YO, MI MAMÁ Y YO

ANA MEYER
Psicoanalista en Bs. As., Argentina

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La experiencia del psicoanálisis nos enseña que la vida sexual de los seres parlantes, cada caso, es una invención absolutamente singular. Los goces sexuales toman la forma de creaciones contingentes, no habiendo universal para los roles masculino y femenino. Como bien lo dice Lacan (1971-1972 [2012], p. 13) en El Seminario Ou pire, “el hombre y la mujer no sabemos lo que son”.

Es por esta razón que los sujetos reclaman el derecho a una sexualidad no fijada por modelos tradicionales y para siempre.

La diferencia entre el hombre y la mujer no es biológica, la comedia de los sexos obliga a cada uno de los partenaires a hacer de hombre o a hacer de mujer, lo que hace que la falta se enmascare.

Podemos aplicar esto a Guìllaume y los chicos a la mesa! (Gallienne, 2013), película escrita, dirigida por Guillaume Gallienne e interpretada en su doble papel, el de él y el de su madre. Por lo tanto desde el comienzo, las cosas no son como son.

El primer recuerdo que tengo de mi madre es de cuando tenía cuatro o cinco años: nos llamaba a mis dos hermanos (mayores) y a mí a la mesa diciendo : Niños, Guillaume, a cenar !, y la última vez que hablé con ella por teléfono colgó diciendo : Cuídate mi niña grande. Y, bueno, entre estos dos momentos hubo un buen número de malentendidos… ”, dice Guillaume Gallienne.

Si el adolescente es representado por un señor adulto, y el papel de madre —personaje central— interpretado por un sujeto masculino, diremos que desde el primer minuto la película rompe con cualquier posiblidad de sostener la ilusión de que “las cosas son como son”.

Los analistas trabajamos con el equívoco, entonces ¿Qué podemos decir que es Guillaume?

El sexo no define ninguna relación para el ser parlante y esto se puede ver en los dichos de este muchacho.

Es Lacan quien nos empuja más allá del sentido; el sujeto hizo su interpretación: “soy una niña” y la cuestión está tratada a partir de sus ensoñaciones: ser Sissí, los dobles por los que el actor representa el papel de su madre, siendo dos hombres, haciendo de mujer: un hombre que hace de mujer, un hombre que hace de hombre que hace de mujer. El lenguaje, está tomado por aquello de real que por él pasa.

Los padres, desde el vamos los tildan, hombre o mujer y el sujeto se mueve a partir de identificaciones. Todo pasa porque es el lenguaje aquel que nos atraviesa.

—”Je suis une fille !”, repite Guìllaume. Pero en la película es la identificación como homosexual, como cierto empuje a identificarse allí, lo que produce la separación, abriendo una brecha entre el “ser homosexual” y el “ser una hija – ser una niña”

Después de una decepción amorosa, su madre lo empuja a la normalización: —”No pasa nada, muchos terminan siendo felices… ”

—”¿Muchos qué?”, pregunta Guillaume, —”Homosexuales”, dice su madre.

Esta diferencia hace estallar la supuesta correspondencia entre identificación sexual y elección de objeto —”Pero ¿Qué dice? ¡Si yo soy una niña! ”

Su respuesta denota que algo se ha desanudado, la imagen del espejo estalla, se desintegra, cae la identificación. Aquí la cuestión es con la fille como interpretación del deseo materno, ser la hija que desearía su madre.

Por lo tanto la identificación que se anudaba al fille se suelta definitivamente ante la denominación de homosexual.

Entonces es cuando la elección del sujeto dice “no” pues su elección de goce responde a su modalidad y no a la de su madre.

Es el modo de goce en cada uno el que escribe su singularidad.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Lacan, J. (1971-1972 [2012]) “ Ou Pire ” En El Seminario de Jacques Lacan. Libro XIX. Buenos Aires : Paidós.