BANDERSNATCH Y LOS CONSUMIDORES CONSUMIDOS

LAURA MERCADAL
Miembro adherente del  Departamento de Investigaciones de «Toxicomanías y Alcoholismo» del CIEC.

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Black Mirror (Netflix, 2011-) nos sorprende una vez más al crear la primera película interactiva. Al modo de “elige tu propia aventura” nos propone meternos dentro de la historia, elegir entre diferentes caminos y múltiples finales. Nos muestra un real, la imposibilidad de construir una trama a nuestra medida. Una y otra vez nos encontramos frente a los mismos puntos, mojones de la historia del protagonista hechos de traumas, donde se hace pie para seguir recorriendo el laberinto.

Sin saber si nuestras acciones y las del protagonista impactan o no en la trama, nos sumergimos de lleno en la vida de Stefan Butler (Fionn Whitehead), un joven programador. Movemos sus pasos, vamos, venimos y nos empantanamos como él. La repetición marca el ritmo y nos enseña que son caminos limitados. Bandersnatch logra unir su trama a una reflexión sobre lo predeterminado del destino y el libre albedrío, interpelándonos.

Miller sitúa el inconsciente real equiparándolo al traumatismo, donde no se trata del terreno del sentido, de la trama, sino del S1, de las primeras marcas de goce (Miller, 2006 [2014]). El sujeto cree saber lo que quiere pero desconoce lo que determina sus actos.

Colin Ritman (Will Poulter), otro de los personajes principales, programador estrella de videos juegos, intenta abrirle/abrirnos los ojos:

«Hay mensajes en todo juego. Como Pac-Man, ¿sabes qué significa PAC? Es el Hombre de Programa y Control, todo es una metáfora. Cree que tiene libre albedrío pero está atrapado en un laberinto, todo lo que puede hacer es consumir, perseguido por demonios quizás imaginarios, e incluso si logra escapar por un lado del laberinto, ¿qué pasa? Aparece por el otro lado. La gente piensa que es un juego feliz, no es un juego feliz, es un maldito mundo de pesadilla. Y lo peor es que es real y vivimos en él. Todo es código. Si escuchas atentamente, puedes oír los números. Hay un diagrama de flujo cósmico que dicta dónde puedes y no puedes ir. Te di el conocimiento. Te liberé. ¿Lo entiendes?»

En este punto, el espectador tiene que elegir entre que se muera Colin arrojándose por el balcón, o que sea Stefan quien se tire, semejante develación pareciera implicar, sí o sí, un salto al vacío, la bolsa o la vida. Aún advertidos, no es tan fácil soltar el control remoto.

Esto me permite reflexionar sobre un punto siempre presente en nuestras investigaciones dentro del Departamento de Toxicomanía y Alcoholismo: “los consumidores consumidos”. El objeto a en el cenit, plantea una subjetividad de época atravesada por el consumo, una “toxicomanía generalizada”.

Sujetos alienados a la oferta del mercado, consumidos en su consumo, llegan a las consultas creyendo que pueden elegir, que el tema es la voluntad. Lo que da cuenta del desconocimiento de la función que pasa a tener el tóxico en sus economías libidinales, y de lo inmersos que están en la maquinaria cruel del discurso capitalista que abole las singularidades.

La falta de voluntad se vuelve una explicación recurrente frente a los infructuosos intentos de adiestrar a los sujetos para que vuelvan a insertarse en la cadena productiva y se abstengan de consumir, lo cual plantea en sí mismo la gran paradoja trabajada en nuestras últimas Jornadas.

¿Existe la voluntad? ¿La voluntad de quién? ¿Hasta dónde se puede elegir? Lacan (1964 [2006]) ubica que el objetivo de la interpretación en la práctica analítica es la reducción de los significantes a su sin-sentido para así encontrar los determinantes de toda la conducta del sujeto.

Un análisis apunta a lo que hay del Uno luego de despojar lo que lo recubre, para poder hacer con eso más propio y más singular un nuevo arreglo. Apuesta a oponer a la aventura predeterminada «para todos» por consumo capitalista, la orientación por el sinthome.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Lacan, J. (1964 [2006]) “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro 11. Buenos Aires: Paidós.

  • Miller, J.-A. (2006 [2014]) El ultimísimo Lacan. Buenos Aires: Paidós.