UNIDOS, UNIDOS, UNIDOS…

GRACIELA MARTINEZ
Adherente del CIEC – Miembro de la EOL y la AMP.

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Me apoyaré en el cántico con el que finaliza la película Holligans (Alexander, 2005) para explorar cómo se sostienen los lazos en los fanatismos. Para ello seguiré el hilo de la pulsión.

La pulsión que insiste en silencio y pretende satisfacerse inmediatamente lo hace fuera de tiempo así que insiste en cualquier época, afectando el modo de habitar los cuerpos y estar con los otros. Saber de la pulsión en un nivel epistémico no exime de la tendencia a su rechazo que es por estructura. Sin embargo esto que puede resultar desalentador y podría llevarnos a querer cerrar los ojos incluso para ver esta película, convoca a hacer el esfuerzo de buscar otras respuestas que la vuelvan más vivible, aunque haya que pasar por cierta movilización y angustia En este sentido, impacta la posición del protagonista que pasa de un contexto al otro casi sin preguntas “dejándose llevar”. Una superficialidad recorre la película bajo un excesivo pragmatismo que produce secuencia de instantes entrecortada por estallidos de violencia. La pregunta recae en el espectador ¿A qué se debe esa suerte de labilidad?

Apenas se escuchan algunas palabras que gatillan en los lazos familiares. En otros momentos, un barullo previo al desencadenamiento de la pelea desata la deriva pulsional donde se cocina un fanatismo sin caldero. Digo sin caldero, porque “el caldo de la cultura es un caldo de lenguaje” (Tizio, 2003) [1] que requiere del vacío que evoca el caldero. Si no hay vacío o está lleno de lo políticamente correcto, se ahogan las palabras que nos servirían para expresar lo que sentimos, para sentir que hay algo que no alcanzamos a decir y entonces, eso que incluso hace agujero porque es imposible de decir, cause a seguir intentándolo. De este modo estar de un lado o del otro, exigencia a la que conminan los fanatismos, podría no volverse imperativo si más allá del abismo en el que se parecería quedar, es posible darse un tiempo para producir una nueva respuesta y otra satisfacción de la pulsión con la que enlazarse al Otro.

El detalle del líder a su vez docente podría escandalizar, sin embargo no dejamos de pensar qué posición respecto del fanatismo que tan frecuentemente estalla en las aulas. Ubicarse en una relación especular exacerba la violencia pero rigidizarse defendiéndose de la pulsión, puede llevar a una ritualización de los lazos. La barra brava está plagada de ritos breves y pobres que se repiten. Están todos juntos, cuerpo a cuerpo y el cántico que deja oír “unidos…” Pero centrándonos en el protagonista unido a qué, donde no hay identificación que de sentido para que esté allí más que el ser fanático de una sigla que no quiere decir nada para él y sin embargo pasa a integrar una práctica que pone en primer plano su cuerpo, conformando un conglomerado de Unos solos sin el Otro.

El Otro además siempre podría tornarse sospechoso, como refleja el segundo del líder quien busca reducir al Otro a lo Uno, cuestión que también consuena con la época donde se hace más difícil la apuesta por el Otro de la buena fe ¿Cómo albergar el deseo de hacer lazo si se presenta tan rápidamente el Otro de la mala fe?

Pero la pregunta que queda en suspenso, es qué pasa con éste joven en el final ¿Desde qué posición sostiene su hacer justicia? Que se vaya con el eco de los cánticos ¿Quiere decir que en el “unidos…” encuentra apoyo para su coraje? ¿Que así se siente más, ese querer ser más de las barras bravas, más fuerte pero sólo?

[1] Tizio, H. (2003) El dilema de las instituciones: Segregación o invención. Texto presentado en el VII Stage de Psicoanálisis y Pedagogía. La autora hace referencia a la clase 11 del Seminario 24 Inédito, donde lacan dice: “Sería mejor llamar cultura un caldo de lenguaje” para trabajar la diferencia entre vaciamiento y vacío.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS