BONANSEA – Madame Marguerite: entre brillo y ausencia 2018-01-31T15:33:54+00:00

MADAME MARGUERITE: ENTRE BRILLO Y AUSENCIA¹

NATALIA BONANSEA
Psicóloga en Córdoba.

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TÍTULO 1

Madame Marguerite (2015) es un film dirigido por Xavier Giannoli y protagonizado de manera excepcional por Catherine Frot. La historia se inspira en Florence Foster Jenkins, una excéntrica soprano estadounidense, famosa alrededor de 1890 por su falta de habilidad musical. El director dice sobre el canto de Florence: “mi primera reacción fue de alegría, me eché a reír y luego algo me golpeó, me intrigó” (Giannoli, 2015). Esa reacción se transmite a través de la película, invitándonos a pensar con y desde el cine algunas encrucijadas de la clínica del sujeto y la civilización en la actualidad.

Recortes

La historia transcurre en 1920, en una Francia de entreguerras interrogada por “la Libertad”. Marguerite realiza conciertos de gran despliegue pero circunscriptos a los miembros de un club privado, al que pertenecen con su marido —y que ella financia—. Cuatro particularidades marcan su aparición en escena: 1) Marguerite se prepara con trajes voluptuosos y excéntricos; 2) demora en salir, esperando —y espiando— que llegue su marido; 3) cuando sale —marido aún demorado— canta mal, “desentona”; 4) todos le siguen el juego.

Con el estímulo de un periodista y un poeta surrealista, organiza un gran concierto público —aún frente al desaliento de su marido—. El día del show, Marguerite comienza cantando mal, pero al notar que su marido finalmente la mira, logra entonar. Sin embargo, de inmediato se desploma en el piso, algo se corta dentro y sangra. Una vez internada, por la recomendación médica de “reconectarla con la realidad”, a través de la grabación de un fonógrafo, Marguerite escucha su propio canto, y automáticamente vuelve a caer. El film nos muestra al final una fotografía tomada por el mayordomo, donde está Marguerite desplomada en los brazos de su marido, mirándola.

Clínica de las Tonalidades

Durante toda la película, Marguerite nos “desconcierta”, nunca podemos estar seguros si sabe o no sabe sobre lo que no funciona para el otro —quizás para ella sí— en sus escenas. ¿Este desconcierto tendrá que ver con una cuestión de estructura? Más allá de la distancia entre un personaje de ficción y un caso de la clínica; intentaremos realizar un contrapunto entre la película y el tema del próximo Congreso de la AMP sobre Las Psicosis Ordinarias y las otras, bajo transferencia.

Sin embargo, Marguerite advierte: -“la música es lo más importante, lo único que me dejaste (…) es eso, o me vuelvo loca”. Asimismo, reconoce que -“la música no tiene sentido sin un público real”; pero cuando lo tiene no sabe qué hacer. Sólo sostiene su posición de “soprano coloratura” en los trajes y ante un público cómplice. Entonces, esta posición cantante/estrella nos remite a identificaciones más imaginarias; aún más, a “identificaciones construidas como un popurrí” (Miller, 2008), muy bien interpretado en la pintura collage que le hace el poeta. Finalmente, si Marguerite se hubiera sostenido en su cantar bien ante el logro de la mirada del marido, pensaríamos en un síntoma conversivo. Pero al desvanecerse, ese cantar —ya sea bien o mal—, deja de ser una condición fisiológica o un talento, para adoptar la función de sostener, aunque precariamente, el cuerpo a algún significante que lo amarre. Por eso, nos orientamos a pensar que Marguerite con sus escenas intenta “hacerse un cuerpo”, frente a ese Otro que le niega la mirada, o la mira para burlarse o avergonzarse —Otro del goce y no del deseo—.
El personaje de Marguerite se arma en torno a su “cantar mal”; pero no es la voz lo que orienta sino más bien la mirada. Durante toda la película abundan referencias al respecto: un ojo-instalación en el patio de la casa, una “pintura” que el poeta surrealista le regala a Marguerite2, trajes y destellos de luz permanentes, etc. Por eso, su arreglo singular podría estar más del lado de la estrella —brillar ante el marido que brilla por su ausencia—. Ella dice, “no hay nada mejor que los aplausos, excepto la mirada del hombre que amas”. Y agrega —con resonancia a la histeria—, que su vida transcurre “fingiendo que no finge”, para “ser deseable para su marido”, como “una pava que seduce al pavo real picoteando con su pico el ojo”.

En la última enseñanza, Lacan propone un paradigma donde la polaridad psicosis/neurosis se mantiene pero en cierta continuidad, reconociendo que “todo el mundo delira a su modo”, y que lo que orienta la cura tendrá más que ver con los modos de anudamiento de Real – Simbólico – Imaginario. En esa dirección, Miller explica que hay casos que parecen neurosis, “pero puede haber ahí una intensidad de la identificación (…) que indica otra dirección. Es una clínica de la tonalidad” (Miller, 2008); una cuestión de grados. De allí que las afirmaciones y “caídas” de Marguerite, nos permiten pensar a veces en un síntoma histérico, y otras en signos sutiles de la psicosis; sobre todo cuando dan cuenta de una posición fija, un S1 sólo, que ordena pero sin flexibilidad, sin abarcar otras posibilidades y/o modalidades.

La lo-cura de cada uno

Si en Psicoanálisis consideramos a la verdad en su estructura de ficción y como hermana de goce; ¿qué hay de real en ese engaño de Marguerite? Por un lado, la importancia de la invención singular que cada sujeto ha podido hacer, y que si tambalea toca la juntura más íntima del sentimiento de vida (Miller, 2008). Sostener su posición le da a Marguerite un “propósito”, organiza su rutina y sus lazos; y con ella, a todos los que la rodean. Por otro, que nos muestra cómo un delirio puede manejar a todos, pero también cómo el psicótico necesita de muchos otros para sostenerlo.

Finalmente, que enseña sobre un (no) saber-hacer con esa locura. Ni el empuje del periodista y el poeta, no frenado por otros personajes, a exponer a Marguerite a un encuentro brutal con su voz; un hacer consistir su delirio sin cálculo. Ni el saber médico, que insiste en “la realidad” como algo unívoco e indispensable para garantizar la salud mental. Sino, aún, el Psicoanálisis, con otra ética y posición: dejarse orientar por, y alojar, la invención singular de un sujeto, pero moviéndose “en el borde entre” sujeto/objeto, goce/otro, verdad/ficción, realidad/delirio.

1 Este trabajo es fruto de las conversaciones realizadas en el grupo de investigacion: Todo el mundo es loco, del Programa de Cine, Psicoanálisis y otras miradas perteneciente al CIEC, que integro junto con David González, Milagros Rodríguez, Verónica Ocampo, Facundo Poleri, Gonzalo Zabala, Beatriz Gregoret y José Vidal.

2 Un collage que incluye su propia cara, alas, una pluma de pavo real (forma de ojo), M (una M sola es su firma), y una clave de sol en un pentagrama que se va transformando en un ojo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS