GUIMARÃES – Wakolda. Misteriosa armonía en la imperfección de las formas 2018-03-11T12:44:51+00:00

WAKOLDA. MISTERIOSA ARMONÍA EN LA IMPERFECCIÓN DE LAS FORMAS

Lêda Guimarães
Ex AE de la EBP

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TÍTULO 1

Wakolda (Puenzo, 2013), es un film que nos invita a admitir que la base del ideal nazi, que preconizaba el imperio de una raza, forma parte de nuestra estructura humana, ya que esta idea se asienta en el sueño inaccesible de la perfección, sueño tan presente en nuestras neurosis, que tiene por función negar la falta ineliminablemente humana.

El film Wakolda, el médico alemán, dirigido por Lucía Puenzo en 2013, autora del mismo libro, nos presenta luego del comienzo, el encuentro de un médico alemán con una niña de 12 años, ocurrido en la ruta del desierto de la Patagonia en 1960. Ocasión en que la familia de la niña estaba dirigiéndose a una localidad próxima a Bariloche, para ocuparse de una hostería.

De inmediato se produjo una fascinación entre el médico Helmut Gregor (Alex Brendemühl) y la niña. Hubo, por un lado, instantáneamente el encantamiento del médico por la niña y, por otro lado, en aquel mismo momento la niña también se fascinó con el encantamiento producido en él, de tal modo que posteriormente ella así se refirió a éste encuentro: “La primera vez que él me vio pensó que yo era una especie perfecta”.

Tal deslumbramiento del Dr. Helmut Gregor es registrado en su cuaderno de notas científicas a través de un dicho poético impregnado del impacto del enigma:

— “Misteriosa armonía en la imperfección de sus medidas”

Dicho que admite el misterio de lo femenino, como habitualmente es referido por los hombres, especialmente cuando este enigma es formulado en relación a la imagen del cuerpo de una mujer. Cuerpo que es tomado por ellos como imperfecto, ya que no se corresponde en espejo con el cuerpo del hombre. Por lo tanto, este cuerpo extraño, distinto, y por lo tanto enigmático, es formulado a través de este dicho embriagado de perplejidad como “tan misteriosamente bello en la armonía de la imperfección”.

Más allá de situar el encantamiento por lo femenino luego del comienzo del film, la autora y directora de esta obra escogió dos nombres de mujer que no son cualesquiera. La niña de doce años se llama Lilith (Florencia Bado), así como su madre se llama Eva (Natalia Oreiro). Dos mujeres referidas en la cultura judaica como las primeras mujeres que existieron en el mundo.

Conforme a la cultura judaica, Lilith habría sido una mujer creada por Dios antes de Eva, simultáneamente con la creación de Adán, e inclusive de la misma forma en la que él fue creado, a partir del barro. Lo que quiere decir que Lilith fue la primera esposa de Adán, antecesora de Eva. Según tal cultura, la mujer creada del barro juntamente con Adán se mostró indomable, maléfica y por haberse negado a permanecer en presencia de Adán fue expulsada del Paraíso. Algunas veces ella es considerada como la serpiente que habría seducido a Eva. En otros momentos, Lilith es referida como una seductora que castraba a los hombres que seducía, así como también es considerada como un bicho esencialmente maléfico.

Lilith es, por lo tanto, el nombre en la cultura judaica para designar lo femenino, sobre lo cual Adán no puede ejercer su control, y ciertamente por esa razón es referida como maléfica y destructora. Así es como habitualmente el goce femenino es concebido por los hombres, ya que este modo de goce está por fuera de las reglas y de las prescripciones de la significación fálica.

El personaje del film, Lilith, también sufría constantemente del bullying de sus compañeros de escuela, exactamente por no corresponder a la prescripción de la normalidad, y especialmente porque su estatura era mucho más baja respecto a la media estadística para su edad. Es decir, Lilith está fuera de los patrones exigidos por la normalidad fálica, norma universal, y por esa razón, el Dr. Helmut Gregor le propone un tratamiento experimental que produciría una aceleración del crecimiento que resultaría en su inclusión en una supuesta normalidad universal.

¡Ocurre entonces en la película una extraordinaria transformación regida por la normalidad fálica…!

La fascinación del médico con una “misteriosa armonía en la imperfección de sus medidas” conducía al espectador a esperar asistir en el film a una respuesta perversa sexual masculina, que tan frecuentemente ocurre en los hombres cuando se confrontan al enigma del Otro sexo. Tal respuesta perversa es referida por Lacan en varios momentos de su obra, como podemos ver formulado mediante el matema en su tabla de la sexuación del Seminario 20 (Lacan, 1972-1973[1981]), donde la posición masculina sólo aborda lo femenino a través del objeto a fantasmático, de acuerdo a los sueños de perversión de cada uno. Así como Lacan (1966-1967) también ya había formulado claramente en el Seminario 14, al decirnos que “sustentar la pregunta sobre el goce femenino” abre “la puerta para todos los actos perversos”. Lo que Lacan (1973 [2012]) reafirma en Televisión, formulando “si el hombre quiere a la mujer, sólo la alcanza cayendo en el campo de la perversión”. Formulaciones de Lacan que indican claramente que la posición masculina, regida por el goce fálico, sólo encuentra la respuesta perversa ante el enigma del Otro sexo.

Sin embargo, lejos de ocurrir una captura de Lilith en el escenario de la pedofilia, ocurrió una muy otra respuesta perversa masculina: el uso y el abuso del cuerpo de la niña en un experimento médico que producía fiebre y malestares constantes en Lilith.

Transformación regida por una idea narcisista de perfección, ya que tanto el médico como la niña se embarcan en este emprendimiento torturante en busca de la altura ideal del cuerpo.

Tanto Lilith como Eva, su madre, están encantadas con la propuesta del médico, y adhieren al tratamiento a escondidas, ya que el padre de Lilith mantenía una desconfianza vigilante con relación al médico, aun cuando éste le había ofrecido algunas mejoras a la familia. Las dos mujeres también soñaban con hacer justicia a las normalidades fálicas de perversión que tanto encantan a los hombres, así como ocurre habitualmente con muchas, muchas mujeres, aun cuando ellas siempre sepan de la ridiculez de ese sueño de perfección. Sin embargo, igualmente, Lilith y Eva depositarán su creencia en él, creencia en las certezas de él, creencia en el saber de él, aún a costa de la salud del cuerpo, de la autonomía y la singularidad.

Los trastornos corporales experimentados por Lilith sólo encontrarán un punto de basta cuando una contingencia interrumpe el experimento con la fuga del médico de la localidad, ya que él estaba en vías de ser capturado como el famoso médico nazi Menguele, el “Ángel de la muerte”, conocido como el asesino y torturador de millares de personas en nombre de la ciencia nazi, la cual, conforme a la historia, vivió prófugo en el sur de la Argentina y en otros países de América del Sur.

Traducción: José Vidal

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Lacan, J. (1966-1967) “La Lógica del Fantasma” Inédito.

  • Lacan, J. (1972-1973 [1981]) “Aun” en El seminario de Jacques Lacan. Libro 20. Buenos Aires: Paidós.

  • Lacan, J. (1973 [2012]) “Televisión” en Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós.