GREGORET – ¡Ahí va el corazón! 2018-03-11T13:29:59+00:00

¡AHÍ VA EL CORAZÓN!

BEATRIZ GREGORET
Adherente del CIEC – Miembro de la EOL y AMP.

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Es la primera frase que Lilith (Florencia Bado), pequeña histérica en su despertar puberal, le dirige al hombre extranjero que se le acerca poniéndole encima su ávido ojo de investigador y manipulador. Luego el film nos hará saber que se trataba del siniestro médico nazi: Josef Mengele.

Ella misma nos relata que a este temible científico, de esa negra ingeniería que aspiraba a “mejorar la raza”, lo capturó su “misteriosa armonía en la imperfección de sus medidas”. Lilith le responde en ese primer encuentro: “ya me acostumbré a ser más grande de lo que la gente cree”. Descubrimos allí la enunciación de esta chiquilina, que desde esta posición subjetiva singular, objetará el empuje infernal que pretende el control homogeneizante de los cuerpos.

Lacan nos advertía que es la histérica, con su discurso, quien objeta al Amo. En este caso, un Amo infatuado cual canalla, certero creyente de ser el Otro del Otro.

Tomo el detalle que la cineasta Lucía Puenzo ubica en la cavidad del pecho donde va el corazón de la muñeca que Lilith ha elegido entre las que crea su padre, quien le dice “no todas son iguales” y agrega “eso nos hace únicos”. Ella elige a una de entre todas: Wakolda – porque es “la más rara de todas, igual que yo”. Podríamos inferir que Lilith, en el transcurso de esta historia, desoye a su padre, más aún alentada por la agitación que comienza a animarla a salir de su infancia con el “despertar de los sueños” (Lacan, 1974 [2012] p. 587) – signo clave que Lacan da para pensar esta “delicada transición” (Freud, 1905 [1992]) – y que en el film está insinuado por bellísimas imágenes. Así como también, se insinúa su gusto por la transgresión con su mirada curiosa y seductora, que potencia las situaciones riesgosas en las que va involucrándose. Ella explica “mi mamá dice que alcanza con que algo esté prohibido para que yo lo haga”. Pero en su posición va por más: “Hay cosas que haría igual aunque no estén prohibidas”, frase con que desafía al médico alemán.

Ese detalle de la cavidad donde va el corazón me evocaba el cofrecito de Dora, histérica que, hablándole a Freud, despierta su deseo de sediento investigador. Precisemos: en abismal distancia de la ciencia que con su política de control borra las diferencias de los sujetos. Porque la posición ética del creador del Psicoanálisis fue desde el mismísimo comienzo la de orientarse por el deseo singular. Así se dejó enseñar por Dora y su cofrecito, al que asociaba con el misterio de lo femenino. Enigma que Freud, valientemente dejó abierto con su pregunta ¿qué quiere una mujer?

El rechazo que provoca el misterio femenino, las diferencias, la presencia del Otro, del Otro sexo, puede llevar a lo peor, como nos enseña Lacan. Creo que esto es lo que pone en juego la directora de Wakolda, trayendo esta historia con las consecuencias que, sabemos, tuvo en la humanidad y en este caso, recortando las consecuencias para esta familia.

Se me ocurría que esta jovencita produce un oportuno giro en su posición, que aparece luego del alboroto de su corazón: aparecida su menarca, al besarse jugueteando con un compañerito y al ser descubierta por el médico en esta situación. A partir de allí, su cuerpo comienza a rechazar, con fiebre y alergia, el “tratamiento de crecimiento”.

Entiendo también, que este movimiento subjetivo lo produce, valiéndose de la intervención, firme e indignada, de oposición de su padre.

Así, es ella, sobre el final del film, quien le responde al perverso y siniestro personaje, cuando éste la reta: “vos harías cualquier cosa que te pida”. Ella le dice, esta vez con firmeza, aún a su corta edad, pero habiendo virado su posición subjetiva: “¡no!”

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Lacan, J. (1974 [2012]) “Prefacio al Despertar de la primavera” en Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós.

  • Freud, S. (1905. [1992]) “Tres ensayos para una teoría sexual: Metamorfosis de la pubertad” en Sigmund Freud. Obras completas. Volumen 13. Buenos Aires: Amorrortu Editores.