UNA PESADILLA EN COLORES PASTEL

CELESTE FERRERO
Psicóloga en Córdoba.

Integrante de los equipos de Investigación del Programa de Investigación de Psicoanálisis, Cine y Otras Miradas.

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Las leyes del mercado organizan nuestra vida. Vivimos en una cultura globalizada, una cultura de las masas, donde no hay lugar para la diferencia y donde los individuos se parecen cada vez más unos a otros. Lo que emerge en esta época —llamada por Jacques Alain Miller y Eric Laurent “Del Otro que no existe”— es el debilitamiento del orden simbólico. Así, lo simbólico está en continuidad con lo imaginario: un mundo poblado de semejantes (Gueguen). Hay un empuje a la homogeneización, una “expulsión de lo distinto” (Chul Han, B. 2016), con una violencia implícita que a hacer desaparecer al sujeto.

El personaje del capítulo de Black Mirror (TV Series 2011-) Caída en picada (1.3), Lacie (Bryce Dallas Howard), vive en una sociedad que se ha adaptado a la tecnología. Todo el mundo comparte sus actividades cotidianas y califica sus interacciones con el resto de las personas a través de una aplicación que elabora un ranking que será determinante en el estatus social de cada individuo.

La realidad de los individuos parece estar enmarcada en un filtro de colores pastel. Parece no importar atravesar diferentes experiencias sino mantener la forma, la buena forma, donde lo que se muestra es una aparente felicidad y perfección para que todos puedan verlo y puntuarlo.

J.-A Miller (2006), realizando un análisis del texto de Lacan “Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología”, propone una paradoja presente en la actualidad y en el mundo distópico que habita nuestra protagonista: “una sociedad donde el individualismo está exacerbado, donde el individualismo es la norma del comportamiento y de quienes conducen y defienden las instituciones (…) es aquella donde los fenómenos de asimilación social (…), son los que se imponen”. (Miller, 2006, p.16-17) Los individuos tienden a pensar, sentir, hacer lo mismo, ya que el ideal individualista ha sido elevado a un grado de afirmación hasta ahora desconocido. En este mundo de color de rosa, los individuos están obligados a ser encantadores y felices, anulando las libertades individuales. Hay códigos de comportamiento, de vestimenta y de lenguaje.

De la asimilación social, de ese conformismo, Lacan (1950 [2002]) deduce la insistencia de los fenómenos de agresividad que se producen y que permiten al sujeto recuperar una distancia y su diferencia. Debe haber un límite en estos fenómenos de asimilación. A Lacie su estatus social no le permite acceder a la casa de sus sueños, a tener la vida perfecta que tanto añora. Por lo tanto, va a emprender diversas acciones para incrementar su posición. En este intento, le suceden una serie de hechos que transformarán su comportamiento afable y su eterna sonrisa en irritación, desesperación y enojo. Lacie irá mutando y emprenderá un viaje que será un verdadera “caída en picada” que la terminará llevando a la cárcel, donde se encontrará con otro sin mediación de la tecnología. Este encuentro será un momento catártico y auténtico ya que cada uno podrá decir sin censurarse; decir que tomará forma a través del insulto. En la última escena, y como última palabra del diálogo, tal como lo plantea J.-A. Miller (2010) aparece el insulto, que apunta al ser del otro en el lugar de lo que no puede decirse, allí donde el ser excede las posibilidades de la lengua.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Gueguen, J.P “Formas contemporáneas del malestar en la cultura” en Revista Registros Tomo Metal.

  • Chul Han, B. (2016) La expulsión de lo distinto. Frankfurt del Meno, Ediciones Herder.

  • Lacan, J. (1950 [2002]) “Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología” en Escritos 1, Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

  • Miller, J-. A. (2006) “Sociedad, violencia y sinthoma” en Mediodicho N° 31, Córdoba.

    (2010) «El banquete de los analistas». Buenos Aires: Paidós.