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GREGORET | La Mano de Dios o tomarle la mano a un deseo 2017-01-23T04:25:45+00:00

LA MANO DE DIOS O TOMARLE LA MANO A UN DESEO

BEATRIZ GREGORET
Psicoanalista en Córdoba, Argentina

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La fuerza mayor o causa mayor, también conocido como mano de Dios, “es un hecho que no se puede evitar y tampoco se puede prever. Tiene gran importancia, en Derecho, a la hora de establecer la responsabilidad por los daños”*.

¿Fue esta avalancha el hecho de fuerza mayor?

Avalancha controlada, insisten en aclarar. Lo escuchamos al padre que para tranquilizar a su familia les explica que —“ellos —los técnicos— saben lo que hacen”. Nos permite captar un corrimiento de la autoridad paterna y su desplazamiento a la autoridad científica. Nos movemos en la vida cotidiana confiando que los ingenieros, técnicos, bromatólogos, etc. saben los que hacen. Cada vez que nos subimos a un ascensor, al avión o comemos.

Pero ¿es a esta autoridad a la que llama el grito desesperado del hijo en la escena crucial?

Incluso hay un efecto de perplejidad de ellos cada vez que necesitan volver al relato del acontecimiento. Ha habido un antes y un después para cada uno. La vida nunca volverá a ser la de antes. Sus rostros desencajados lo reflejan bien…. pero están allí, están todos bien, se sientan a almorzar el plato de comida que unos instantes previos les habían servido. Un silencio brutal nos hace saber bien que algo los revolcó. Pero están esa noche cenando con unos amigos, a la siguiente con la otra pareja, como si todo pudiera continuar en su ritmo habitual y con el objetivo original perseguido de compartir esos días en familia.

Resulta que la avalancha había sido simulada, artificial, controlada…pero a cada uno de ellos los aplastó.

Volvamos a la frase del padre, de la que se sostiene él mismo, con la que pretende calmar a su familia y la reitera varias veces: —“ellos saben lo que hacen” —“lo tienen todo bajo control”. Los científicos y los técnicos saben lo que hacen. En la conferencia que Miquel Bassols (2015) dio en el marco del último ENAPOL** en San Pablo en septiembre Los hijos de la tecno ciencia y sus síntomas en el III Encuentro de la Diagonal Americana de la NRC*** Infancias techno: las imágenes y las tramas, ubicaba a todos como hijos de la tecno ciencia. Decía, nos encontramos en un mundo virtual en el cual el deseo queda excluido. Nos explicaba cómo la transferencia al mundo virtual, la transferencia que cotidianamente dirigimos a Google, como máquina de saber se reduce finalmente a la idea de un saber ideal reducido al conocimiento exhaustivo del objeto.

Entonces allí, precisaba que Google maneja mucha información pero no sabe nada, de hecho el efecto que produce es más bien el de una diseminación, una dispersión y deslocalización sobre a quién le suponemos saber. Nadie sabe muy bien qué es lo que sabe Google, sobre todo de uno mismo. Y en efecto, incluso, se abre un espacio del Otro paranoico cuando toma consistencia esa ilusión de un saber absoluto localizado en la máquina.

El director del film trae otra interpretación bien actual del saber, en las palabras del amigo que apoya en la neurociencia la reacción inesperada que cada quien tiene en un paralelo directo con la conducta instintiva animal. Un “hombre máquina” o un “hombre cerebro” no tendrían responsabilidad sobre sus actos.

Lacan no dudaba en decir que una máquina puede pensar, pero lo que no es aceptable, es que una máquina sepa. Entonces, la cuestión no es si una maquina puede pensar, sino si puede saber algo.

Y no sólo eso, sino que el problema hoy es que si una máquina puede o no gozar. Si puede hacer semblante o apariencia de goce. Y es lo que muchas películas de la ciencia ficción hoy interpretan y animan esta cuestión. Esto es lo que se está vislumbrando como el momento clave en el que una máquina podría confundirse con un ser humano. Si puede ingresar la dimensión del goce. Y, nos decía Miquel Bassols, que es a eso que están enganchados los hijos de la tecno ciencia. Encuentran en el mundo virtual, la realidad de un deseo excluido del deseo del Otro.

Y es aquí donde el Psicoanálisis debe hacer su apuesta para que el síntoma cuando queda reducido al trastorno pueda convertirse en un síntoma analítico, por la vía de la transferencia dirigida al Otro, a un Otro que no sea diseminado, que sea un Otro encarnado en el inconsciente del sujeto por la mediación de un analista.

Diría que la cobardía de este padre frente a su deseo, la avalancha que lo aplasta y mortifica, está depuesta ante este saber científico y ante su mujer, me animaría a decir, que para este hombre es ante LA Mujer que él hace existir. Para este hombre creo que toma este carácter.

Este hijo varón queda mortificado y solo frente a la pantalla de la tablet o fastidiado con un cuerpo con el que gruñe desde las primeras secuencias del film o demolido y tendido en la cama, a posteriori del acontecimiento.

Las palabras convenientes, que la psicología aconseja se aliente al niño, son justas las que se le dirigen a este pequeño: —“¡campeón!”, —“¡vamos Harry!”, —“¡estoy orgulloso de ti!”. Ninguna que abroche “un deseo que no sea anónimo” (Lacan, 1969 [1988], p.56), en las que el sujeto pueda encontrar una respuesta a lo que el Otro puede querer para él.

También tenemos la invitación conveniente y ajustada a la buena psicología del desarrollo, que les hace su madre, luego de la situación traumática, a que hablen. Del lado de la niña un grito fuerte para echarla, quizás podamos aventurar, más del lado de la identificación de esta chiquilla al modo materno. Del niño, si bien se pliega en el enfado de la hermana, más bien captamos, un enojo tibio, sin el ímpetu que posiblemente lo hubiera sacado, al menos algo, del derrumbe con el que queda tirado en la cama.

La única vez que lo escuchamos enunciar algo, es cuando queda con su padre, busca escaparse pero a él, consigue esbozar de alguna manera su temor: —“Tengo miedo se divorcien”.

Y también es él, el primero que abraza a su padre en el momento del desmoronamiento total de éste.

Luego de que su madre llevara al acto, así lo interpreto, “la avalancha”, “la fuerza mayor” de su goce de hacer a “su propio paso”, abandonando a su familia a su suerte, revés del lugar de víctima inicial.

Es su propio empuje por “hacer sola” con el que se confronta ante el abandono del marido en el acontecimiento, eso creo, pero que también con el que empuja a todos.

Precisemos, a todos no, una, la amiga, es la única que objeta al alud. Incluso desde el principio, es la única que interpela a esta tromba, con su solución singular a su posición femenina.

 Al final, lo vemos captar un signo de una pizca de goce de su padre: le pregunta — “¿fumas papá?”. Camina por primera vez animado y con un paso vivificado. Es apenas un detalle ínfimo que el director introduce en el film, alejado de cualquier idea de final feliz.

La lectura que el Psicoanálisis nos propone, no va por la restauración de lo que un buen padre ideal debería, una buena madre debería, etc. Sino que se juega en la chance para este niño de ligarse a un signo de satisfacción singular que anude un deseo. Aún si es a costo de la angustia, con el que consiga, y pienso que es lo importante a destacar, que es que más allá de las variaciones que se produzcan en las conformaciones familiares y en lo social, lo que posibilita un nuevo anudamiento, continúa siendo el síntoma.

Sigue siendo el síntoma, no como trastorno, sino el síntoma analítico como Freud lo pensó, es decir, no como una inadaptación a la realidad, sino como aquello que permite al sujeto, intentar adaptarse a ese real imposible de elaborar. El síntoma así gana otra función, no es un trastorno, es una tentativa de solución, es un intento de anudamiento a una satisfacción singular, como plantea Lacan de su última enseñanza.

*Extraído de https://es.wikipedia.org/wiki/Fuerza_mayor
**Encuentro Americano de Psicoanálisis de Orientación Lacaniana
***Nueva Red Cereda: La NRC reúne a grupos de diferentes países que se reúnen e
inscriben bajo el significante CEREDA —Centro de Investigación sobre el Niño en
el Discurso Analítico— vinculado al Instituto del Campo Freudiano.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Lacan, J. (1969 [1988]) “Dos Notas Sobre el Niño” en Intervenciones y Textos 2. Buenos Aires: Manantial