4×4 (Cohn M., 2019)

GIGLIOLA FOCO
Psicóloga en Córdoba.

Integrante de los equipos de Investigación del Programa de Investigación de Psicoanálisis, Cine y Otras Miradas.

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“Si lo más yo mismo que hay está en el exterior,

no [es] tanto porque yo lo haya proyectado

como porque ha sido separado de mí”

(Lacan, 1962, p.242)

Las primeras escenas de esta provocadora producción argentina nos sumergen en el escenario de una calle del interior de Buenos Aires. Rejas, alambres de púa, cercos electrificados y cámaras de seguridad inundan la cuadra. ¿Qué es eso Otro, diferente, de lo que hay que protegerse tras las rejas?

Es en esta escenografía cotidiana donde puede observarse cómo un joven ingresa a una camioneta que estaba estacionada allí para robar. Tras unos minutos dentro, intenta abrir la puerta encontrándose con que el vehículo es una verdadera jaula de cuatro ruedas de la que no podrá salir. El dueño de la misma, un prestigioso obstetra de la ciudad, ha decidido capturar y torturar a quien entre a su camioneta para llevarse algo que no le pertenece. Allí, detrás de los vidrios blindados y polarizados del vehículo que hacen de espejo para quien pasa por fuera, el joven deberá atravesar varios días.

Ellos / Nosotros

Desde las primeras escenas, el film traza un escenario en el cual las aguas se dividen para el espectador: ellos y nosotros. Bandos inamovibles que cambian de protagonista según quien toma la palabra. El dueño de la camioneta, quien se comunica con el joven por una radio, lo condena con el: –“ustedes son todos iguales, ladrones”, relatando robos de los cuales él, su familia y la sociedad fueron víctimas.

Mientras tanto, mediante sus reflexiones, el joven encerrado configura una atmósfera idéntica: dos lados que se oponen entre sí: –“Este mundo está hecho con reglas de los ricos para los ricos. Yo no voy a obedecer aunque me maten a tiros. Sí, choro como mi padre, como mi abuelo”.

De la misma manera, en las últimas escenas del film, los vecinos se debaten si el médico debe o no matar al ladrón: –“Hace justicia por mano propia y matalo”, –“no lo mates, él también es una persona”, se escucha entre gritos.

Entonces, ellos y nosotros. Un nosotros diferente del resto insoportable al que se odia y se quiere eliminar. ¿Qué separa a las dos caras de la misma moneda?

Para que hacer existir un nosotros, acompañado de la ficción de que sus elementos al interior del conjunto son idénticos entre sí, se debe establecer una diferencia con el resto que queda por fuera, expulsado. Ahora bien, ¿qué ocurre con este resto no soportable de cada quien, desterrado y bárbaro? (Bassols, 2017).

“Encerrado afuera” (Miller, 2010, p.26).

Este recorte del film permite hacernos eco de que, tal como sostiene Miller, “hay una dificultad para situar, para estructurar e incluso para aceptar la extimidad” (Miller, 2010. p.17), entendiéndola como aquello más próximo e interior que, sin dejar de ser exterior, se busca borrar.

Y mientras los minutos pasan, el joven observa tras el vidrio lo que ocurre en el quehacer de este barrio bonaerense. Algo sucede. Un chico intenta abrir el vehículo para robarlo. Los vecinos de la cuadra lo interceptan, golpean e insultan. El joven encerrado detrás del espejo negro corre la mirada. Ahora, algo de lo más íntimo se manifiesta en el exterior, “como un cuerpo extraño” (Miller, 2010. p.14), insoportable. Algo fuera lo mira desde adentro de aquella camioneta.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Bassols, M. (2017) “Lo bárbaro”. En Delgado, O. y Fridman, P. (Ed.), Indagaciones psicoanalíticas sobre la segregación. Buenos Aires: Grama.

  • Lacan, J. (1962-1963 [2006]) La Angustia en El Seminario. Libro X. Buenos Aires: Paidós.

  • Miller, J. A. (2010) Extimidad. Buenos Aires: Paidós.