MEYER – Verano 1993 2018-01-31T15:08:30+00:00

VERANO 1993

CONSTANZA V. MEYER

Miembro de la ELP y de la AMP.

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El tratamiento de un real

Verano 1993 (Simón, 2017), candidata a los premios Oscar a mejor película extranjera en representación de España, es la ópera prima de Carla Simón en la que se aborda la historia de un duelo, basada en una experiencia propia de su infancia. La película se abre con los fuegos artificiales que tienen lugar en la noche de San Juan en un barrio de Barcelona. Estamos situados en el punto de vista de una niña, Frida (Laia Artigas), que mira los fuegos y luego sabremos que acaba de perder a su madre. El estruendo de los fuegos deja paso a una casa en la que varias voces se entremezclan en la preparación de cajas y maletas. Frida está en silencio y oye, sin escuchar demasiado, igual que el espectador, sumergidos ambos en medio de retazos de conversaciones sin sentido. Es como si la niña estuviera en somnolencia o en duermevela. Vemos su cara, seria, como en shock ante el ajetreo, la confusión del ir y venir de personas. Se prepara un viaje al campo, a casa de un tío de Frida, respondiendo al expreso pedido de su madre antes de morir. En la despedida, la abuela le entrega a la niña una estampita y le advierte que debe rezar cada noche como ella le enseñó para estar en contacto con su madre y recordarla siempre, no sin añadir que fue una mujer que cometió muchas “locuras”.

Frida no llora y eso conmueve al espectador, la cámara no deja de detenerse en su mirada, profunda, de desconcierto ante lo que la rodea. ¿Cómo hacer con ese real de la muerte que además le dejó en herencia la amenaza del sida? Hay que recordar que en los años 90 esta enfermedad estaba asociada al mundo de la droga y la promiscuidad y marcada por el desconocimiento y el temor a la epidemia. Frida, con este estigma a cuestas, deberá enfrentarse, entonces, a ese agujero que deja la muerte de su madre en un nuevo entorno y rodeada de otros que tampoco parecen poder ofrecerle las herramientas para hacer su duelo. Tendrá que ir inventándolas en la convivencia con sus tíos y en los juegos con su prima pequeña, recomponer el marco fantasmático que se conmovió con la muerte de su madre.

¿De qué se trata en el duelo? ¿Es solamente un tratamiento de la pérdida? Un sujeto en el momento de su constitución se aloja en el Otro y en su deseo, por eso cuando ese Otro desaparece lo que se sacude es el fantasma que hasta el momento sostenía al sujeto en su lazo con los semejantes. Freud señalaba en relación al duelo que en ese largo proceso el sujeto se enfrenta al lugar que el objeto perdido jugaba en su vida y que toca de lleno al narcisismo de una persona. Asimismo, acceder al objeto del deseo sólo es posible por la vía de la castración. Es decir, no sólo está en juego lo que el sujeto pierde como objeto, sino el lugar que ocupaba para ese Otro. Lacan destaca la importancia de la falta, de la castración a la hora de pensar el duelo y en el Seminario 6 (Lacan, 1958-1959 [2014]) en su lectura de la tragedia de Hamlet afinará la idea de lo que tiene lugar en el duelo y lo pondrá en relación con el deseo, el falo y el objeto a. Subrayará la importancia del sacrificio, de la privación del falo en la constitución del objeto en el fantasma.

Por otro lado, en el Seminario 10 (Lacan, 1962-1963 [2006]) nos recuerda la relación entre el agujero en lo real y la Verwerfung que encontramos en la psicosis en tanto agujero en lo simbólico. Si en la psicosis lo que no ha sido inscripto en lo simbólico retorna en lo real, en el duelo, la desaparición del Otro es un agujero en lo real que convoca a un elemento simbólico, el significante fálico y por tanto la falta. Afirma Lacan que estamos en duelo de quien podemos decir que fuimos su falta, de aquellos en quienes ocupábamos el lugar de la falta, por tanto de causa del deseo.

Con la muerte de su madre, Frida pierde ese lugar en que se alojaba, queda en el desconcierto y en el desamparo y la falta recae sobre ella. La película de Carla Simón lo muestra muy bien en las primeras escenas, el silencio de Frida ante ese agujero en lo real, ante la muerte imposible de significantizar. Su fantasma se conmueve y el trabajo del duelo consistirá en volver a construirlo, volver a encontrar su sitio y una nueva relación con el deseo que ya no será nunca como era. Es así que Lacan destaca el valor de los ritos funerarios que funcionan como marco simbólico para el inicio del proceso del duelo. De este modo es, precisamente, como Frida va aferrándose en un primer momento a los significantes de los otros, pasando por la creencia religiosa que le ofrece su abuela, creencia que intenta hacer suya cuando se acerca a una figura de la virgen para pedirle que le entregue un paquete de tabaco a su madre. Busca este apoyo también en el juego de disfraces con su prima, recuperando gestos y dichos de su madre, actuando como ella, despliega la agresividad con el semejante o en el rechazo al nuevo Otro familiar.

Frida se pregunta qué ha pasado con su antigua vida en Barcelona, quién ocupa ahora su casa. No encuentra su lugar, no sabe si irse con los abuelos, si quedarse con sus tíos. Su padecimiento muestra muy bien que no se trata de sustituir el objeto, sino de hacer también con el resto de real que siempre quedará en la vida del sujeto y con el que éste tendrá que inventar algo nuevo. Es interesante destacar el valor que tiene la decisión de la madre de Frida que deja escrito que la niña se vaya con su hermano. Este gesto habla de una madre que ante su propia muerte, eligió un lugar para que su hija pudiera alojarse nuevamente en el entorno familiar. No la dejó librada a la decisión de los otros o de la justicia, manifestó su deseo para Frida.

En este film acompañamos a Frida en su proceso de duelo, desde la renegación, pasando por el instante de ver y el tiempo de comprender que desemboca en el llanto contenido de la niña. Este es el recorrido que nos cuenta Carla Simón, que en una entrevista señala que con su proyecto ella no pretendía elaborar ningún hecho traumático, quería hacer, en realidad, un film sobre su madre, pero que conversando y recogiendo recuerdos de los familiares y suyos propios, solamente pudo realizar Verano 1993. En efecto, no es una película sobre su madre sino sobre su ausencia y la manera en que Carla Simón pudo hacer con ella. Se trata de una obra vital armada con restos, obra que quizás le permite a la directora acceder a su momento de concluir.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Freud, S. (1915 [1917]) “Duelo y melancolía” en Obras Completas, Tomo XCIII. Madrid: Amorrortu Editores.

  • Lacan, J. (1958-1959 [2014]) “El Deseo y su Interpretación” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro 6. Buenos Aires: Paidós.

  • Lacan, J. (1962-1963 [2006]) “La Angustia” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro 10. Buenos Aires: Paidós.