NARBONA – Mommy 2018-03-03T15:33:27+00:00

MOMMY

RAQUEL NARBONA
Miembro adherente del Departamento de Investigación de Psicoanálisis con niños del CIEC – Miembro de la EOL y AMP.

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Elegí esta película ya que permite situarnos en la época actual e interpretarla desde la propuesta Locura y singularidad teniendo como horizonte el próximo Congreso de la AMP Las Psicosis ordinaria y las otras. Bajo transferencia.

Esta película Mommy (Dolan, 2014) le permite a su joven director canadiense Xavier Dolan obtener el premio del Jurado en el festival de Canes del año 2014.

La crítica extranjera considera a Dolan como “un niño prodigio” “un genio impertinente” ya que con sus 25 años en ese momento, llevaba realizada cinco películas y diversos galardones recibidos.

Su carácter insolente y arrogancia provocadora se dejan traslucir en el film, al mismo tiempo y una vez más, que su director pondrá en escena la conflictiva relación madre –hijo y sus consecuencias nefastas que se ponen de manifiesto en la subjetividad. Una película que se juega toda ella entre la ficción y la propia realidad vivida por su director en cuanto al tema que aborda.

Una película intensa, cruda en sus relatos y al mismo tiempo emotiva ya que en sus casi dos horas y media de duración de ningún modo es tediosa. Resulta todo lo contrario al permitirnos extraer de ella una enseñanza.

 La considero una película actual en su planteo en la cual hay varias perspectivas a considerar desde el Psicoanálisis y la interpretación que desprendo de ella.

El film comienza con un epígrafe que dice que, en una Canadá ficticia, se aprueba una ley —en realidad Ley 145-2014— que permite a los padres incapaces de controlar a sus hijos problemáticos —niños y adolescentes—internarlos en un centro especial.

Steve (Antoine-Olivier Pilon), es un joven de 15 años que padece trastorno de déficit de atención con hiperactividad (ADHD) que acaba de ser expulsado del reformatorio donde estaba internado por causar, junto a otros, graves quemaduras en otro compañero.

Esto me remite de entrada y me hizo pensar en una concepción clínica comportamentalista y cognitiva procedente, a partir de la década del 70, precisamente de Quebec-Canadá.

 Se introdujo desde entonces un verdadero movimiento ideológico primero a nivel de una política sanitaria local, cuya influencia se expandió a Francia y luego a nivel mundial para llegar a nuestros días.

 Cada vez nuevas leyes que intentan controlar y regular todo lo referido a la salud mental de las personas, que habilitaría a docentes y otros agentes sociales para detectar al individuo peligroso desde el colegio.

El padecimiento de la infancia y la adolescencia “bajo control”, al mejor estilo de un “delirio higienista”, que responde a una política sanitaria autoritaria, burocrática y evaluadora en un para todos iguales donde prima lo universal.

Esto, en sí mismo y/o en la pretensión de llevarlo adelante, conlleva una locura de la que como analistas debemos estar advertidos para poder arreglárnoslas con esta época llamada por Miller (2005) de El Otro que no Existe.

Volviendo al film, impacta casi en su final ver a Steve con chaleco de fuerza, medicado, en presencia de un Otro que controla su cuerpo y sus palabras en cuanto a lo que él debe decir.

Sí, en una Canadá ficticia aunque no tan alejada de la realidad de hoy. El avance de las TCC como propuesta terapéutica incluye en su seno, la evaluación, la cifra, la normalidad como ideal, y un cientificismo absurdo. Prácticas que son reticentes a la palabra, y a tener en cuenta la subjetividad en lo que ésta presenta de singular.

Otra cuestión que nos transmite Mommy es la relación entre Diane (Anne Dorval) y su hijo Steve, teñida de palabras groseras, injuriosas y provocadoras. Un vínculo tomado en la relación dual e imaginaria que desata escenas de violencia extrema, como a su vez otras llenas de erotismo, francamente incestuosas y obscenas.

Una relación especular establecida entre esa madre y su hijo, en un lazo igualitario, entre semejantes, que conduce a ambos a una pulseada mortífera en la que se enfrascan en lo cotidiano. Dan cuenta así del exceso, el desborde, sin una regulación posible ante un real sin ley al encontrarnos con un agujero en lo Simbólico.

Es cierto, como expresa Diane en relación a su hijo, “que a veces quererlos no es suficiente”, y/o hacer todo como madre tampoco sirve ya que es preciso considerar a la mujer que hay en ella y su articulación y/o división respecto a la sexualidad femenina.

 Lacan nos ha enseñado que no se trata de poner en valor de ninguna manera una relación idílica entre la madre y su hijo, por el contrario esta relación está teñida por el goce, oscuro deseo que muchas veces como la clínica lo muestra, conduce a lo peor. El film enseña y nos habla del lazo estragante establecido entre ambos.

En Radiofonía (1970 [2012]) y Televisión (1973 [2012]) Lacan nos indicaba que en “el desvarío de nuestro goce, solo existe el Otro para situarlo”, a lo que podemos agregar que en su alteridad permite regular y situar un límite necesario cuando la locura de ese lazo maternal invade, y la agresión, como manifestación de la pulsión de muerte, se desata sin encontrar freno.

De cierta manera y como lo indica Miller esto equivale a decir que la locura es el mundo primario entre una madre y su hijo. Es un mundo de locura, en el cual agrego se introducirá o no lo Simbólico.

En la película podemos apreciar que a partir de la intervención de Kyla (Suzanne Clément), la vecina del frente de la casa de Diane, que esta locura familiar se calma y se ordena un poco, permitiendo una convivencia, al menos por un tiempo, más pacífica.

Interpreto que esto se debe, cuando por primera vez es convocado el significante paterno, siendo Kyla con su semblante de autoridad y saber, afines al Nombre del Padre, la que se encargara del estudio y tareas escolares de Steve, de este modo Kyla oficiara de ese lugar tercero para Steve.

En cuanto a este joven adolescente a esta altura de mi comentario, puedo decir que se trata de un caso de psicosis que se desencadena con el intento de suicidio, luego de haber pasado por un momento de perplejidad.

El mundo de Steve, su mundo propio, que no es el de todos, ni es generalizable, se deshace, cae en ruinas y vocifera a los gritos su lugar de objeto de desecho, es la mierda. Un modo de gozar singular que es violento, cruel, hostil y destructivo poniendo en juego cada vez la pulsión de muerte. Goce del Uno en otros términos.

Otra cuestión que me interesa resaltar en este joven dentro de su singularidad, es el uso de su patineta, como expresión de libertad, o el mismo final de la película, escapando del encierro, de la cárcel del goce que representa ese reformatorio.

Por último y para finalizar este comentario si decimos con Lacan, retomado por Miller que “todo el mundo es loco, es decir, delirante” es apuntar a que ya no estamos ordenados y regulados por el Nombre del Padre. Mommy ha dado cuenta de ello del principio al final.

Seguramente han quedado cosas en el tintero.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Lacan, J. (1970 [2012]) “Radiofonía” en Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós.

  • Lacan, J. (1973 [2012]) “Televisión” en Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós.

  • Miller, J-A; Laurent, E. (2005) El Otro que no Existe y sus Comité de Ética. Buenos Aires: Paidós.