CAMPERO – Cuatro modos de fracasar en el acceso a la posición femenina 2017-03-24T12:39:36+00:00

CUATRO MODOS DE FRACASAR EN EL ACCESO A LA POSICIÓN FEMENINA

GABRIELA CAMPERO
Psicóloga en Córdoba, Argentina

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Comencé el cartel con una pregunta ¿Todas las mujeres tienen una estructura histérica? ¿Histeria y feminidad pertenecen al mismo registro? ¿Significan lo mismo? Estas preguntas orientaron mi lectura.

Marcelo Barros (2012) en La condición Femenina advierte que una mujer es enigmática porque no hay en su cuerpo nada que haga signo de su deseo ni de su goce. El enigma de la feminidad es el de su sexo corporal.

Al decir que la feminidad no tiene un significante que la nombre se deja en evidencia que no estamos en el registro falo-castración; hay una falta a nivel simbólico que hace que no pueda hallarse un significante universal para La Mujer.

Para el hombre, el falo da la medida de su ser viril. Nada de esto encontramos del lado de la mujer. Lo que hay en ese lugar vacío son diferentes formas de velar la nada, que cada mujer podrá esgrimir como modo de hacerse un ser (Russo & Vallejo, 2011).

Aquí podríamos plantear una primera distinción entre la posición femenina y la histeria. Para la mujer, no se trata de colmar el agujero estructural sino más bien de fabricarse un ser con la nada; sin embargo para la histeria, que se encuentra posicionada en el registro de tener, la maniobra recae en escapar de la falta mediante la creación de mascaradas y semblantes, que encarnará como propios y no de un modo artificial como lo puede hacer una mujer.

Voy a tomar cuatro personajes de la serie Mujeres Desesperadas (ABC: 2004—2012) intentando identificar su fracaso para acceder a una posición femenina, es decir para crearse un “ser de mujer”

En la calle Wisteria viven cuatro mujeres que tienen una vida aparentemente perfecta. La serie se encarga, desde la primera escena en mostrar una imagen idealizada de lo que es la vida en el barrio: casas inmaculadas, jardines impecables, todos sus habitantes felices, saludables, familias unidas y alegres. Mientras que vemos estas imágenes escuchamos el relato de Mary Alice (Brenda Strong) reafirmándolas: Todo parecía normal al principio, desayune con mi familia, hice mis quehaceres, terminé mis proyectos (…) Por eso resultó tan asombroso cuando decidí ir al closet y sacar un revolver que no había sido usado jamás”.

Este suceso inesperado, funciona a lo largo de los capítulos como un punto enigmático y a la vez un vacío. Este agujero representa para las demás protagonistas el punto de inflexión donde la construcción que hicieron de ellas mismas comienza a tambalear.

GABRIELLE: EL CUERPO DE LA HISTERIA COMO FÁLICO

Gabrielle (Eva Longoria) fue una modelo muy exitosa que buscaba encontrar a un hombre que le diera lo que ella desea: ser rica y admirada/mirada. Es así como conoce a Carlos (Ricardo Chavira), hombre del que nunca estuvo enamorada completamente, pero que cumple con los requisitos necesarios, es adinerado y la llena de regalos costosos: pieles, joyas, ropa, perfumes, autos.

Sin embargo, puede percibirse cómo su demanda de amor hacia los hombres pasa por otro lado: que la deseen y que se vuelvan locos por ella. Es así que, cuando comienza un romance con su jardinero adolescente, busca continuamente el encuentro entre sus dos hombres para provocar los celos en uno y las sospechas en el otro.

Lo que una mujer espera de un hombre puede llegar muy lejos, incluso hasta la locura. Dependerá de cómo se las arregle el hombre con la exigencia de amor de una mujer para que ésta encuentre una pacificación para su demanda incesante de amor (Russo & Vallejo, 2011).

Estos dos hombres, no se las arreglan bien: uno termina en la ruina, sin poder completar sus estudios y excluido de su hogar y el otro preso.

¿Qué pasa con Gabrielle? Queda insatisfecha. Realiza este despliegue y queda privada: de ser mirada, de ser amada. “La histeria hace pasar a la sexualidad por los desfiladeros de la insatisfacción; no hay sexualidad sin insatisfacción, este es su drama y su fundamento: mantener el deseo siempre insatisfecho” (Garmendia, 2009).

¿Qué hace a continuación? Va de compras, tapa el agujero y la angustia comprándose ropa, perfumes.

Siguiendo a Russo y Vallejo (2011), podemos pensar que la histérica toma al cuerpo para suplir el falo faltante, es decir que todo el cuerpo toma un valor fálico. Lo hace a partir de armarse una mascarada. ¿Cómo lo hace Gabrielle? Faliciza y potencia su cuerpo con sus vestimentas, sus joyas, sus perfumes, intentando velar su falta en ser, creándose un modo de ser mujer: una “mujer hermosa”, que puede y debe ser mirada por otros. Está privada e insatisfecha en relación a su sexualidad pero no en relación a su cuerpo falicizado.

Sin embargo, sabemos que “detrás de la mascarada no hay nada; los adornos, los velos con que una mujer “encantan” apuntan a tapar el no tener, a tapar la falta” (De Francisco, 2002).

BREE. LA BÚSQUEDA DE LA PERFECCIÓN EXCEPCIONAL

Bree (Marcia Cross) es la que más se esfuerza por sostener una imagen de perfección. El orden y la pulcritud que instala en su casa, en su apariencia y en su familia hacen que nada salga de su control. En todo lo que ella hace busca ser la mejor, la única que lo logra, la perfecta. Es así como es famosa por sus comidas siempre elaboradas, su jardín perfecto, su vestimenta impecable, sus fiestas. Todo lo que hace, siempre tiene el tinte de excepcionalidad.

En este camino de los semblantes Bree se extravía ya que “no es por la vía de los emblemas masculinos que podrá lograr un significante que le daría existencia de mujer” (Giordanengo, 2014). En tanto histérica busca la excepcionalidad, lo que la aleja de la posición femenina.

Con su sexualidad las cosas van por la misma vía: tiene una cronología exacta de cuándo serán los encuentros sexuales con su marido dos veces al año y el modo en que los mismos se llevaran a cabo. Hay un constante rechazo al cuerpo del hombre, intentando mantenerse apartada. Cuando tienen un encuentro sexual, se la observa pensando en otra cosa o preocupada por no despeinarse. Este rechazo al cuerpo del hombre encierra un rechazo a su propio cuerpo femenino.

La contingencia hace que se entere que su marido frecuenta a otra mujer, que es una prostituta elegante, con la que puede cumplir ciertas fantasías sádicas que no se imagina pudiendo realizar ni comentar con Bree.

Lejos de suponer una crisis esta noticia, intenta mantener la imagen de familia y pareja perfecta, y le pide a su marido que le enseñe cuáles son las fantasías que tiene. Este ofrecimiento funciona cuando es hablado, cuando es atravesado por las palabras, pero cuando realmente tiene que consentir a colocarse como objeto del fantasma del hombre cae. No logra consentir ni hacer de cuenta que consiente y lo rechaza enfáticamente. No puede tomar al hombre como relevo, y de este modo no logra alcanzar algo de la experiencia del Otro Goce.

“Consentir al hombre es abandonar la vía del ideal y consentir a una versión agujereada, que porta la falta y con la cual la contingencia del encuentro se hace posible” (Russo & Vallejo, 2011). No hay para ella posibilidad de agujerearse frente a su marido y queda completa, toda fálica. Evitando de este modo el encuentro, recordando constantemente que es “la única” que puede y podrá soportar lo que él hizo.

LYNETTE. LA MÁSCARA DE LA “MUJER” CONTEMPORÁNEA

Comienza la serie como una mujer ejecutiva exitosa que abandona su carrera profesional para cuidar a sus cuatro hijos, a pedido de su esposo. Ella reniega de esto, pero accede a hacerlo, sin dejar de quejarse o de mostrarse insatisfecha por esta decisión.

Luego de que su marido renuncia al trabajo por razones que ella no entiende y desestima vuelve a trabajar, dejando a sus hijos al cuidado de él pero no pudiendo relegarle esta tarea completamente; ella refiere tener dos trabajos: ser madre y ser ejecutiva. Se transforma en “una mujer multimedia, polifacética, con actitudes diversas, autómata, independiente, capaz, supersuper mujer que pretende ser más potente que los hombres” (Guimaraes, 2014).

Incluso logra que en su trabajo pongan una guardería, para tener a sus hijos allí. Doblegando una vez más la voz, algo débil, del marido.

Si seguimos con la descripción de Leda Guimaraes (2014), podemos establecer que Lynette (Felicity Huffman) es: una madre, una profesional realizada, una administradora del hogar —entiéndase como una ama de casa pero también una proveedora financiera— una amante liberada, ya que transforma al marido en un alumno adiestrándolo en su modo de hacerla gozar. Esta lista podría incluir muchas más facetas pero nunca serían suficientes para nombrar a La Mujer.

Con su marido constantemente hay una lucha de poder para ver quién puede más, quien porta el falo dialéctica en la que ella por supuesto, siempre es la ganadora. En esta pareja tenemos de un lado, a una mujer que se encarga de marcarle cada falla por pequeña que sea a un hombre que por su parte acepta ser castrado. Ella se encarga de desfalicizarlo, de mostrarle que ella es quien tiene el saber, es “la madre” que puede entenderlo, satisfacerlo, administrar su hogar y cuidar de sus hijos; pero sin embargo, él no puede hacer lo mismo.

SUSANNE. LA BÚSQUEDA DE “LA MUJER”

La histeria es justamente la posición de una mujer que no quiere saber nada de la existencia del significante femenino y que hace consistir al inconsciente como hommosexuado, o sea todo fálico, sin que entre nada de lo femenino. Para esto se apoya en la identificación a un hombre, para preguntarse por el enigma del deseo femenino pero con relación a otra mujer. (Russo & Vallejo, 2011).

Susanne (Teri Hatcher), se muestra como una mujer abandonada ya que su marido la dejó por su secretaria; una mujer que es todo lo opuesto a ella: rubia, sensual, joven. A través de su discurso escuchamos cómo su dolor pasa por su separación, pero especialmente porque la dejaron por esta mujer. Una mujer que posee la clave sobre cómo hacer para que “su hombre” la elija a ella y que tiene el secreto de un saber que ella misma no tiene, no conoce.

Al mudarse un nuevo vecino al barrio, cree poder encontrar el amor, pero nuevamente otra mujer se entromete. Esta nueva mujer, seductora y avasallante, la desestabiliza, queda nuevamente en el lugar de la que “no sabe seducir” o “no tiene” con qué hacerlo. Está tan concentrada en esta lucha con la otra mujer que no logra distinguir que el nuevo vecino siente algo por ella.

“La elección amorosa reenvía a rasgos que pertenecen a una feminidad idealizada: una feminidad de la que carece y que le fascina, al modo de un enigma para ella misma; una feminidad en la que ella no se reconoce” (Brousse, 2014). Así, la figura de la otra mujer cobra en la vida de Susanne el valor de solución: es quien vendría a colmar la falta en ser, a responder por la pregunta de la feminidad. No importa qué mujer sea, lo importante es que tiene algo de lo cual ella esta privada.

FRACASO EN LA CONSTRUCCIÓN DE UN SER

Podemos identificar cómo estas mujeres histéricas, cada una a su modo, maniobran para no encontrarse con el agujero de la castración. Sin embargo esto las aleja de su ser de mujer, ya que la solución no es la de colmar el agujero estructural, sino la de poder fabricarse un ser con la nada. Es decir “encarnar el agujero”.

¿Cómo hacer para que una mujer consienta a lo femenino? Logrando que consienta a la mujer que ella misma es y que no sabe, o que no quiere ser o que no quiere saber, que pueda asirse de esa versión que implica soportar el agujero, la castración, que implica un saber hacer con ese embrollo de una manera nueva (Russo & Vallejo, 2011).

Es decir que cada una deberá inventarse una forma única sobre cómo ser mujer, a partir de la nada, ya que no encontrará una norma o una regla universal que la oriente, que la enmarque.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Barros, M. (2012) “La condición femenina” en Revista Virtualia n°25. Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Disponible AQUÍ

  • Brousse, M.H (2014) “La homosexualidad femenina en plural o cuando las histéricas prescinden de los hombres de paja” Bitácora Lacaniana n°3. Revista de Psicoanálisis de la Nueva Escuela Lacaniana – NEL

  • De Francisco, M. (2002) La mascarada femenina. Intervención realizada en las Jornadas Sobre la mujer organizadas por el Ayuntamiento de León. España. Disponible AQUÍ

  • Garmendia, J. (2009) “La sexualidad en los desfiladeros de la histeria” en Revista Virtualia n°19. Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Disponible en: La sexualidad en los desfiladeros de la histeria” en Revista Virtualia n°19. Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana

  • Giordanengo, M.P (2014) “La feminidad: un más allá de la histeria” en Revista Borromeo n°15

  • Guimaraes, L. (2012) El estatuto de la feminidad en nuestros días. Revista Logos 7. Grama

  • Russo, L. & Vallejo, P. (2011) El amor y lo femenino. Tres Haches