HOMELAND Y LA EUFORIA MANÍACA

JOSÉ VIDAL
Psicoanalista en Córdoba, Argentina

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Lo que nos atrae enseguida en Homeland (Showtime: 2011- ) es el tema, por lo demás muy pregnante en los últimos años, de la producción de una subjetividad inédita surgida de la etapa más tardía del capitalismo. Concretamente, cómo un hombre norteamericano puede convertirse, no solo al islam, sino también en un terrorista yihadista.

Esto resuena fuertemente con el hecho de que los últimos atentados de ISIS en Europa fueron perpetrados por ciudadanos europeos. Particularmente en Francia esto ha conmocionado a la sociedad que se interroga ahora por la vigencia de sus valores culturales y sus tradiciones. Recientemente en Argentina el Secretario de Seguridad de la Nación, declaró que tres jóvenes argentinos habían vuelto al país luego de ser entrenados por ISIS en Siria a fin de entrar en acción terrorista y eso, aunque luego fue terminantemente desmentido, nos pareció posible. Si es posible decirlo, si puede entrar en la lengua, es factible. Es como un speech act. La palabra crea la realidad. Probablemente eso no era ajeno a las intenciones del Secretario. Imaginemos que si antes no había jóvenes argentinos en ISIS luego de esas declaraciones habrá algunos interesados.

La producción de subjetividades inéditas es una lectura que podemos hacer del discurso capitalista de Lacan (1972) en el que se entroniza al sujeto en el rechazo de la verdad. Algo que podemos pensar como una subjetividad de diseño fundada en la promoción de un sujeto que rechaza todo legado, toda tradición y toda deuda con el colectivo que le dio la educación, su formación, su trabajo y se lanza al diseño de una nueva identidad a partir de los objetos del mercado.

Lacan muestra al discurso capitalista como una perversión del discurso del amo antiguo, es decir, del lazo social. Mediante la promoción de un hedonismo individualista fundado en el consumo, el sujeto tiene la ilusión de ser el autor de su propia identidad, la fantasía de ser un self made man. Es en este espejismo en el que se apoyan los libros de autoayuda, el coaching y otras propuestas de la posmodernidad. No hay deuda simbólica referida al padre, y sin duda esto tiene que ponerse en la cuenta de la decadencia del Nombre del Padre, y tampoco hay deuda referida al legado cultural, político o social.

Ese punto de rechazo de los S1 y la euforia maníaca del sujeto que imagina solo y auto determinado es fundamental para comprender el avance de la derecha en todo occidente en los últimos años. Algo que tal vez exprofeso es puesto en contraste con la manía bipolar de Carrie (Claire Danes) en la serie.

Lo que Homeland sostiene es que cualquiera, incluso alguien particularmente concernido con el deber a su patria como lo es un soldado, puede repudiar su nación, su cultura, su religión, su idioma e incluso pasar al bando contrario. Y lo hará no tanto por el efecto de la tortura sino por las contradicciones internas de su propia cultura que se le hacen presentes en esas situaciones extremas.

En el fondo, lo que se sostiene es que no hay ninguna razón para que ello no ocurra. Como dice Ana Simonetti en este número, la serie pone mucho más énfasis en la crítica a la conducta norteamericana que a la de los terroristas. Si los valores se fundan en un Dios, y Dios ha muerto ¿A título de qué seguirían sosteniéndose?

La serie, así, justifica plenamente la ilusión de la creación de una subjetividad inédita. Algo que, por suerte, y aunque la presión es grande, no ocurre frecuentemente.

Para que suceda, si seguimos a Lacan, debe haber una forclusión previa de esos S1, es decir, que las cuerdas que sostienen lo imaginario, lo simbólico y lo real solo estuvieran superpuestas, no anudadas, como lo ejemplifica Lacan en el caso de Joyce. Luego, el sujeto no se atiene al Otro sino a lo que le dicta su corazón, a la ley del corazón hegeliana que hará que vea al mundo mal hecho y golpee contra él para adecuarlo a su ley. En ese caso, el yihadismo es un mero instrumento para asestar ese golpe y no una verdadera neo identidad.

Como bien lo muestra Miller (2011) lo que está en el fundamento de esta locura hegeliana es la autopunición, el castigo contra sí mismo que llega como contragolpe de lo social. El yo igual a sí mismo va en busca de la miseria a la que se identifica hasta que el odio de sí, que está en el fondo de todo el asunto, termina imponiéndose. Algo que se verifica finalmente con los terroristas que regularmente acaban en el suicidio, la inmolación, la autodestrucción.

¿Es verosímil lo que plantea Homeland respecto a ese tipo de conversión? Sin duda que sí. Pero solo para aquellos sujetos que toman a pecho este delirio de identidad. Los demás, la enorme mayoría, reconocen muy pronto el carácter falso de esta promoción neoliberal y retoman la búsqueda de su síntoma con aquello que su cultura le brinda.

El trabajo analítico, en tanto se propone el reconocimiento de una singularidad, deberá antes que nada proponer un objeto en menos allí donde el hedonismo de masas propone un objeto en más, es decir, reintroducir la imposibilidad en el lazo social.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Lacan, J. (1972) “Conferencia en Milán sobre el discurso capitalista”. Inédito.

  • Lacan, J. (1975-1976[2006]) “El Sinthome” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro 23. Buenos Aires: Paidós

  • Miller, J. (2011) Donc. Buenos Aires: Paidós