LAS VIDAS POSIBLES DE MR. NOBODY

OLGA MONTÓN
Psicoanalista en España

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Y si me lo permiten, me gustaría quedarme a ver la película con ustedes, ya que aún no estoy del todo seguro de haber entendido el final.” Así terminó Jaco Van Dormael la presentación de su último trabajo en la edición del Festival de cine de Sitges.

Y esa es la sensación que tienes cuando sales del cine. Las múltiples interpretaciones que la película genera me hicieron asociarla a la experiencia psicoanalítica en un sujeto. ¿Será esto? ¿Será aquello? Parece que el director ha pasado por esta experiencia. El tiempo no cuenta, todo es un caos ordenado a la manera del inconsciente, donde los hechos parece que fueron ayer. Freud descubrió el inconsciente aplicando la hipnosis en sus primeros pacientes y no parece casual que en la película lo utilice el director al inicio, cuando Mr. Nobody no puede dar cuenta de quién es y el doctor le dice que va a utilizar una técnica antigua que no siempre da resultado. Remember, remember, remember” le dice al anciano mientras mueve, cual péndulo, una bolita delante de sus ojos. Sin embargo, enseguida Freud descartó esta técnica, pues lo que se pueda descubrir por hipnosis el sujeto no lo hace consciente, por tanto no es una experiencia psicoanalítica.

En el año de 2092, Nemo Nobody (Jared Leto), un hombre de 118 años de edad, es el último humano mortal viviendo entre humanos que se han vuelto inmortales gracias a increíbles avances científicos. Interesante el tema de la clonación de órganos a partir de células madre en un cerdito, cada uno con el suyo en brazos, cual objeto adorado. Cuando Nemo se encuentra en su lecho de muerte, revive a la manera de un “gran hermano”, varias posibles existencias y matrimonios que tal vez pudo experimentar, como si fuera una cinta de moebius poética. Con constantes saltos en el tiempo y en la imaginación, adentrándose en la infinidad de decisiones que poco a poco van moldeando su vida, haciendo que ésta tome un rumbo u otro, tratando al mismo tiempo temas como la niñez, la familia, la memoria, el azar, la vejez. Un gran reto para el actor Jared Leto conocido sobre todo por su excepcional trabajo en Requiem por un Sueño (Aronofsky, 2000), y su éxito con la banda 30 seconds to Mars, que interpreta a numerosos personajes en este laberinto de vidas incluido el abuelo y que, sin lugar a dudas, sale victorioso de todos ellos.

Visualmente fascinante es la vida de Nemo en el limbo antes de nacer, y la elección de los padres. Nos recuerda a la reflexión sobre la novela familiar que todo neurótico realiza en la experiencia psicoanalítica y la pregunta sobre el deseo de los padres. “Todo existe, podía verlo en los ojos de mi madre, pero no podía ver los míos, veía mis manos pero no podía verme yo. ¿En realidad existía? ¿Porqué yo y no otro?” dice Nemo, el bebé. La necesidad de darle sentido a todos los hechos de nuestra existencia, como la paloma al principio, hay una parte de aprendizaje en la vida, pero ¿el resto? Esos hechos que no dependen de nosotros si no del encuentro contingente o del capricho del otro o del universo, llueve a pesar de la predicción del padre, y la madre le dice: “deja de preguntar ¿por qué?, es complicado”.

Las múltiples escenas de ahogamiento, de sensación de asfixia como metáfora de momentos difíciles en la vida. ¿Quién no ha soñado que se ahogaba? ¿Quién no ha sentido que se ahogaba aunque no estuviera sumergido en el agua? A Nemo le salvan de morir ahogado distintos personajes y situaciones, incluso despertando o retrocediendo en el tiempo. Esto nos da claves para las preguntas que surgen como en un análisis. ¿Cuál es la relación del sujeto con su deseo? ¿Qué desea realmente que suceda? y ¿Cuáles fueron las situaciones fundamentales que constituyen en su caso la cadena significante?

Muy acertada la sensación de que a pesar de pasar el tiempo, de tener 118 años, te sigues viendo como aquel joven que fuiste, que tiene toda la vida por delante, no importa el espejo. “Quiero despertar” dice Mr. Nobody. Y se sueña con 39 años, parece que fue ayer. “¿Cómo era antes de la inmortalidad?” pregunta el periodista, y Nemo responde: “Fumábamos, comíamos comida, follábamos todo el tiempo y nos enamorábamos…” en definitiva gozábamos.

Por otro lado, ¿no será el niño, en su fantasía, pensando en el futuro? Aparece un niño en el andén de una estación de tren, el tren está a punto de partir, son las 9,10. ¿Debe subir al tren con su madre o quedarse con su padre? De esta elección ¿dependerán muchas vidas posibles? ¿Le llamará el padre en el último momento haciéndole perder el paso y quedándose con él? ¿Será el cordón de la bota, de mala calidad, lo que le haga quedarse? Esto determinará la elección de pareja. En realidad ¿se fue con su madre pensando en encontrar a Anna (Diane Kruger), la hija de su amante?

También podría ser el adolescente escribiendo sus posibles vidas. Magnifica la forma en que plasma la relación del adolescente con el suicidio y la muerte, como un deseo con el que juega y se imagina en los momentos en que se siente mal. Igualmente con los deseos de muerte hacia el otro, en este caso el amante de la madre, que es más fácil de matar imaginariamente que el propio padre. Interesante la escena del lago en la que llama idiotas a los rivales, impidiéndole la relación con la chica que desea y ocultando su castración, no sabe nadar. Sin embargo cuando lo comparte con Anna, le da su falta, ella automáticamente se enamora, porque es un acto de amor “dar lo que no se tiene a quien no es”, como decía Lacan (1956-1957). No hay vida sin ti”, se dicen. Después surge la pasión en esa convivencia fraternal que el padre de ella no soporta. Tampoco la madre de él, que no le entrega las cartas que recibe. Será años después que se encuentren en la estación, siempre la estación, cuando al morir la vagabunda, él permanece allí más allá de las 9,10, siempre las 9,10 en todos los relojes de su vida. Y ella de tanto esperarle “se le olvidó el amor”, necesita tiempo para acostumbrarse otra vez al amor.

Mientras, en la escena del baile, al que acude sin que la moneda eligiera por él porque la pierde, es cuando elige a Elise (Sarah Polley), lo hace justo cuando ella es rechazada por otro, es la mujer a la que hay que salvar, ella le pone en el lugar del salvador y acepta. Esto trae consecuencias, pues ella no lo elige por el amor, pasa la vida pensando en el otro, no es capaz de vivir la vida que le propone Nemo al salvarla. En realidad ella no quería ser salvada, quiere ser la rechazada. Nemo le habla de Marte, que la superficie está llena de desechos y polvo, esto despierta su interés. Así es como se siente, un desecho, ella le pide que cuando muera lleve sus cenizas allí. No importa la vida de después, los hijos, el bienestar, la comodidad, su posición subjetiva es ser la rechazada, esto es lo que la satisface, por eso se deprime con la posición de “la madre feliz”, —“no intentes animarme, me hace sentir peor” dice Elise. Nemo intenta cazar al oso, metáfora de ese miedo que desespera a Elise, pero se siente impotente, no sirve nada, ni quemar el coche y ella le dice: me doy cuenta que contigo mi vida pasa de lado”. Para Elise no se trata de buscar a ese amor de juventud, porque cuando se separa y en la peluquería se encuentra con el antiguo amor, Stefano, no lo reconoce, porque no desea realizar su amor sino sostenerse en esa posición de estrago, amar al que no te ama, eso la satisface.

Pero si él hubiera aceptado el rechazo de Elise, y ella no ser salvada, hubiera podido ir al baile con la determinación de casarse con la primera chica que baile con él y una lista de propósitos de triunfo y riqueza que le llevan a lo peor, porque es una elección por el goce, no por el amor. Lo vemos en la experiencia clínica, como después de haber conseguido las metas propuestas el sujeto no es feliz, sufre y se pregunta ¿por qué? Está jodidamente aburrido”, dice Nemo en la carta que le deja a Jeanne, y ella le dice: No me conoces, nunca me ves, siempre estás en otra parte”. Todo el rato con la moneda hasta hacerse pasar por otro. Como dice Freud (1916) en su artículo Los que fracasan al triunfar, en realidad no era eso lo que deseaban, pero descubrir eso a veces lleva toda una vida, a veces lleva al suicidio y a veces al encuentro con un analista.

¿Qué parte tiene que ver con lo contingente y que parte elegimos a lo largo de nuestra existencia? Así el niño piensa: mientras no elija, todas las opciones son posibles.

El director nos somete a un bombardeo sensorial con inauditas casualidades, encuentros sorprendentes, miradas que propician acercamientos, intensos momentos, tropiezos inesperados, componiendo un mosaico tan bello como caótico por momentos.

No está claro el mensaje: no vivir dejándose arrastrar, al final seremos lo que elegimos ser o da igual lo que elijamos siempre queda lo contingente. Es como si nos quisiera sorprender con cada pieza del puzzle, haciéndonos perder por el espacio y el tiempo en un laberinto colosal cimentado en la constante toma de decisiones que es la vida.

En cualquier caso, lo que mejor trasmite es esa posición del sujeto neurótico obsesivo, siempre con la duda, con la dificultad para tomar decisiones, sopesando todo un sinfín de posibilidades, ¿cuál es la elección correcta? Hay decisiones que son para siempre, que no te permiten regresar, hay un antes y un después de algunos actos, por eso es difícil decidir. El sujeto obsesivo se cree libre al no tomar una decisión, manteniéndose así en el deseo imposible. Mientras no escojas, todo es una posibilidad y aquí radica la satisfacción.

Por otro lado todo el trabajo de elaboración del autor: “¿Por qué somos como somos? ¿De dónde viene nuestra personalidad? ¿Qué percepción tenemos de la realidad? ¿Hay buenas y malas decisiones, o todas son interesantes? ¿Somos realmente libres para decidir?”, te hace recordar un trabajo psicoanalítico.

La vida no es siempre lo que pensamos que sería” dice la madre de Nemo.

De todas esas vidas ¿cuál es la correcta?” Pregunta el periodista, cada una de ellas lo es” dice Mr. Nobody, cada camino es el correcto”.

En la escena final, cuando Nemo no sigue a su madre ni se queda con su padre, parecería que la película fue creada en la imaginación de un niño de 9 años, que no teme a opciones imposibles. Antes no podía tomar una buena decisión porque no sabía que pasaría, luego, tras haberlo analizado, toma el camino de en medio. ¿Será éste el de su deseo? Una tercera posibilidad que le daría la opción de construir algo nuevo en su vida, su propio recorrido.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Freud, S. (1916 [2007]) Los que fracasan al triunfar. Obras Completas Tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu.

  • Lacan, L. (1956-1957) “La relación de objeto” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro 4. Buenos Aires: Paidós.