LO IMAGINARIO DEL AMOR

Los amores imaginarios (Dolan, 2010)

PATRICIA ROJO
Psicóloga en San Luis, Argentina

NORMA SIERRA
Psicóloga en San Luis, Argentina

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“No hay más verdad en el mundo que el delirio amoroso”

Alfred De Musset

Los Amores Imaginarios (Dolan, 2010), es una película canadiense, estrenada en el Festival de Cannes 2010. Es un film de ficción pero también testimonial. La cámara convierte al espectador en testigo, en algunas ocasiones ocular; en otras haciéndolo partícipe de escuchar monólogos de jóvenes quejumbrosos que buscan respuestas al desamor y al rechazo que han experimentado.

Amores triangulares, narcisismos, belleza, banalidad, son algunos de los temas que están presentes a lo largo de la historia, en la que todo gira fundamentalmente alrededor de la seducción.

La trama es sencilla, dos amigos que se enamoran de un mismo joven de sexualidad incierta y de una belleza que nos remonta a un ideal de la belleza griega.

Podríamos dividir la película en dos tipos de escenas que nos presentan dos aspectos diferenciados de las relaciones, por un lado el enamoramiento movido por la seducción, la belleza, el juego de miradas. Por otro las escenas de sexo que proponen mostrar la sensualidad pero también la insatisfacción de los personajes cuando se trata de sexo por el sexo mismo.

Francis (Xavier Dolan) y Marie (Monia Chokri) son dos amigos que se ven envueltos en una competencia por conquistar el amor de Nicolás (Niels Schneider), “Adonis” poseedor de una carga erótica que lo rodea como una aureola, desde el primer momento ante el espectador, y que nunca lo abandona. Ante esta representación apolínea, ¿quién podría dejar de doblegarse? Nicolás lo sabe y lo utiliza. Él se deja querer por ambos; su ambigüedad sexual no es un obstáculo, al contrario, es su fortaleza, una particular condición humana que desencadena sentimientos, emociones y malos entendidos, fincando amores imaginarios.

Ambos protagonistas amigos se van deslizando cada vez más por una pendiente obsesionalizada de fantasías con el mismo objeto de deseo.

Paralelamente deseos, afectos, pasiones de Marie y Francis son vertidos con extraños, consumados en el sexo como única válvula de escape.

En este film el director, busca mostrarnos cómo el enamoramiento puede tornarse absoluto e incondicional tan sólo por la representatividad que de alguien se tiene. Y lo que sucede cuando lo único que nos acerca al otro es lo Imaginario del amor.

“Profunda insatisfacción guarda mi alma, nunca me miras como yo a ti. Amas el concepto más que la persona, en lo cotidiano ya nada funciona”, texto de Oswaldo Bravo Sánchez, leído por Nicolás a sus dos enamorados, ¿sin saber lo que con esto les decía? Sobre esta rara cualidad de lo Imaginario, que por instantes permite al sujeto creer que es dueño de una certeza, que existe correlación entre significado y significante. Que aquello que cree ver o escuchar es eso, y no hay lugar para la diferencia, la pregunta, el enigma.

A su vez están los pequeños detalles, todo insinuado para que lo descubramos a partir de la estética de las imágenes. Los restos de las fiestas es uno de esos detalles, ¿qué nos muestran esos desechos, si no es algo de lo real que esconde y se escamotea a través de la seducción y la ilusión amorosa? Después de la fiesta quedan restos de los cuerpos. En la fiesta se trata de imágenes atractivas, del culto a la vestimenta, a la música y al movimiento, luego Dolan nos presenta los restos de esos cuerpos, y el amor frustrado.

O sea, que a pesar de la prevalencia de una cuidada estética visual y sonora en toda la película no deja de ser una historia que nos muestra la crudeza de los desencuentros, el vacío del desamor.

Freud se preguntaba ¿por qué alguien dejaría de estar inmerso en la satisfacción del autoerotismo, sólo con su cuerpo, sin compañía?

Y la respuesta la podemos encontrar en el amor. Es el amor el que nos abre una dirección al Otro, es el que hace que se renuncie, por momentos, a ese “goce del idiota”.

¡Nicolás! ¡El hermoso Nicolás! ¿Qué podríamos decir de este personaje? Esa especie de semidiós griego, por momentos con el narcisismo de la bella indiferencia, y en otros una figura del cinismo, como en la escena del parque cuando los mira a ellos, para seguir mirándose a sí mismo a través de la mirada de sus enamorados. Ellos peleando por él ¿qué mirada le devuelven? Nicolás decide irse, ya no le interesa. Se introduce allí algo que muestra otra cara del amor, ya no es la mirada embelesada de Marie.

¿Qué es el amor ilusorio, engañoso? La ilusión de que nos comprendemos mutuamente, que nos miramos y ya sabemos todo el uno del otro. Pero en algún momento el diablo mete la cola, y se introduce la imposibilidad en el amor. Entonces es cuando éste pasa a un registro más real, menos ilusorio, ya no se puede comprender todo ni de uno ni del otro en el amor, y por eso se hace necesario hablar. El problema es que hablar introduce el malentendido entre los sexos. La solución podría ser ¿entonces para qué hablar?, pero el silencio mata el amor, que siempre llama a la palabra. No hay salida, sino aceptar esa dimensión de imposibilidad de comprenderlo todo y de comprenderse en todo.

Por otra parte, el amor “imaginario”, sublimado, deja afuera la dimensión del encuentro con el cuerpo y el goce del partenaire. Esta sería la posición que nos muestra Marie, no importa el sexo, solo la compañía.

El amor divide subjetivamente porque siempre pone en juego la falta.

Respecto a las nuevas sexualidades es una película que nos habla del amor independientemente del sexo que se trate. Heterosexualidad, homosexualidad, hombres, mujeres. La ambigüedad sexual de Nicolás que en ningún momento se define. Al igual que la aparición del nuevo seductor al final de la película, representado por Louis Garrel, con una ambigüedad que se presenta nuevamente en ese guiño del ojo, un guiño que relanza la seducción indiferenciada, hacia los personajes de Marie y Francis, pero también a nosotros como espectadores.

En un artículo, llamado El objeto (a) sexuado, Miquel Bassols (2002) se pregunta:

¿Cuántos sexos llegarán a contarse en este nuevo siglo? Y dice que la pregunta tiene todo su interés porque desde distintos frentes parece anunciarse el final de la era de los dos sexos y el principio de su multiplicación al infinito. El problema es que una vez que se sobrepasa el dos, “ese dos en el que se fundaba la diferencia sexual como algo irreductible, la ciencia empieza a perder ya la cuenta de los sexos posibles. Y es sabido que una vez se descubre una posibilidad, por excepcional que sea, no tarda en aparecer la reivindicación del derecho al goce de esa misma posibilidad. Esta cuenta de los sexos es también, por lo tanto, la cuenta de los sexos que podrán elegirse por medio de las técnicas llamadas de “reasignación de sexo”.

¿Cuántos sexos llegarán pues a reivindicarse en este nuevo siglo, ya sea en nombre de la ciencia o de la multiplicación de los llamados géneros?” (Bassols, 2002).

En una de las entrevistas, vemos la dificultad para orientarse respecto a esta multiplicación de las posibilidades respecto a la diferencia sexual. Puede haber siete categorías dice el joven entrevistado:

Se puede medir. La escala de Kinsey tiene siete categorías, siete grados:

0 – Exclusivamente heterosexual

1 – Predominantemente heterosexual con experiencia homosexual

2 – Predominantemente heterosexual ocasionalmente homosexual

3 – Bisexual sin preferencias

4 – Predominantemente homosexual, ocasionalmente heterosexual

5 – Predominantemente homosexual, experiencia heterosexual

6 – Exclusivamente homosexual.

Marie- Hélène Brousse (2015) nos dice que “Cada uno debe construir su propia definición del género”. La autora llega a esta afirmación a partir de la siguiente puntuación:

“Respecto al registro Imaginario, se trata de identificaciones a categorías que remiten a la imagen del cuerpo, que en la especie humana son redobladas o corregidas por las marcas sociales”. (Brousse, 2015)

En cuanto al orden Simbólico, define categorías de discurso que prescriben lugares, roles sociales así como modos de gozar diferente, lo cual implica desde hace unas décadas la presencia de una “fragilización de las identificaciones tradicionales”. (Brousse, 2015)

Y a nivel de lo Real, lo masculino y lo femenino se reducen a células que se emancipan de las referencias exclusivas que constituían anteriormente la imagen global del cuerpo y del discurso del amo.

¿Demanda y Deseo protagonistas principales?

El deseo histérico tiene la peculiaridad que es siempre deseo de deseo. Siempre tratando de mantenerlo insatisfecho para mantener al Otro en vilo, para mantener en suspenso el deseo del Otro. Es así como los sujetos creen que realmente desean lo que demandan, pero lo que piden no es lo que desean. La incompatibilidad radical entre la demanda y el deseo es la causa del desencuentro que se produce entre hombres y mujeres; esto implica que hay incompatibilidad entre la palabra y el deseo porque la palabra se relaciona con la demanda.

El hecho de que al sujeto la palabra le llegue del Otro nos demuestra que la palabra humana es siempre una palabra que demanda amor, pide amor, no es la demanda de un objeto determinado.

De esta manera con esta primer proyección de nuestro Ciclo de Cine y Psicoanálisis 2015 inauguramos una lectura por dichos caminos que llevan al diálogo con los signos, allí en ese punto de intersección en el cual los espectadores no tienen que recibir mensajes sino preguntas, y el que hace no tiene que dar órdenes sino mostrar a partir del hecho artístico inquietudes a compartir con destinatarios anónimos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Bassols, M. (2002) “El objeto (a) sexuado” en Mediodicho 24. Publicación de la EOL sección Córdoba
  • Brousse, M.H. (2015) “Lo que el psicoanálisis sabe de las mujeres como ‘género´” en Psicoanálisis inédito. Disponible aquí