HACER ALGO CON EL DESEO DE LA MADRE

ROLANDO GIANZONE
Psicoanalista en Rosario, Argentina

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Xavier Dolan es un director canadiense de 26 años de edad que lleva filmadas hasta el momento cinco películas, la última de las cuales Mommy (Dolan, 2014) ganó el premio del jurado en el festival de Cannes del año 2014 ex aequo con Jean-Luc Godard.

En su producción cinematográfica pinta magistralmente las relaciones madre-hijo, la sexualidad de la época y los cambios generacionales. Construye sus películas a partir del entramado vivaz, agitado y perturbador en el que se ven envueltos sus personajes, donde el amor, la pasión, el sexo y el desenfreno se combinan con maestría.

Cuando contaba sólo con 19 años, dio a conocer su primera película Yo maté a mi madre (Dolan, 2009), una historia semi-autobiográfica que escribió a los 17 años. Unos años antes había escrito un texto que llamó Matricidio y que luego destruyó.

Él mismo escribió el guion basándose en sus propias vivencias y mezclando las mismas con la ficción. Además produjo y dirigió el film que coprotagoniza, por el cual ganó tres premios en el Festival de Cannes de 2009 y fue saludada con una ovación en la Qincena de Realizadores del mismo Festival.

Hubert (Xavier Dolan), el protagonista, narra con crudeza y sin autocompasión su crisis juvenil y el vínculo desgarrador y conflictivo entre él y una madre que ha decidido criar sola a su hijo. Enfrenta incansablemente a una madre que ama profundamente pero que no logra soportar. Ambos pasan de los gritos al silencio, del amor al odio, de virulentos ataques de furia y discusiones callejeras a arrepentimientos angustiantes. Los dos transmiten un cariño opresivo que los conduce a una hostilidad infranqueable.

El nudo de la trama se desencadena cuando una profesora le solicita a Hubert que realice una entrevista a su madre sobre su actividad profesional o laboral. Él declara que su madre ha muerto. A partir de allí la profesora pasa, como en muchos de sus films, a convertirse en una mujer sustituta. Una versión mejorada y corregida del imperfecto modelo materno.

En una entrevista, Dolan declaró que fue criado por su abuela, su tía abuela y niñeras. —“Ese soy yo”, confiesa, —“esa es la gente de la que quiero hablar, a las que quiero poner en mis películas para verlas fracasar o triunfar”.

Desde el Psicoanálisis sabemos que la relación con la madre es un fantasma común a todos y es a la vez un límite.

Siempre se cuenta con la madre.

El deseo de la madre siempre produce estragos, dice Lacan en El Seminario 17. Agrega: “el deseo de la madre es capital (…) no es algo que pueda soportarse tal cual, que pueda resultarles indiferente” (Lacan, 1969-1970 [2006], p. 118).

Y trae un ejemplo de la etología: “es estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la madre”. El cocodrilo lleva sus crias en la boca, pero tiene tendencia a quedarse dormido, y “no se sabe que mosca puede llegar a picarle de repente”, dice Lacan, “y va y cierra la boca. Eso es el deseo de la madre” (Lacan, (1969-1970 )[2006], p. 118).

Pero “hay algo tranquilizador (…) Hay un palo, de piedra por supuesto, que está ahí, en potencia, en la boca, y eso la contiene, la traba. Es lo que se llama el falo. Es el palo que te protege si, de repente, eso se cierra” (Lacan (1969-1970) [2006], p. 118).

Como en todas sus películas Dolan interroga la feminidad, en este caso en el personaje de su madre. Interroga qué deseo tiene la madre por él. El deseo es el deseo del Otro. Un capricho insensato.

La homosexualidad de Hubert —Dolan ha reconocido su condición de gay— es un intento de encontrar el falo en la imagen del otro.

En esta película Dolan logra hacer algo con el deseo de la madre, barrarlo, asesinarlo, con los recursos de la escritura y la cinematografía.

A partir de allí puede, en sus siguientes películas, avanzar en el mundo femenino que es lo que le interesa interrrogar, el lugar de las mujeres.

En una reciente entrevista, Dolan declara que en su identidad sexual encontró las historias que escribía, especialmente dice, “el punto de vista femenino”. Agrega:

Como un joven gay, uno intenta integrarse. Luego entendés que hay otra gente que también tiene que luchar para encontrar su lugar, para definirse ante los demás. Ese es el lugar de las mujeres, y esa es la razón por la que me identifico con ellas. Esto es particularmente cierto cuando se trata de las madres y los sacrificios que deben hacer. Yo maté a mi madre está escrita desde el punto de vista del hijo, pero al final gana la madre: ella tiene las escenas más emocionales y se convierte en la víctima y el héroe. Para mí es lo más natural, abrazar el punto de vista de las mujeres, y en especial de las madres (…) Las madres nunca son culpables de los problemas de sus hijos. Esa es una forma de pensar muy machista.

Aunque declara que no tiene que hacerle creer a nadie que es una persona cultivada, dice que no lo es, se encuentran en Yo maté a mi madre referencias a Alfred de Musset en el libro que le pide la profesora que lea. Musset escribió a los 14 años À ma mêre (1824).

En una escena se ve una copia del cuadro de Klimt Las tres edades de la mujer y alusiones al driping de Jackson Pollok.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Lacan, J. (1969-1970) “El Reverso del Psicoanálisis” en El seminario de Jacques Lacan. Libro 17. Buenos Aires: Paidós.