BABY O UN CUENTO SOBRE LA SEGREGACIÓN

EUGENIA MOLINA

Miembro adherente del CIEC. Miembro de la EOL y la AMP.

Descargar PDF

Hace pocos años —en 2014—, explotaba en Roma el Baby Squillo[1], uno de tantos escándalos sexuales que implicaba a menores. Dos adolescentes de 14 y 15 años, dadas a conocer como Angela y Agnes practicaban la prostitución con hombres de mediana edad, por elección propia y a los fines de obtener “más” dinero para el consumo de objetos de lujo.

Los dos detalles que sobredimensionaron la historia, tenían que ver por un lado con la condición social de las jóvenes: adineradas y de clase acomodada. Y por otra parte la particularidad de los clientes: en su mayoría empresarios, futbolistas y políticos.

Tres años después, Netflix lleva adelante su tercera producción italiana recreando dicho acontecimiento, lo que provocó un nuevo escándalo en pleno movimiento me too, desatando la acusación del Centro Nacional sobre la Explotación Sexual de Estados Unidos, por hacer apología de la prostitución infantil, argumentando que la serie destaca el consentimiento de las adolescentes por sobre la explotación.

Netflix no se conmovió ante tales acusaciones y lejos de tomar una determinación como fue el despido de Kevin Spacey a principios de 2018, arremetió con la serie que promete convertirse en éxito y ya tiene firmado contrato para su segunda temporada.

Claramente, ni el alegato de la institución acusadora, ni la gélida plataforma que multiplica millones, tomaron en cuenta la perspectiva subjetiva de las jóvenes adolescentes implicadas en esto.

Ya se trate del discurso capitalista o el de la justicia, cada cual tiene sus propios intereses: la producción de consumo o la victimización que desconoce las elecciones y las responsabilidades frente al goce. Podemos ubicar tal como lo describe Eric Laurent: “Los niños dos veces víctimas” (Laurent, 2006 [2010]. p.146).

Extraviados en el propio goce

Baby (Netflix, 2018) cuenta la historia de varios adolescentes, y si bien reversiona el escándalo romano del barrio de Parioli, no sólo cuenta la historia de Chiara (Benedetta Porcarioli) y Ludovica (Alice Pagani) que huyendo del tedio y encierro familiar una y tratando de reparar el estrago materno la otra, comienzan a obtener dinero a través de los encuentros sexuales. Sino que también está Damiano (Ricardo Mandolini), un joven árabe que a pesar de ser hijo del embajador, sufre la burla permanente de sus compañeros; Fabio (Brando Pacitto) hijo del director de la escuela, que no se anima a afrontar la homosexualidad; y Camila (Chavelli Sastre González), que persiguiendo la perfección siempre queda por fuera.

Lacan nos enseñó que la cicatriz dejada por la evaporación del padre, es eso que podríamos llamar segregación (Lacan, 1968[2016]. p. 9). Un rastro que es la contracara de todo intento universalista, globalizador o integracionista, y que pone en evidencia el rechazo al otro, allí donde el Otro ha caído.

Es el punto que me interesa destacar en esta serie sobre adolescentes: el de la segregación, como ese rechazo al otro, al diferente. En donde no cuenta si ese es adinerado, bello o inteligente, porque no hay patrones de identificación a un ideal, mucho menos a un estilo. El efecto de la increencia en el Otro rompe o al menos dificulta bastante el congregarse alrededor de un motivo, que puede ser un ideal, un tipo de música, una moda, una condición social, etc. Las comunidades desaparecen, y ¿qué viene a su lugar?

La serie nos muestra cómo jóvenes ricos y educados no logran armar una comunidad de goce. La joven que se enamora y acepta ser filmada por su novio en un encuentro sexual, es expuesta a la mirada de todos en una fiesta como modo de diversión. El chico rico que vive como un príncipe, es árabe y eso le vale ser excluido de los otros varones del grupo. Las risas, las burlas y el rechazo aparecen de manera velada en algunas escenas y muy claras en otras, ubicando eso que se rechaza en el otro.

El exceso de los cuerpos, el daño al semejante y a sí mismo, muchas veces dan cuenta de que no hay una separación del Otro, y entonces no sucede eso que nos plantea Lacan: que en el extravío de nuestro goce es el Otro el que nos sitúa (Lacan, 1973 [2012]. p.360). Cuando no hay esa separación y el posible reconocimiento de un goce distinto, intentamos imponerle al semejante, nuestro propio modo de gozar, segregando al que no goza igual.

Me interesó la serie en esa mirada, la de la segregación, ese punto en el que los adolescentes están atrapados. ¿Qué hace grupo y cómo se asocian los jóvenes hoy? ¿Qué los convoca? ¿Es la pura guerra imaginaria? ¿Es la ilusión del goce del cuerpo del Otro?

Baby es interesante, no sólo por el despliegue imaginario que atrapa la mirada del espectador, también nos hace preguntas.

[1] Prostituta bebé.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Lacan, J. (1968[2016]) “Nota sobre el padre” en Lacaniana N°20 p.9. Buenos Aires: Grama.

    (1973 [2012]) “Televisión” en Otros Escritos. 360. Buenos Aires: Paidos.

  • Laurent, E. (2006 [2010]). “Nuevas inscripciones del sufrimiento en el niño” en El goce sin rostro. 146. Buenos Aires: Tres Haches.

  • Miller, J.-A. (2015 [2017]). “En dirección a la adolescencia” en Revista Registros N° 13. Buenos Aires: Colección Diálogos.