ANYONE CAN BE THE ENEMY

MARÍA SOLEDAD ARRAES
Psicóloga en Córdoba, Argentina

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Homeland (Showtime: 2011- ) es una serie de televisión dramática creada por Howard Gordon y Alex Gansa, y basada en la serie israelí Hatufim (Channel 2: 2009 – 2012). Fue desarrollada para el público norteamericano, y actualmente en proceso de elaboración de su sexta temporada, es emitida en más de 150 países a través de Netflix.

Las intenciones de su trama argumentativa son reveladas en el momento mismo de presentar sus títulos iniciales, elaborados a partir de un entretejido ficcional con imágenes de la realidad.

Inaugura lo especular una niña dormida, una niña frente al televisor, discursos políticos de algunas figuras de importancia en la administración norteamericana, un grupo de mujeres musulmanas, e imágenes de alto impacto en relación al derrumbamiento de las Torres Gemelas ¿sensibilizar a la población?. En lo acústico, los medios de comunicación, Clinton tildando al terrorismo de “acto vil y cobarde”, un representante de la administración de Bush advirtiendo sobre la no tolerancia a estos actos, Obama visualmente invertido indicando permanecer alerta tanto dentro como fuera del país, otros enunciados: no haremos distinciones“, “hasta que algo lo detenga“, “lo hago para que no nos vuelvan a atacar“, que reales o no, fijan una misma posición: *Cualquiera puede ser el enemigo y todo acto terrorista es prevenible.

Homeland se desarrolla entre el estado de Virginia y Washington DC pero localizando al Otro islámico en el meollo de la cuestión. Carrie Mathison (Claire Danes) es una agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), enferma de Trastorno Bipolar y obsesionada con uno de los mayores terroristas del siglo XXI, Abu Nazir (Navid Negahban). Ella tiene la certeza de que el sargento de un pelotón de Marines Estadounidense, Nicholas Brody (Damian Lewis), actual héroe nacional y prisionero de Al-Qaeda durante ocho años, cambió de bando y ahora representa un riesgo de seguridad nacional.

Desde aquí todo acontece entre: planes de acción, interrogatorios, allanamientos, coartadas, nuevos representantes del terrorismo islámico que no tardan en desaparecer, los esfuerzos maníacos de Carrie transgrediendo la ley, artificios simbólicos montados por las esferas del poder y los medios de comunicación, actos de corrupción, campañas políticas que enaltecen la figura del héroe, y la tambaleante fe musulmana del marine devenido yihadista. Todo lo anterior mitigado con ingredientes que nos recuerdan su cualidad de producto de consumo, dispuesto a captar permanentemente la atención del espectador.

Aquí, el sistema norteamericano de trasfondo, al igual que el discurso científico, hace funcionar un “para todos”, una universalidad solo posible a nivel del significante que lleva a suprimir las diferencias al nivel del deseo y del goce. El discurso capitalista con su forzada uniformidad globalista­, la lógica del para todos”, y el empuje a la producción masiva, trae como respuestas el fortalecimiento de los fundamentalismos y los efectos de segregación concomitantes (Derezensky, 2008).

En la serie, el discurso fundamentalista del Islam, cuya fe se basa en el mensaje de Mahoma, procura borrar la diferencia al Otro y se ofrece como el lugar excepcional para la verdad de Dios, “No hay más Dios que Alá.

Es así como Abu Nazir, digno representante de esta verdad, minutos antes de ser finalmente capturado y asesinado interpela al enemigo:

—“¿Ni siquiera te lo puedes imaginar, no? Creer en algo más grande que tú, más importante que tú. Soy un soldado, esta es una guerra, generación tras generación tiene que sufrir y morir. Estamos preparados para ello, ¿ustedes lo están? ¿Con sus planes de jubilación y sus alimentos orgánicos? ¿Sus casas de playa y sus clubes deportivos? ¿Tienen la perseverancia, la tenacidad, la fe? Porque nosotros sí. Bombardéenos, mátennos de hambre, ocupen nuestros lugares sagrados, pero nunca perderemos nuestra fe. Llevamos a Dios en nuestros corazones y almas. Morir es unirnos a él. Quizás nos tome un siglo, dos siglos, tres siglos, pero los exterminaremos”.

No se concibe una vida religiosa por fuera del sacrificio diario, para el cual no hay disenso posible, el castigo y la gracia es la muerte.

En Homeland el enemigo es éxtimo, “…el Otro es Otro dentro de mí mismo y si el Otro está en mi interior en posición de extimidad, es también mi propio odio”, dice Miller (2010). Frente al adversario subyace el “no somos como ellos”, hay un reconocimiento y rechazo de la diferencia, una intolerancia al modo de vida otro que llevado al extremo enuncia un: “nosotros o ellos”. Se edifican fantasmas en relación al exceso de goce del Otro, se trata de saber en qué medida este renunciará a su Otro goce, es un racismo en relación al goce del Otro y por ende al propio. El Otro del Islam lo ratifica; “¿Porqué matar a un hombre, si puedes matar una idea?”, frase con la que cierra Nazir la primer temporada, al referirse al fallido asesinado del vicepresidente de los E.E.U.U.

Entonces, si el enemigo está adentro, las fronteras se diluyen, sea Abu Nazir, Nicholas Brody, Majid Javadi, o cualquier otro representante, la tarea del Estado es vigilar y observar a todos como potenciales enemigos. Una sociedad sin exterior, como dice Gérard Wajcman (2014), a la cuál debe defendérsela de sí misma. —“Hasta que no estemos seguros, todo el mundo es un terrorista”, sanciona Saul Berenson (Mandy Patinkin), jefe de la división de la CIA y mentor de Carrie, en una de las escenas de Two Hats (temporada 2, episodio 9).

La figura del Sargento Brody es utilizada por quienes detentan el poder, políticos y empresarios, lo exhiben en los medios como el triunfo de Occidente, el héroe que vuelve del acontecimiento traumático con sus convicciones intactas. Su trauma es expuesto y repetido ad infinitum, buscando así la identificación con una causa común que justifique los ataques preventivos contra la población civil, potenciales “amenazas terroristas”.

Pero ¿qué hace el héroe con el trauma? entre comportamientos errantes, Brody se refugia en su garaje, encontrando la paz a través de la oración islámica, el lugar privilegiado de la verdad del Otro que casualmente queda por fuera del ojo espía de las cámaras. En la época de la decadencia del Nombre del Padre y del ascenso del objeto al cenit social (Miller, 2005), toma fuerza el discurso del amo. Mientras el capitalismo le exige un plus de goce, la religión le demanda renuncia pulsional y sacrificio.

Sucede que mientras Nicholas Brody nos demuestra que no hay héroe tal, el resto de los personajes principales lo confirma. Por un lado, los orientales o los devenidos en, ponen fin al desconcierto con la propia muerte, goce puesto en el sacrificio. Y por el otro, a los occidentales los gadgets no les bastan, nos muestran el pathos de los lazos, disoluciones, dispersiones, locuras, fracasos, soledades, y patente predominio de lo real, como afirma Simonetti (2013). Carrie enferma y desbordada, Saul tomado entre el deber y una eterna ruptura de pareja, y Peter Quinn (Rupert Friend), el compañero de ambos, entrampado en una soledad en constante alerta.

En esta línea y para concluir, el discurso analítico procura sortear la segregación por la vía del uno por uno (Derezensky, 2008). Subversivo al ideal y a las identificaciones, la apuesta sería cuestionar la relación de cada sujeto con su goce, apelar al vaciamiento del objeto condensador para aproximarse a un saber arreglárselas con ese resto pulsional.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Derezensky, E. (2008) “Segregación y Racismo”. Revista Virtualia Nº17. Revista digital de la Escuela de Orientación Lacaniana. Disponible AQUÍ

  • Miller, J. A. (2005) “Una fantasía”. Revista Lacaniana Nº3. Escuela de la Orientación Lacaniana EOL, Buenos Aires.

  • Miller, J. A. (2010) “Enemigos íntimos”. Página 12. Disponible AQUÍ

  • Simonetti, A. (2013) “El deseo medicalizado”. Las conversaciónes del ENAPOL. VI Encuentro Americano del Psicoanalisis de la Orientación Lacaniana. Hablar con el Cuerpo. Las Crisis de las Normas y la Agitación de lo Real. Buenos Aires.

  • Wajcman, G. (2014) “Vigilar a los vigilantes. Entrevista con Gérard Wajcman”. Disponible AQUÍ