EL PASADO, FAMILIA Y CUERPO

GABRIELA ALLUZ
CID Santiago del Estero

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La película francesa El Pasado (2013) dirigida por el director iraní Asghar Farhadi, revela un rasgo de la época, las nuevas formas de lazos familiares y su modalidad de funcionamiento.

 Ahmad (Alí Mosaffá) es el exmarido de Marie (Bérénice Bejo), y viene, tras cuatro años de ausencia, a firmar el divorcio, ya que ella va a casarse con otro hombre, Samir (Tahar Rahim). Marie tiene dos niñas, la adolescente Lucie y la pequeña Lea, de distintos padres — ninguno es Ahmad —y Samir sería su cuarto matrimonio, quien a su vez tiene un hijo pequeño, Fouad, cuya madre —esposa de Samir— se encuentra en coma por intento de suicidio.

El director tiene un estilo muy particular en su manera de narrar, una forma de imbricar elementos y momentos de la trama como un tejer de telarañas girando alrededor de un misterio; la verdad no se muestra de una vez sino que se va develando; la forma narrativa como medio y como fin, donde el final no importa, se deja abierto para que complete el espectador a gusto.

Jacques-Alain Miller y Eric Laurent (2005), han caracterizado esta época como la de la inexistencia del Otro, señalando un pasaje de la época freudiana a la lacaniana, del Nombre del Padre —el significante de que el Otro existe— a la inexistencia del Otro, podríamos decir del reino del Nombre del Padre al reino del niño generalizado, donde el sujeto no se hace responsable de su goce.

En el film, la hija adolescente Lucie, actúa mandando mails a la esposa de Samir, el actual amante de su madre, en un intento de desbaratar esa pareja nueva, actúa allí donde los adultos no se detienen. El niño Fouad pide que desconecten a su madre, leyendo en el intento de suicido un deseo de morir; o sea, dice allí donde los adultos no actúan.

¿Cuál es el papel que tienen los hijos para esta mujer? Pareciera que la función fuera la de cubrir un vacío frente a la dificultad del encuentro con un hombre, los hijos aparecen entonces para imposibilitar la relación de pareja.

La hija adolescente capta esa modalidad de vínculo de su madre, cuando dice: —“ella ya tuvo tres maridos, desde que nací, siempre tuvimos ese problema, éste estará un tiempo y luego nos dejará”. Los hijos denuncian los pecados de los padres: —“¿Cómo ella puede casarse con alguien que tiene mujer?”, reclama angustiada la hija; también cuando el niño le dice a su padre: —“¿Por qué no la desconectan?” aludiendo a su madre en coma: —“si alguien se suicida es porque quiere morirse”.

Hay muchos misterios y temas que no se tocan en esta familia, y es lo que denuncian los hijos. Los hijos aparecen como síntomas de lo que no funciona en el seno familiar.

¿Qué es para el psicoanálisis la familia? ¿Qué escuchamos de ella sino un lugar en donde se efectúa un lazo y se establece un discurso? Sabemos que no hay en la familia nada natural, sino que se trata de una red de lazos voluntariamente decididos, donde se requiere un acto de voluntad, un consentimiento del sujeto para que una función, madre, padre, hijo, se sostenga y se trasmita en tanto tal.

En la actualidad, en esta nueva era del capitalismo, la familia se ha ido reduciendo, experimentando una contracción progresiva que implica un pasaje de la familia conyugal a la familia monoparental, cada vez más generalizada. Nuevas formas de lazos familiares que surgen ante la caída del imago paterna. En la civilización contemporánea asistimos a la declinación cada vez mayor, no sólo de la figura del padre, sino de la función paterna como tal. Función del padre que ordena, pacifica y permite que el ser hablante se oriente.

Detrás de un orden significante que la familia impone a cada miembro, hay también una posición de goce, de satisfacción secreta, enraizado, como el secreto familiar oculto de cada familia. En eso que se transmite hay algo que no se dice, un punto irreductible que se sitúa en cómo esos dos seres hablantes, padre y madre, con sus diferentes modos de vivir la pulsión, de enlazarse, de amar, se unen sabiendo o contando con la imposibilidad de la complementariedad de los sexos. Hay en esta unión algo que escapa, y es una unión que se sitúa por un malentendido. Ese malentendido es la lengua familiar en la que va a habitar esa familia. Habrá una lengua para cada familia, una lengua privada con su única traducción.

La familia es una ficción que el sujeto construye a la manera de una solución sintomática. La familia como síntoma sería las diversas formas de anudar aquello que de entrada está desanudado, o simplemente no anudado. El psicoanálisis plantea que familia es una imposibilidad de estructura, porque es un modo de suplencia frente a la inexistencia de la relación sexual y está construida en torno de este agujero central.

Hay verdades a medias o medias verdades que al principio aparecen veladas en el film y las podemos vincular con el contenido manifiesto y el subyacente del síntoma; el contenido reprimido que insiste y que se repite cada vez, porque hay un goce en juego que hace que el síntoma resista.

El hecho de que la esposa de Samir esté en coma, es un tema difícil pero no insuperable aparentemente, pero está lo que subyace, del orden de lo ominoso, que su mujer se quiso suicidar, y luego, al parecer, también quedarse en coma, para castigarlos.

Freud (1919 [2009]), en Lo Ominoso, señala que aquello que es familiar se vuelve extraño, siniestro. Un cuerpo en estado vegetativo nos enfrenta con lo real del cuerpo, se torna ominoso. El hijo pequeño es el que muestra su pavor ante ese cuerpo inerte que tiene la apariencia de su madre, pero al mismo tiempo no es ella.

Según Slavov Zizek (1999), el cuerpo y el sujeto son dos cosas distintas, que además están en desventaja o desequilibrio uno con respecto al otro. Freud en el mencionado escrito hace referencia a lo mismo que Zizek: el horror del cuerpo medio vivo, medio muerto y gobernado por quién sabe quién. La pregunta del obsesivo, ¿estoy vivo o muerto?, tiene una relación con el efecto de lo ominoso en donde no se sabe bien qué quiere decir estar vivo, pero tiene una relación fundamental con el cuerpo.

En psicoanálisis el cuerpo tiene final, muere, mientras que el sujeto simbólico sobrevive a la mortalidad. La idea de la castración como muerte y no como prohibición de placer está más estrechamente relacionada con el cuerpo que con el sujeto mismo; el sujeto deviene sujeto gracias a la castración simbólica. Se podría decir que el sujeto nace gracias a la castración y el cuerpo muere justo por eso, porque la castración existe en lo real del cuerpo como muerte. La lectura de la castración como imposibilidad, como límite, como lo que no se puede, no es otra cosa que la idea de la muerte como el último límite de lo humano. La castración pensada como la muerte es inevitable, es la última frontera.

 Hay muerte. El cuerpo muere. Lo demás es un misterio. El cuerpo en el psicoanálisis es sólo una parte del sujeto. La parte que goza, la parte que muere.

La protagonista y su amante intentan seguir juntos, pero el pasado se presentifica cada vez, los consume la culpa y hacen la vista gorda al hecho de que la familia ensamblada está fundada no ya en la postración de la otra mujer, sino en su asesinato.

Pero ¿por qué no pueden ser felices lo mismo? Porque de la culpa se goza. Con la culpa se revive, se repite la escena y la vuelven a matar cada vez, es el retorno de lo real que insiste.

Marie, extraviada en relación a su goce, hace un llamado desesperado a su expareja Amhad, que acude en el lugar del Otro de la Ley, un Nombre del Padre que coloque un orden allí donde la infinitización del goce se anuncia y a la vez es denunciada por su hija.

La llegada de Amhad, es crucial porque él es quien va descubriendo los secretos o lo no dicho en la historia, actúa a modo de detective, porque se pone a investigar y se anima a mirar lo que nadie se atreve o no quiere ver. Actúa también como contenedor de todos, de los niños, de la hija adolescente y de su exmujer. Hay signos en el film de que la pareja con Amhad no está concluida y que hay más pareja allí que con Samir, su pareja actual.

Este hombre, Amhad funciona como padre de todos, él que paradójicamente no es padre de ninguno, es un padre en posición femenina, se ocupa de todos como una madre, esto se observa claramente cuando en diálogo con uno de los niños le dice:

 —“Tú deberías casarte con una mujer persa

 —“¿Y cómo es una mujer persa?”, pregunta el niño.

—“Como yo, pero mujer”, contesta Amhad.

El genitor nunca es padre espontáneamente, hace falta una atribución simbólica, una adopción, tanto del lado del padre como del lado del hijo, para que la función se sostenga en el genitor, se encarne. Las funciones no son naturalmente ocupadas sino que deben ser adoptadas por cada uno de los sujetos allí en juego, para que el intercambio y la transmisión acontezcan. Esta película corrobora precisamente que PADRE es una función y que en él hay un deseo encarnado.

El director de la película opera como un psicoanalista en el sentido que sabe que la historia va del porvenir al pasado, y que si bien no es seguro que se pueda cambiar el futuro, apostamos a que, a través de un análisis, se puede cambiar el pasado, teniendo en cuenta que la verdad tiene estructura de ficción. La experiencia analítica es uno de los pocos espacios donde se respeta lo imposible de decir, y más allá de lo éticamente bueno o malo, o de los prejuicios, lo que rescata el psicoanálisis es la verdad de cada uno, orientado por el síntoma de quien sufre.

Podemos vincular la resolución de la película con lo que acontece en la actualidad, en donde las ficciones familiares estén debilitadas, reducido los lazos sociales, generando una especie de horizontalidad donde nada se resuelve y no hay una palabra última, solo existen modos de seguir funcionando, como piezas sueltas. Sin embargo es tarea del psicoanálisis alentar a producir nuevas invenciones o nuevas versiones para que algo como el padre funcione.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Dolto, F. (1994) La imagen inconsciente del cuerpo. Buenos Aires: Paidós.

  • Freud, S. (1919 [2009]) Lo Ominoso. Obras Completas. Tomo XVII. Buenos Aires. Amorrortu.

  • Freud, S. (1923 [2007]) El Yo y el Ello. Obras Completas. Tomo XIX. Buenos Aires: Amorrortu.

  • Garrido, P. (2010) El cuerpo. Un recorrido por los textos de Jacques Lacan.

  • Lacan, J. (1938 [2012]) Los Complejos Familiares. Otros Escritos. Argentina: Argonauta

  • Lacan, J. (1972-1973 [1995] “Aún” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro 20. Buenos Aires: Paidós.

  • Lacan, J. (1954-1955) “El Yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro 2. Buenos Aires: Paidós.

  • Laurent, E. & Miller, J.A (2005). El Otro que no existe y sus comités de ética. Buenos Aires: Paidós.

  • Nasio, J. D. (1996) Enseñanza de 7 conceptos fundamentales de psicoanálisis. Barcelona: Gedisa.

  • Zizek, S. (1999) El acoso de las fantasías. México: Siglo XXI.