DI FRANCISCO – Trainspotting 2: Una pena genuina 2018-03-03T15:33:42+00:00

TRAINSPOTTING 2: UNA PENA GENUINA

MELINA DIFRANCISCO
Miembro adherente del Departamento TyA Córdoba del CIEC.

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“¿Cómo describir mi llanto…, mi odio…,

la desesperación de haber perdido el paraíso?”

Roberto Arlt.

Con este título tan Freudiano, me propongo escribir sobre una película tan contemporánea como Trainspotting 2 (Boyle, 2017). Estrenada el año pasado, Danny Boyle respetó el mismo equipo que en la primera y se basó en una novela de Irvine Welsh (2002) Porno y con el guión adaptado por John Hodge.

Antecedentes

Su afiche de difusión vuelve a ser los 4 personajes y sus nombres propios presididos de un hashtag. Si bien la publicidad no es el film, intentar apresar el real en juego de una producción artística, no es sin su contexto de producción.

En esta línea ubico también una entrevista a su director donde dice que la película habla de “un dolor genuino” como su interpretación, aunque también sabemos como nos advertía Freud sobre “el genio indescifrable del artista” al que Lacan propone no interpretar. Por último me sorprendí con comentarios que hablaban del mismo efecto en los espectadores: la nostalgia.

Un film con nombres propios

“Pasaron 20 años” del estreno de Trainspotting 1 (Boyle, 1996), y también en la vida de los personajes; esta es una afirmación que no deja de escucharse durante los 113 minutos. Y ciertamente es una película con una particular temporalidad topológica. Las cosas cambiaron para ellos, pero ellos no. Ninguno de los 4 personajes singulares cambió en su relación al goce, haciendo un film al ritmo atemporal de la repetición.

Por momentos parecen detenidos en el pasado a pesar de sus esfuerzos, en la traición y las promesas desvastadas. No trata sobre el consumo en su versión cínica de denuncia antisistema, no veremos groseramente a las sustancias ni al surrealismo de sus efectos. Muy por el contrario, T2 muestra la dificultad de los personajes para darle un sentido a sus vidas más allá del consumo.

Renton (McGregor) sufre un infarto mientras corre en la cinta. Su nueva vida, la nueva adicción y su sobredosis construyen la escena que nos da la bienvenida, marcando así el fracaso en su plan de sobrevivir-se.

Spud (Bremner) es un personaje tan frágil como desdichado. Las contingencias de un olvido, desploman una vez más su intento de normalidad y el sentido de todo intento. Solo resta el último de los intentos, el de suicidio. Pero contingentemente tampoco lo logra.

Sick boy —Simon— (Miller) se presenta como “tu chantajista y tu solución”. Una afirmación que nos evoca al vocablo pharmakón de uso clásico en el TyA para definir la droga como remedio y veneno. Así, él parece ser su propia droga en este juego del chantaje que ya no resulta.

Begbie —Franco— (Carlyle), en la cárcel, decide tomar el escape con sus propias manos para vengarse. Pero en el camino será también su fragilidad lo que veremos aparecer.

Feedbakcs continuos a lo largo del film a la niñez compartida, a la juventud compartida. Mientras el film en tiempo presente desarrolla —ya sin los velos del humor o del cinismo— una muerte compartida: la del sentido de sus vidas.

Padres 0

La paternidad atraviesa los 4 personajes mostrando en cada uno su propia y singular caída frente a la interpelación de esa función. Voy a recortar una escena donde entra en relación con la función del tóxico. Van a homenajear a su amigo fallecido, y recuerdan la muerte del bebé de Simon —Sick boy—. La angustia aparece; otra vez es tan difícil de soportar como hace 20 años al lado de la cuna y lo que sigue es la heroína. La función del tóxico se recorta en la escena como respuesta inmediata a la culpa y al rechazo de responsabilización. Luego, en el boliche, todos cantan como un mantra milagroso Radio Gaga de Queen “You had your time, you had de power, you’ve yet to have, your finest hour” (Tu tuviste tu tiempo, tu tuviste el poder, pero todavía esta por llegar tu mejor momento).

Una pena

La pena remite a su 1º definición de Freud sobre el efecto de las sustancias como “quitapena” y a su eficacia sobre el cuerpo

Bien se sabe que con ayuda de los quitapenas es posible sustraerse en cualquier momento de la presión de la realidad y refugiarse en un mundo propio que ofrece mejores condiciones de sensación. Es notorio que esa propiedad de los medios embriagadores determinan su carácter peligroso y dañino (Freud, 1929 [2007] p.75).

En las Jornadas Nacionales del TyA (2016) Las manías del consumo,  trabajamos las fiestas electrónicas a través de una obra teatral cordobesa de Belén Pistone llamada Relatos Rave. Allí, el DJ desarrolla el relato de un caso de sobredosis seguida de muerte y sus repercusiones sociales. El monólogo finaliza diciendo “nadie se preguntó por qué estaba triste”.

En T2 vuelvo a encontrar la tristeza en su relación al consumo, y en éste caso pareciera ser por la pérdida del sentido de la vida. Una tristeza que pone en primer plano la relación irrefutable con la muerte. Esta vez el monólogo de Renton ya no tiene ese tinte cínico de su antecesor “Yo elegí no elegir la vida, elegí otra cosa, la heroína”. Sabemos con Miller sobre la relación del toxicómano con el “goce cínico” (Miller, 1989, p. 136), goce que se extrae de la postura ética del amo cínico al recusar los semblantes ofertados por el Otro. Pero ahora, sin toxicomanía no hay cinismo, y en su lugar parece advenir una gran tristeza. La reedición del monólogo de Renton nos lleva directamente a la definición de la tristeza para Lacan en Televisión: no es un estado de ánimo sino una falta moral, un pecado, una cobardía moral, que se sitúa a partir del pensamiento como rechazo del inconsciente (Lacan, 1973).

— “…ahoga el dolor con una dosis desconocida de una droga desconocida hecha en una cocina. Escoge promesas no cumplidas y arrepentirte de todo. Escoge nunca aprender de tus errores. Escoge ver la historia repetirse. Escoge resignarte lentamente a lo que puedes obtener en vez de aquello con lo que soñabas. Confórmate con menos y con buena cara. Escoge la desilusión y escoge perder a seres queridos y al ir desapareciendo un pedazo de ti muere con ellos. Hasta que ves que en el futuro pedazo por pedazo todos desaparecerán. Y no quedará nada de tí que no puedas llamar vivo o muerto. Escoge tu futuro Veronika. Escoge la vida”.

La cobardía moral como causa de la tristeza es, entonces, una pena genuina. Y el cinismo del Renton heroinómano pareciera mostrar su cara defensiva.

Por último y en relación a esta cobardía moral de no elegir la vida, es necesario dejar planteada la pregunta, en vías al próximo congreso de la AMP Las psicosis ordinarias y las otras bajo transferencia y al Coloquio Internacional del TyA Enganches y desenganches en las toxicomanías y adicciones, la pregunta por la relación entre toxicomanía y psicosis ordinarias en el “desorden provocado en la juntura más íntima del sentimiento de vida de un sujeto” (Lacan, 1958, p. 519). Siguiendo el texto de Jesús Santiago (2017) de la última Pharmakón digital, él propone que en el caso del toxicómano la droga puede revelar la solución a ese desorden. Evoca esa falta en el sentimiento de vida, evidenciada en el horizonte mortífero y autístico del síntoma toxicómano cuyo modo de goce muestra la exclusión del Otro. Si el toxicómano goza sólo del partenaire-droga, el uso metódico de la droga singulariza que su cuerpo se instituye para él como un Otro. De alguna manera volvemos aquí al punto del cinismo, pero nos queda aún mucho por investigar.

Finalmente también creo que Trainspottig 2 podría ser un muy buen tango, seguramente sería Volver, porque esta vez no quita la pena y al contrario se ocupa de ella. Tratamiento vía la ficción que no será sin efectos para estos queridos personajes.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS