SER DIGNO DE SER

MARÍA ROSA CANTOS
CID Santiago del Estero

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Ser digno de ser (2008) del director francés de origen rumano Radu Mihaileanu, aborda la temática del tremendo mal de nuestra época, las desgarradoras inmigraciones masivas de los que se ven obligados a dejar su lugar y su origen. La humanidad que debe levantarse y moverse porque si no lo hace, se muere.

 El mundo no es un lugar para todos, denuncia que parecieran expresar estas movilizaciones masivas con la segregación y el racismo como respuestas del mundo capitalista a este mal actual.

La historia nos cuenta del combate que debe llevar adelante un ser humano ante el desarraigo y el desamparo, por la pérdida de toda referencia a su origen y a su identidad, a lo más propio de cada uno. Se le impone renunciar a su historia y el dolor se traduce en violencia.

¿Cuánto de esta imposición y violencia es ejercida hoy por las coordenadas que el mundo capitalista neoliberal impone, subsumiendo al sujeto en una identificación alienante, que estaría mas del lado de la forclusion de la subjetividad que de su promoción?

Sabemos que para Freud el racismo es un nombre del odio, del odio llamado primario, que se vincula con la pulsión, en un registro de la constitución del aparato anterior al narcisismo, pero que se refiere al semejante. En cualquier modo de manifestación, el racismo a través del odio procura distanciarse, separarse de aquello no reconocido, que retorna como semejante y como siniestro.

Para Freud (1929 [1930] [2009]) no hay en el ser humano desarraigo alguno de la maldad, y que la hostilidad inhibida, sólo espera las circunstancias para que se presente la oportunidad de lograr su satisfacción. En un pasaje memorable de El Malestar en la Cultura afirma:

No es fácil para los seres humanos renunciar a satisfacer su inclinación agresiva, no se sienten bien en esa renuncia. No debe menospreciarse la ventaja que brinda un círculo cultural más pequeño: ofrecer un escape a la pulsión en la hostilización a los extraños. Siempre es posible ligar en el amor a una multitud mayor de seres humanos, con tal que otros queden fuera para manifestarles agresión (Freud, 1929 [1930][2009]).

Satisfacción pulsional y segregación al mismo tiempo.

¿Es esto suficiente para el racismo y la segregación expansiva que hoy prevalece en el mundo?

Miller (2010) nos advierte:

En el odio al otro que se conoce a través del racismo, es seguro que hay algo más que la agresividad (…) no existe otro goce más que el mío propio. Se quiere al Otro siempre que se vuelva el Mismo. Cuando se hacen cálculos para saber si deberá abandonar su lengua, sus creencias, su vestimenta, su forma de hablar, se trata de hecho de saber en qué medida él abandonará su propio goce, su Otro goce (Miller, 2010).

En este ideal de universalización y homogeneidad, la marginación y la exclusión emergen como respuestas sin salida frente a lo que la tecnociencia de la mano del capitalismo neoliberal impone a los sujetos en forma de ideología, ya que sentencia no sólo cómo vivir, sino también cómo dejar morir, y pretende aún más, instalar el racismo y la segregación como respuestas únicas al otro diferente. El mercado único y sus especulaciones producen esta contracara.

El racismo propiamente dicho, se soporta en una identificación al objeto plus de gozar, esa es la característica principal, que le sirve de soporte. Después vendrá la ideología racista a legitimar con múltiples sentidos culturales-históricos-de-razas-, el racismo propiamente dicho.

Del racismo antiguo al racismo moderno se necesitó de la ciencia moderna, de la globalización y del monopolio para expandir el plus de gozar y exigir lo uniforme. Si se pretende lo uniforme eso explota siempre, ya que cada individuo goza de una manera singular, comparte con algunos cierta modalidad de goce grupal y no quiere saber demasiado sobre las otras maneras de gozar de otros individuos y grupos.

Si se quiere imponer una modalidad de goce, eso vira al estallido en un instante y ya estamos en el odio y la aniquilación al otro. Puede ser uno solo, algunos, comunidades, una cultura. Pero siempre se trata de racismo.

Lacan nos enseña que la experiencia psicoanalítica supone un nuevo tipo de vínculo social que se construye alrededor del analista como desecho, representante de lo que del goce permanece insociable. El psicoanálisis conmueve las identificaciones y los ideales, que sostienen las prácticas segregativas. Las respuestas que se pueden obtener no son universales. El sujeto en la experiencia analítica se confronta con la posibilidad de una relación librada a la contingencia y a la invención de un hacer ahí, donde no hay control, regulado por un saber del cuerpo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Freud, S. (1929[1930] [2009]) “El Malestar en la Cultura” en Obras Completas. Tomo XXI. Buenos Aires: Amorrortu Ediciones.

  • Miller J.A. (2010) Extimidad. Buenos Aires: Paidos.

  • Tudanca, L. (2012) Una política del síntoma. Buenos Aires: Grama Ediciones.

  • Amado, S (2015). Biopolítica, Nuevas segregaciones. VII Enapol, Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana. XIX Encuentro Internacional del Campo Freudiano. El Imperio de las Imágenes. Disponible AQUÍ