ficciones que lo rodean, y fuerza a Tommaso a buscar otras respuestas diferentes a las que ofrece el discurso científico, a poner su libra de carne, su tiempo y el cuerpo. Emerge así la pregunta por el amor y lo femenino.