HALAC – La Limusina. El CEO-claustro del capitalismo 2017-03-24T12:44:17+00:00

LA LIMUSINA. EL CEO-CLAUSTRO DEL CAPITALISMO

LA SONORIDAD DEL ENCIERRO EN COSMOPOLIS (2012) DE DAVID CRONENBERG

JOSÉ HALAC
Compositor, investigador y docente de la UNC en Córdoba, Argentina

Descargar PDF

En los días que corren, pensamos en el Capitalismo como un mundo del que no se puede salir pero también un mundo al que no se puede ingresar fácilmente. Nos preguntamos si no se puede salir ni se puede ingresar, ¿en qué posición estamos las mayorías? Y ¿en qué posición están las minorías respecto de las mayorías?

Son algunas preguntas que nos hacemos cuando vemos este film perfecto de David Cronenberg en el que su personaje, Eric Packer (Robert Pattinson), vive, realiza transacciones financieras, tiene sexo, recibe a su proctólogo, dialoga con su chofer, con su amante, piensa, medita, teme los ataques de manifestantes del exterior y mira sin que lo vean. Sabe quiénes están afuera pero no sabe qué le hacen al cuerpo de su limusina porque no tiene visión completa de su limusina. No puede saber nada del exterior, en otras palabras, no puede proteger esa parte de su coche, la parte que lo protege a él, que él no puede proteger porque no tiene contacto visual ni sonoro con esa parte. Él vive protegido pero no puede proteger a nadie. El Capitalismo vive dentro de este principio imposible y paradójico.

Eric es el Capitalismo salvaje. Es un virtuoso de los números y sabe como un ajedrecista cuándo y cuántas acciones deben ser vendidas para provocar una hecatombe en un continente entero. Su vida se circunscribe a tasar futuros financieros, papeles que valen billones y decidir rápidamente su venta o su adquisición. Para él adquirir un cuadro de Mark Rothko o la capilla entera de Rothko para meterla en el living de su departamento es igual que comprar un país. Es un dato que funciona en medio de otros datos y que por la teoría de teorías de la complejidad de los sistemas o, como la llama el financista George Soros, la teoría de la reflexividad de los mercados por la cual al operar financieramente uno incide en un sector, todos los otros sectores reciben el impacto y reaccionan violentamente para defender su estatus y tender hacia el equilibrio. Ese “equilibrio nuevo” puede significar que un país ya no es más un país o un pueblo pasa de ser libre a ser esclavo o exiliado.

Cronenberg decide en su film crear un ambiente sonoro ficticio y un ambiente visual exageradamente claustrofóbico. No se puede ingresar desde el afuera a una limusina, eso lo sabemos. Los dispositivos de seguridad son inviolables, antibalas y la oscuridad de sus ventanas impide saber quién está dentro. Desde el interior de este medio ambiente asfixiante, los personajes viven su vida lo más alejados posible del exterior que, a los ojos del Capitalista salvaje, es un rumor que no conviene conocer bien porque al conocerlo se humaniza y al humanizarlo se puede quebrar la regla numérica digital que hoy maneja estos sistemas que tienen como mantra estructural ser manejados por una “mano invisible”, o sea, en palabras del biólogo Maturana, el Capitalismo tiene su propia autopoiesis.

Hay otro encierro incluido e indispensable en esta situación imaginada por Don Delillo, el autor de la novela original y es el celular Bluetooth. Los diálogos en el interior de la limusina pasan por ese sistema que comunica a Eric no sólo con sus empleados sino también con su propio chofer, a quien prefiere dar instrucciones por celular intercom a pesar de tenerlo a un metro de distancia. Pero para el Capitalismo un metro es una enormidad insondable. La comunicación sonora debe viajar a un satélite primero para ser creíble. Ningún diálogo fuera de este sistema es creíble. Los personajes hablan cara a cara pero sabemos que mienten y que nunca dirán realmente lo que piensan porque probablemente no lo sepan con seguridad. La duda y la incertidumbre son clave en este film.

El principio de incertidumbre del afamado Heisenberg el mismo que prestó su nombre al químico Walter White (Bryan Cranston) de la serie Breaking Bad (AMC 2008-2013)—, sostiene que una partícula no puede ser detectada a la vez en su tiempo y su espacio. Si observamos uno de los dos, perdemos de vista el otro. Ese principio es explicitado cuando el proctólogo decide luego de un exhaustivo examen que vemos transcurrir dentro de la limusina en el ano de Eric que su próstata es asimétrica.

Las asimetrías son esenciales en los mercados financieros. Una desviación mínima es expandida a catástrofes financieras en las que millones de personas sufren pérdidas de vidas, hambre, pérdidas de trabajo. La película acentúa la peligrosidad de este personaje a través de su duda acerca de las decisiones que ha venido tomando y piensa en sus propias asimetrías en tanto pueden haber descalibrado su capacidad de ejecutar a la perfección su vida de CEO máximo.

Howard Shore, el compositor de casi todos los films de Cronenberg, tiene la misión de dar sonido a estas asimetrías, de dar vida al motor de la limusina que ha sido intencionalmente silenciado para exagerar el efecto de claustro, creando patrones sonoros insistentes motorizantes, aterradores que pueden ser tanto las tremulantes sinapsis de Eric como su corazón frío y aterrorizado de ser descubierto por el mundo externo o el mundo de un ex empleado que tiene como objetivo vengarse de él por haber prácticamente destruido no sólo su vida sino también su alma.

El Capitalismo salvaje busca destruir el alma humana para someterla a cualquier operación que el sistema requiera. Eric vive este proceso encerrado en el claustro reservado a un CEO, el claustro de máxima seguridad, máxima intimidad para incurrir en las intimidaciones que deben llevar a cabo todos los días y a toda hora para corregir rumbos asimétricos y trasladarlos a los senderos correctos que mutan influidos por la vida misma, las guerras políticas, los cambios de regímenes, las decisiones monetarias que de un día para el otro pueden afectarnos a todos.

La limusina es el ámbito dentro del cual se silencia el mundo y suenan las decisiones que marcarán nuestras vidas y cuyos efectos nos serán comunicados en las noticias de las 7 de la mañana. Eric es el que piensa por nosotros y para eso necesita de un claustro, un ataúd o una cripta donde habite más la muerte que la vida. Cronenberg decide que un rapero es para Eric el que puede decir una verdad fundamental. Y el Rap entra a su limusina. Pero para él es inútil. La verdad de un mundo humano ya no es del orden de su existencia y convertirse en un asesino o un suicida es la única salida posible y calculable para su ya inexistente y desalmada vida.

El monstruo que ha sido creado es abstracto y tiene vida propia y ni Eric ni nosotros ya podemos detenerlo. ¿O sí?