DUARTE – ¿De qué mierda hablan House of cards y Show me a hero? 2017-03-24T12:40:42+00:00

¿DE QUÉ MIERDA HABLAN HOUSE OF CARDS Y SHOW ME A HERO?

JUAN PABLO DUARTE
Psicólogo en Córdoba, Argentina

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Frank mira a cámara y se presenta ante el espectador. La clave de su ascenso político fue “hacer mover las aguas residuales”. Así se tornó imprescindible para quien acaba de ser electo presidente y se dispone a recibir su recompensa. Nada se resolvió, pero la mierda se mantuvo en movimiento. Beneficios para quienes no se contaminaron y la ruina para otros: “Toma y daca. Bienvenidos a Washington”, bienvenidos a House of cards (Netflix: 2013- ).

Al romper la cuarta pared, Frank exhibe una versión facticia de la política. Mientras los demás continúan con sus faenas, sale de la escena. Parte de su excepcionalidad se debe a la posición de quién no se deja engañar por el discurso del que son presa sus colegas.

En los títulos de crédito, una toma muestra el Nationals Park desde el Anacostia River. Un barril de desechos a medio enterrar en la orilla del río remite a un pasado industrial del que solo quedan restos de contaminación, mientras que el flamante estadio de béisbol emerge como el símbolo de la gentrificación que transformó Navy Yard en una isla dentro de una zona de elevada delincuencia y criminalidad. Lo urbano es un reflejo de las instituciones y ambos espacios son abordados desde la perspectiva de los desechos.

A la espera de alguien capaz de hacer cosas desagradables, la política en Washington parece necesitar menos de un estadista que de un fontanero. Frank es el héroe cloacal indiscutido del mundo catódico, alguien con el estómago suficiente para meter las manos en la mierda. Pero ¿acaso no hay una apuesta más ambiciosa en la ficción televisiva actual? Si, como señala Francoise Jost (2002), la ficción contemporánea logra suspender la increencia respecto a las esferas oficiales de información —Estado y medios de comunicación— ¿Existe algún intento de pensar la política que no naufrague en la figura del héroe-villano capaz de sobrevivir a todas las tormentas? Por supuesto que sí y aunque no cuente con la repercusión de House of cards, Show me a hero (HBO: 2015- ) demuestra que la realidad puede complejizar aquella perspectiva.

Lejos de mostrar un héroe, la serie creada por David Simon y Bill Zorzi no se conforma con exhibir el ascenso de una personalidad marginal de la escena política; hace del cuerpo del alcalde el lugar en el que las aguas residuales circulan y se acumulan hasta desbordar. A diferencia de Frank, Wasicsko existió. Pero quien fuera el alcalde más joven de los Estados Unidos no parece manejar los hilos de un discurso que nunca termina de atraparlo.

La referencia a la gentrificación —presente en los títulos de House of cards— es la cuestión social que jaquea a la elite política local de Yonkers. La decisión de altos costos políticos que impone, es de lo que hablará Show me a hero.

La narración comienza por el final. Con treinta y cuatro años, Wasicsko empina un último trago de antiácido, vomita, da unos pasos hacia la tumba de su padre y se vuela los sesos de un tiro. En este teaser, la asedia paranoide que acorrala a Nick (Oscar Isaac) hace de las botellas de Maalox y el malestar gástrico que acompaña las curvas pronunciadas de su carrera, un pequeño detalle. Sin embargo, el estómago de Nick podría ser la versión televisiva de una interpretación psicoanalítica, esa falla del lenguaje que se anuda con el poco de sentido (Miller, 2010 [1996]).

Los episodios que componen Show me a hero abarcan los años que separan aquel disparo del momento en que Yonkers lanza a Wasicsko a la cima de su carrera política. Aquello sucede hacia fines de los ochenta, cuando un juez obliga al gobierno a construir doscientas viviendas sociales. Algunas familias —en su mayoría negras e hispanas— se trasladarían del suroeste de la ciudad, hacia el este. Al tiempo que el Consejo de la ciudad se dispone a evitar el asunto hasta lo inevitable, la fragmentada comunidad de Yonkers confluye en resistir esta resolución. Al poner en marcha la construcción de las viviendas, sus posibles beneficiarios tampoco muestran entusiasmo por la medida. Luego de años de pelea judicial, un veterano batallador de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color, plantea: -Si no quieren vivir con nosotros ¿por qué querer vivir con ellos?

En el primer capítulo del libro que da origen a la serie, Lisa Belkin señala un hecho central: Yonkers se ve como una ciudad, pero actúa como treinta y ocho ciudades separadas o como una confederación de barrios, cada uno singular, organizado y orgulloso (Belkin, 2000). El fracaso de la idea de una nación unida en un melting pot.

En una de las conversaciones con la lápida de su padre, Wasicsko se refiere al problema de las viviendas como “mierda en una bolsa”. Esta versión cloacal de la dinámica democrática remite a una historia presente en The wire (HBO: 2002-2008), la serie canónica que por primera vez unió los nombres de Zorzi y Simon. Un ex alcalde le cuenta al joven electo una parábola. En su primer día de trabajo, los asesores le van acercando a su escritorio cuencos de porcelana rebosantes de mierda enviados por sindicatos, grupos religiosos, inmigrantes y otros sectores de la comunidad. Hacia el final de la jornada, un ayudante le dice: “Así es el trabajo: usted se sienta ahí y come mierda, durante todo el día, todos los días, año tras año” (Zorzi, 2013).

Frank Underwood y Nick Wasickso habitan la política desde los desechos. Ambos hacen lo que nadie querría hacer y no dudan a la hora de actuar. En ambos casos, la mierda parece ser lo que determina el cenit y el nadir del hombre público actual. Pero mientras los castillos de naipes ofrecen a Frank la posibilidad idílica de mantenerse a distancia de la contaminación, el estómago de Wasickso muestra los límites de un cuerpo en el retiro al goce que implica el desengaño del Otro.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Belkin, L. (2000). Show Me a Hero. The story of an urban tragedy. . Boston, New york, London.: Back Bay Books. Little, Brown and company.

  • Jost, F. (2002). El culto de la televisión como vector de identidad. Revista del instituto de la comunicación e imagen (13).

  • Miller, J.-A. (2010 [1996]). El Otro que no existe y sus comités de ética. . Buenos Aires: Paidos.

  • Miller, J.-A. (2014). El inconsciente y el cuerpo hablante. Presentación del tema del X Congreso de la AMP en Río de Janeiro, 2016. Obtenido de Asociación Mundial de Psicoanálisis, AQUÍ

  • Wajcman, G. (2010). Tres notas para introducir la forma “serie”. Revista del Departamento de estudios psicoanalíticos sobre la familia – Enlaces [ICF – CICBA](15), 150 – 152.

  • Zorzi. (2013). La política de Baltimore. En R. Alvarez, The wire. Toda la verdad (págs. 272-280). Barcelona: Principal de los libros.