DESTELLOS

SMANIA | Drone 2017-01-23T04:25:44+00:00

DRONE

GISELA SMANIA
Psicoanalista en Córdoba, Argentina

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Force Majeure —Fuerza Mayor (Östlund, 2014)— es una de esas películas que saben encender el debate. Las declinaciones y los sentidos posibles que destila la trama sobre la que cabalga, nos permitiría seguramente ubicar muchas de las problemáticas que signan hoy el mundo en que vivimos. Sin embargo, les propongo en esta oportunidad, el ejercicio de introducir una lectura un poco más herética, que se anime a soltar por un momento la fuerza argumentativa para avanzar, entre líneas, en busca del detalle.

Me gusta jugar con la idea de que el escenario propiamente dicho adquiere en esta película, sin más, el papel protagónico. Se trata de un mundo donde todo está finamente protocolizado —los disparos de nieve, los ascensos, las vestimentas, etc.—, una composición estricta de lugares que sitúa un escenario verdaderamente incómodo. Así, en el reino del orden, de la pulcritud y lo calculado, “el Real mete su cola” y un acontecimiento imprevisto conmueve decididamente esa rutina, desnaturalizándola por completo. De allí en más, el espectador quedará conminado a palpar de manera creciente la posibilidad de una próxima sorpresa. Entonces, podemos suponer que estamos familiarizados con este tipo de escenarios de nieve, entendiendo que se trata del aparato que se monta —por ejemplo— para el consumo turístico, pero si corremos ese sentido, podemos captar en la película finamente su carácter de artificio, casi surrealista. Nos volvemos espectadores incómodos de esta verdadera “máquina de habitar”, como diría Le Corbusier, pescando su dimensión de bicho urbano y tecnológico metido en medio de semejante fenómeno natural.

Entre lo inhóspito y la tecnología, aparece entonces el detalle que me interesa introducir. En pleno despliegue del drama familiar que se avecina, casi como un witz, un drone aparece en la escena sin ningún sentido aparente, como un objeto volador que sobrevuela en absoluta soledad el lugar donde acontecen los hechos, acentuando incluso el espíritu surrealista del contexto. Nos llevará un lapso de tiempo percatar que es la familia quien, con esfuerzos e improvisación, manipula el objeto volador desde la ventana del hotel. Así aparece, en el marco del acontecimiento familiar que ha puesto en jaque al padre y su acto, el drone con su guiño. Un vehículo aéreo, cuya característica es la de no ser tripulado, pone sobre el tapete el asunto de la conducción en la época del Otro que no existe. Allí donde vacilan los semblantes y ya no hay garantías, la película parece insistir hasta su propio final en que, caído el padre, pareciera no haber conductor en quien confiar, entonces ¡todos abajo del colectivo! No hay tragedia, hay más bien gestos exagerados delineados sobre un fondo de humor, entre el vaticinio y el absurdo. El drone, que sólo cobra su lugar en los bordes de la escena, vuelve a aparecer para emular la irrupción de algo absolutamente inesperado, en la charla conmovedora que la pareja lleva adelante con el amigo y su joven novia. Es así como el drone, entre el humor y la tragedia, ayuda a contar una historia sobre lo incalculable de un acto y cómo reacciona el ser humano frente al imprevisto.

Desde la perspectiva del Psicoanálisis, podemos preguntarnos a qué llamamos acontecimiento imprevisto, entendiendo que hay momentos en la vida de un sujeto que marcan definitivamente un antes y un después. La experiencia analítica misma nos enseña de qué manera la irrupción contingente de un hecho en la vida puede marcar una ruptura respecto a la manera en que las cosas venían escribiéndose para alguien y cómo el principio de realidad en el que se vive queda absolutamente afectado por esta irrupción que desacomoda las piezas del tablero. A partir de allí, algo cesará de escribirse idéntico.

Ahora bien, de un hecho contingente al acontecimiento como tal hay un paso que debemos poder dar y la película nos sirve en este punto: en este caso el acontecimiento no está en la avalancha de nieve, sino en lo que precipita dentro de los lazos familiares, en la conmoción que introduce. El dato interesante no está entonces en el tamaño del acontecimiento sino en su sutil consecuencia. Esta es precisamente la observación a contracorriente que introduce el Psicoanálisis, en una época signada por la globalización de las experiencias traumáticas, donde todo puede ocurrir en cualquier esquina, en un centro de esquí, etc. Contamos así con un doble movimiento: el momento de ruptura, de tropiezo y extrañeza que puede llegar a producir una contingencia y el momento de su apropiación, de su inscripción.

Frente a lo Real que nunca se comporta según nuestra conveniencia —un Real sin ley, decimos con Lacan— opaco al campo del sentido, nos toca localizar la respuesta y la interpretación —singular e irrepetible— de cada quien. Para situar este preciso detalle, la película nos presta por un rato su belleza.