HALAC – ZAMA: imagine la espera 2018-01-31T18:45:19+00:00

ZAMA: IMAGINE LA ESPERA

JOSÉ HALAC
Compositor, investigador y docente de la UNC en Córdoba, Argentina.

Descargar PDF

En Zama, la última película de Lucrecia Martel (2017), su protagonista, Diego de Zama (Giménez Cacho), agoniza durante 2 horas y muchos más días y meses esperando un traslado a su tierra, que nunca llega.

La espera que va de la mano de la expectativa tiene un presente y un futuro asegurados. Todo el tiempo se actualiza el deseo y se vive la ausencia de ese deseo que aún no ha llegado. En ese sentido todo lo que le queda al que espera es lo único que tiene como realidad palpable y es lo que puede mirar y lo que puede escuchar a su alrededor y dentro de su cabeza. Imágenes y sonidos que se proyectan desde afuera hacia adentro y desde dentro hacia afuera del que espera y que se confunden con lo que pasa, lo que hay, lo que tiene que resolver y lo que no puede resolver.

Todo su mundo se dirime entre detalles y deseos y cuando esos detalles se confunden con los deseos se va volviendo imposible diferenciar lo que uno desea de lo que uno tiene. Lo que se ve va pareciéndose demasiado a lo que uno imagina y viceversa. Este estado se va lentamente acercando al de la locura.

Zama se va volviendo loco en este relato poblado de las imágenes y los sonidos que Martel nos va acercando y alejando por fuera de las lógicas de la percepción natural del mundo. Ella crea otras lógicas que se acercan más a lo que vive el pobre corregidor Don Diego de Zama que a lo que “realmente” pasa. No vemos nada por fuera de él, casi. Martel nos deja apenas vislumbrar retazos de lo que podrían ser realidades objetivas pero nunca terminan de cerrar una frase completa, siempre ese paisaje audiovisual es interrumpido por esos detalles de los sueños y las imágenes sonoras de la mente, los ruidos de su mente.

Voces, susurros, pensamientos dichos y murmurados, esos diálogos interiores con uno mismo que se mezclan suavemente en un continuum a veces indescifrable de grandes y pequeños relatos y sensaciones sonoras que amplifican desproporcionadamente todo lo que pasa en la “realidad” objetiva, si hubiera alguna.

Es que la espera amplifica todo. El estado de esperar convierte a nuestra percepción en un gran amplificador que genera otras relaciones acústicas. La espera nos convierte en otro tipo de animales de esos que escuchan 100 veces más que nosotros. Cada pequeño detalle es amplificado 100 veces porque la importancia de lo que suena y lo que vemos es magnánima y puede significar un cambio hacia cumplir la expectativa. Un suspiro del gobernador —de quien Zama depende para advertir al Rey de su deseo—, un cambio en el pulso de su respiración le puede valer a Zama volver a su tierra o quedarse muchos años más en el infierno.

Mosquitos, moscas, chicharras, risas eróticas de mujeres, jadeos, caballos rebuznando, tiros de escopetas, agua de río chocando contra rocas, zumbido de sables de metal, vibraciones de cuerdas tensadas, viento sobre álamos, susurros y murmullos se suman a las voces de los actores que hablan a veces en el vacío, sin resonar en ninguna pared aunque estén dentro de una casa, como si Martel quisiera componer aparte de su película, otra obra sonora, otra polifonía de ruidos tan compleja como la angustia que un hombre puede sentir y que ni él podría explicar, ni el psicoanálisis puede con facilidad poner en palabras exactas. Pensar en claridad de pensamiento se vuelve una locura, pensar en el real lacaniano emergiendo a alguna superficie de sentido es más ilusorio aún. Más bien se podría decir que los símbolos, el imago y el real se confunden en un río de locura donde nada es singular, todo es plural y la realidad sólo se puede pescar en trazos que muerden el anzuelo por unos segundos y que comiendo la carnada se nos escapan para volver el mismo río de intensidades.

Martel dice que hacernos esperar es un acto de poder y que leer un libro durante la espera es un acto de rebelión que anula el abuso. Diego de Zama logra encontrar su libro y de ese modo encuentra su rebelión y, quizás, su singularidad. Flotando sobre la superficie del río. La hondura audiovisual seguiría por debajo, siempre latente, a la espera de un nuevo deseo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS