ELÍAS – El Empuje a la muñequización del cuerpo 2018-03-11T12:41:45+00:00

EL EMPUJE A LA MUÑEQUIZACIÓN DEL CUERPO

JOSEFINA ELÍAS

 Adherente del CIEC.

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Si hay algo incuestionable, es el gusto de la directora por la genética tal como podemos ver desde XXY (Puenzo, 2007) con la adolescente intersexual, y ahora en su tercer largometraje, basado en su novela homónima Wakolda (Puenzo, 2013) con la niña que presenta un problema hormonal de crecimiento. Podría situar por un lado, como punto en común entre estas dos películas, la referencia ineludible al saber científico y su impacto en la subjetividad. La particularidad de esta última es que, quien representa un semblante de pureza y perfección, recrea la figura del tristemente célebre Josef Mengele, médico del proyecto nazi.

Por otro lado vemos que la oscura relación de la Argentina con el nazismo aparece resguardada bajo una especie de pacto de silencio. El discurso de la ciencia, con su modelo de sujeto universalizado, sostiene la creencia en la relación sexual como posible, porque parece explicarla científicamente, pero desconociendo la noción de inconsciente. J.-A. Miller (2010) propone la validez del término sexismo, que se construye sobre racismo, entendiendo que hombre y mujer comprenden dos razas diferentes —tal es la posición de Lacan— no como hechos biológicos, sino respecto de la relación del inconsciente con el goce. En este nivel se trata de dos modos de goce. Sin embargo la referencia al saber científico planteada en el guion de la película, excede los límites de tal discurso, y localiza el anudamiento entre la política y su relación al cientificismo, aquel basado en la evidencia, en la cuantificación, que busca reducir la experiencia humana a la cifra. “La esencia de su ideología consistía en aspirar a la perfección biológica y destruir todo aquello que podía alejarlo de ella”, dice Lucía Puenzo sobre su película y refiriéndose a Mengele.

Un extraño familiar

En la hostería de la familia, se aloja este extranjero que ingresa a la trama familiar desde el seno más íntimo de la misma, su lengua materna. Haciendo uso de su artificio de seducción, comienza a ganar terreno con la connivencia de la madre, y bajo el signo de la sospecha del padre, pero principalmente con el consentimiento de Lilith (Florencia Bado). Poco a poco se irá develando su identidad y el verdadero objetivo de su estadía allí. El “Ángel de la muerte” de Auschwitz, este sintagma que funciona más bien como un oxímoron, por reunir dos elementos que aluden a dos ideas contrapuestas como ángel y muerte, nos remite al aciago local “Ángel rubio de la muerte”, ex capitán de fragata de la Armada Argentina durante la dictadura cívico militar. Ambos personajes comparten su carácter de infiltrado, enarbolando y respondiendo a un plan sistemático y tanático preeminente, cuyas consecuencias remiten a diversas dimensiones pero de igual tenor.

El extranjero que Puenzo nos presenta, trae en pinceladas a la literatura con Camus (1979), en el plano de la gélida insensibilidad frente a la vida, una indiferencia despiadada solo comparable a la del canalla, entendida como Lacan lo define en El Reverso del Psicoanálisis (1969-1970 [1992]). Allí dice que toda canallada se basa en querer ser el Otro del Otro de alguien para manipular sus deseos. En consecuencia, el canalla proclama la verdad desde el lugar del Otro para operar sobre los deseos de los otros. Sin embargo, no podemos prescindir de la noción de extranjero en tanto cualidad intrínseca del ser hablante, en tanto hablamos la lengua del Otro hay un extranjero que habita a cada quien, a la vez que mantiene relación con la extimidad. De hecho es por esta vía que el Psicoanálisis explica el fenómeno del racismo, como el odio al propio goce, porque el Otro es Otro dentro de mí mismo, tal como enseña J.-A. Miller (2010) en Extimidad.

La trama del colegio alemán situada en la postguerra, el acento imponente del idioma, los niños haciendo el saludo nazi, son algunas de las secuencias impactantes. La narración, tal como expresa la directora en una entrevista, parte de la idea que el mundo está siendo diseccionado por este fanático al que ve como un laboratorio, y su contracara —que es en realidad lo que me interesa destacar— lo que aparece como efecto de fascinación. Este se produce en diferentes aristas y direcciones. Se puede captar, partiendo desde la directora —tal como fuera mencionado en el inicio— y su insistencia en extraer consecuencias de los desórdenes genéticos; entre la joven protagonista y el médico, pero también se reproduce entre la madre y el médico. Es impactante cómo los lazos tejen la trama con el hilo del brillo fálico que este sujeto irradia, sostenido como agente del discurso médico; y cómo estas dos mujeres, quedan tomadas por tal iridiscencia. Quizás sea lícito preguntarse de qué estofa está hecha esta fascinación, cuando pareciera que es como consecuencia de cierta perplejidad que empuja a la directora a escribir el guion. A partir del agujero en el saber, parece ponerse en juego allí el nudo entre lo extranjero, la fascinación y la perplejidad. Lacan (1964 [1987]), en Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis, refiriéndose al nazismo dice que “… son muy pocos los sujetos que pueden no sucumbir, en una captura monstruosa, ante la ofrenda de un objeto de sacrificio a los dioses oscuros” (…) “hay pocos que no sucumban a la fascinación del sacrificio en sí- el sacrificio significa que, en el objeto de nuestros deseos, intentamos encontrar el testimonio de la presencia del deseo de ese Otro que llamo aquí el Dios oscuro” (p. 282-283)

La fábrica de muñecas

Bordeando el tramo final, la secuencia donde puede verse a las empleadas manipulando en serie esos objetos de plástico fundido, es indefectible la resonancia que invoca a lo lejos, los cuerpos desnudos arrumbados como fardos en los campos de concentración. Si bien el experimento con la vida humana no es invento del nazismo, no se puede desconocer el impacto que produjo como marca en la civilización en tanto orden de lesa humanidad, iniciando un régimen de escritura basado en reformas fundamentales en el campo jurídico, en la política, la ciencia, la ética y los Derechos Humanos.

La manipulación de estos objetos, piezas sueltas ensambladas entre sí, ojos claros más sofisticados, la tersura de la “piel”, extremidades articuladas, y cabello humano, se traducen en el intento de humanización del cuerpo como búsqueda de perfección, cuya contracara es el tratamiento que el relato hace del cuerpo de la jovencita. Un cuerpo muñequizado reducido al organismo biológico, al que se alimenta con hormonas para estimular el crecimiento y así alcanzar la estatura “normal”. Desde que hay una medida standard que alcanzar, de acuerdo al desarrollo cronológico, la ecuación se resume así: una cifra por otra cifra. Es sabido que ciertos sujetos interrogan una relación particular con la imagen del cuerpo, hay casos extremos, como el ejemplo de Mishima, y su relación enloquecida en el uso de esteroides como un modo de hacerse un cuerpo de atleta, fotografiándose al paroxismo hasta producir un pasaje al acto suicida. No obstante, desde el Psicoanálisis sabemos que poder relacionarse con el propio cuerpo, es algo que solo es posible desde que se puede conjugar el verbo tener.

Por último, rastreando el significante Wakolda, como la niña nomina a su objeto, encontramos que es una voz de origen mapuche. La noción de adentro-afuera, interno-externo, articula en el plano nacional este “hiato en el seno de la identidad”. ¿Es acaso este recurso a una lengua originaria otro guiño de extimidad?

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Camus, A. (1979) El Extranjero. Madrid: Alianza Editorial.

  • Lacan, J. (1969-1970 [1992]) “El Reverso del Psicoanálisis” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro 17. Buenos Aires: Paidós.

  • Lacan, J. (1964 [1987]) “Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro11. Buenos Aires: Paidós.

  • Laurent, E. (2016) El Reverso de la Biopolítica. Buenos Aires: Gramma Ediciones.

  • Miller, J.-A. (2010) Buenos Aires: Paidós.