DESTEFANIS – Cantar a una silla vacía 2018-01-31T16:31:02+00:00

CANTAR A UNA SILLA VACÍA

EUGENIA DESTEFANIS
Psicóloga en Córdoba.

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Con Marguerite (2015), el director del film Xavier Gianoli, nos adentra en la vida de una mujer aristocrática de los años 20 en Francia, quien a pesar de cantar terriblemente mal, dice ser cantante de ópera. Marguerite Dumont (Catherine Frot) se muestra siempre espléndida, vestida con los mejores diseños de la época, invirtiendo su riqueza en comprar y coleccionar piezas artísticas, colaborando en espacios teatrales y musicales, dando conciertos íntimos en su casa. En ocasiones la vemos utilizar diferentes atuendos y actuar con ellos frente a la cámara fotográfica de su mayordomo, para luego exponerlas en su casa o para recrear e inventar noticias en el periódico con ellas.

En diferentes momentos del film, Marguerite nos dice:

…he dedicado mi vida a la música (…) practico yo sola, voy a la ópera, escucho música. Canto al menos 4 o 5 horas al día…me tomó mucho tiempo encontrar mi voz….

Hay algo del encuentro con Marguerite que nos hace pensar en la locura y sus arreglos singulares. Miller (2008) en Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria postula: “todo el mundo está loco…todo el mundo delira a su modo” (p.24). En consonancia, en Sutilezas Analíticas (2014) afirma:

Si abandonamos la tipología, si pasamos a la singularidad, vemos en ese nivel que todo el mundo está loco, lo que significa además que lo real miente a todo el mundo, que la verdad es mentirosa para todo el mundo. (Miller, 2014, p.76).

Con esto no nos quiere decir que todo el mundo sea psicótico, ni que no haya que distinguir entre neurosis y psicosis, sino que nos advierte que el mundo fantasmático de cada quien, el hecho de producir y dar sentido es en sí delirante. Marguerite nos enseña como vía, una invención singular, ella se las arregla y encuentra un sentido para su vida. Como le dice en una conversación a su marido:

no entiendes lo que hago o lo que soy. La música es todo lo que me importa. Música es todo lo que me dejaste. Pero estoy dispuesta a cantarle a tu silla vacía otra vez. O me volveré loca ¿entiendes? ¡Loca!.

Hay un saber de ella aquí, sin la música se volvería loca. En el tema del próximo congreso de la AMP Las psicosis ordinarias y las otras bajo transferencia, se postula frente a la noción de forclusión generalizada que “si a cada uno su forclusión, a cada uno su solución; o mejor dicho su tratamiento, porque solución no la hay. Lo que hay es la clínica del sinthome generalizado” (Aromi – Esqué, 2017, p.2). Se trata de un amplio abanico de modalidades de reparación, de posibles arreglos, invenciones singulares para vérselas con el agujero forclusivo.

Respecto al modo de arreglárselas para Marguerite, el director nos hace ir un poco más allá de la música. Con la frase “cantarle a la silla vacía”, así como también a lo largo de todo el film —ya en la primera escena vemos su casa preparada para un concierto privado y en el jardín a modo decorativo un ojo enorme que rueda— nos muestra el lugar que la mirada tiene para esta mujer. El estilo de vida que lleva, rodeada de la elite cultural del momento, con los mejores diseños, la presencia constante de la cámara fotográfica, muestran que pareciera que la cosa pasa por hacerse ver desde la estelaridad, el glamour, el lujo. Esta mujer monta escenas y necesita de un espectador. Pero no se trata de cualquier espectador, sino de un espectador cómplice, íntimo, familiar, que sostiene y fomenta la vida que ella se armó. Su marido y su mayordomo son los principales cómplices. Uno la mira desde una cámara fotográfica. El otro, su marido, es una silla vacía, mirada ausente que siempre se las arregla para no llegar a verla cantar. Es él quien no soporta el ridículo, ella parece no detenerse en preguntarse o registrar qué genera en los otros su cantar, qué le devuelve la mirada del otro. Así, esta invención singular funciona con un espectador cómplice.

Hasta aquí todo parece ir bien, pero hay un encuentro que cambia el rumbo. Dos jóvenes periodistas, transgresores, la empujan a cantar frente a un público verdadero. Lo que hasta entonces funcionaba haciendo un borde, dando un sostén, comienza a tambalear. La vemos dando su primer concierto abierto frente a un amplio y desconocido público. Ante la reacción de risa y murmullo de la gente, y el encuentro con la mirada de su marido que esta vez sí la ve cantar, Marguerite comienza a forzar de tal modo la voz para encontrar la nota, que luego de lograrlo se lastima las cuerdas vocales y termina desmoronada en el piso. Deben internarla. Cuando despierta, comienza a relatar delirios de lo que fue su vida como cantante, hablando de lo talentosa y reconocida que fue su carrera. Ante esto, el médico decide grabarla mientras canta y luego hacerle escuchar dicha grabación para así “ayudarla a volver a la realidad”.

El último encuentro que tenemos con Maguerite: ella en la clínica, frente a su público más íntimo, esplendida, con un ramo de flores y un abanico, montando nuevamente la escena, dispuesta a ser fotografiada por el mayordomo. Dice sonriente: “estamos por escuchar una grabación de mi voz”. Comienza a sonar la música a partir de un altoparlante, el tiempo parece detenerse, vemos cómo ella se va desfigurando, perplejidad y desconcierto es lo que nos muestra hasta que su cuerpo cae rendido. La escena ya no era la misma, esta vez ella quedó siendo espectadora; insoportable encuentro con un signo de lo real que aparece, resuena, hace eco y la empuja al vacío.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Aromi, A; Esqué, X. (2017) Presentación del tema. “Las psicosis ordinarias y las otras, bajo transferencia”. Disponible en: https://congresoamp2018.com/

  • Miller, J. A. (2008) “Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria”. En Caldero de la Escuela Nº 14. Año 2010. Buenos Aires: Grama ediciones.

  • Miller, J. (2014) Sutilezas Analíticas. Buenos Aires: Paidós