GEORGE ORWELL Y LA FUNCIÓN DEL CORTE.

EZEQUIEL TORRES
Psicólogo en Córdoba.

Integrante de los equipos de Investigación del Programa de Investigación de Psicoanálisis, Cine y Otras Miradas.

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Si bien pudiera ser un anacronismo analizar una película de 1954, dirigida por John Halas en una adaptación del libro de George Orwell, al emparejarla con las definiciones dadas por Jacques Lacan a la altura del seminario 17 sobre segregación y fraternidad cobra un nuevo valor, el anacronismo resuena en la retroactividad.

La trama muestra a un granjero quien se pasa sus días en la taberna del pueblo y por las noches regresa a su finca y a maltratar a sus “empleados”, los animales. Es esta una etapa de fuerte segregación, un amo poderoso y descuidado aprovecha la fuerza de sus esclavos para sobrevivir y hacer mal-vivir al otro.

Al no poder resistir más el goce del otro se convoca a una asamblea: las condiciones de vida no se soportan y es necesario el paso al acto para derrocar al tirano. Quien convoca a la asamblea, el cerdo más anciano, luego de hacer su proclama, cae muerto. El ambiente es atravesado por el luto pero esto no impide que se realice la revuelta, se logra expulsar al amo y se da paso a una nueva época, donde la fraternidad es la que impera, incluso se escriben mandamientos fraternales para que ningún animal sea superior a otro.

Lacan va a plantear “este empeño que ponemos en ser todos hermanos prueba evidentemente que no lo somos” ( (1969-1970, p. 120), esto queda delimitado en el nuevo movimiento que hace el film. Cuando la prosperidad es lo que prevalece en la escena, por detrás de esta se va gestando el trauma, un nuevo malestar que no tarda en irrumpir, la segregación impera nuevamente .

Hacia el final de su película el director va a cambiar su táctica, quizás al suponer que lo real del goce va a emerger nuevamente, ya que frente al mismo no existe defensa imaginaria. Freud, en Tótem y tabú va a decir que “solo en el arte sucede aun que un hombre atormentado por los deseos cree algo semejante a una satisfacción y que este juego provoque, merced a la ilusión artística, efectos afectivos, como si se tratase de algo real” (1923-1913, p. 1804). Nuestro director apunta a una sociedad más justa y distributiva pero no logra que suceda en el discurrir cronológico, así que va a llevar a cabo un movimiento lógico. Una vez lograda la segunda caída del régimen opresivo va a dar por finalizada su sesión – film (libro).

Con esta apertura a otro plano del discurso va a comprometer al espectador, paciente hasta ahora, a ir hacia lo desconocido, a lo singular, ya que al cortar abruptamente, va a ser implicado, interpelado a crear por su cuenta un desenlace por fuera de la masa identificatoria fraternal. Nueva escansión sobre la partitura del discurso que transcurría, operando sobre lo real singular de aquel que estaba atrapado por la pantalla esperando que la significación venga dada por Orwell-Halas y un final social justo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Freud, S. (1912-1913) Tótem y tabú. Buenos Aires: Siglo veintiuno editores.

  • Lacan, J. (1969-1970) El seminario de Jacques Lacan: libro 17: El reverso del Psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.