HÉROES DE LA PANTALLA CHICA

NATALIA FERNÁNDEZ
Psicóloga en Córdoba, Argentina

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¿De qué hablamos cuándo decimos héroe? Este concepto anidado en la mitología, nos confronta hoy a algunas preguntas por los héroes de nuestro tiempo, ya que en apariencia, los héroes de las pantallas, poco tienen que ver con la definición clásica del concepto.

El autor Joseph Campbell, nos enseña en Las mil caras del Héroe (1959 [2014]) que:

El héroe, es el hombre o la mujer que ha sido capaz de combatir y triunfar sobre sus limitaciones históricas personales y locales y ha alcanzado las formas humanas generales, válidas y normales (…) El héroe ha muerto en cuanto hombre moderno, pero como héroe eterno ha vuelto a nacer (Campbell, 1959, p. 35).

El héroe entonces, como eje del relato literario, tiene trazado un camino que lo orienta hacia los periplos que deberá enfrentarse; es decir, tiene una razón de ser, una causa en el mundo que lo constituye como tal. Su orientación en el mundo se rige como un servidor de la ley, entendiendo los límites que se marcan, por lo que un héroe siempre está cercano a la sociedad que habita.

Anida un secreto que es inaccesible a través de la palabra, la constitución como tal, se desplaza en el tiempo y se adquiere bajo un orden natural que trasciende generaciones.

El héroe pese a su endiosamiento, era efectivo como figura representativa de una época, de su época, porque llevaba las marcas y los sueños del conjunto de los hombres y mujeres de su tiempo; era aquel que abría las posibilidades del futuro (Forster, 2011, p. 34).

Ricardo Forster (2011) no duda en enunciar que el héroe ha muerto, y que la historia se descompone en millones de fragmentos que no encajan como piezas en un rompecabezas, sino que evidencian una realidad estallada con una temporalidad alocada. Entonces, la muerte del héroe conlleva una relación con la proliferación de seriales televisivos —americanos—, dada la fragmentación del relato, multiplicidad de personajes e historias únicas.

Freud nos presentó en el siglo pasado, el valor del entramado edípico en la novela familiar. Lacan, ubica el mito en el corazón de la experiencia analítica, como un pequeño guión fantasmático, que da una fórmula discursiva a lo que no puede ser trasmitido en una definición de verdad absoluta, dado que la definición de verdad solo puede apoyarse sobre ella misma, solo puede expresarse, de un modo mítico (Lacan, 1952 [2009]). En este sentido puede decirse que es en el Complejo de Edipo donde se concretiza la relación intersubjetiva y tiene un valor de mito.

En un reciente artículo, Gerard Wacjman (2011) afirma que en las series, se muestra al héroe vacío de sentido y enfermo. El héroe moderno ha perdido la dimensión trágica de sus aventuras, incluso se lo ve como un sujeto que sufre, porque su sistema de valores se ve tambalear y no puede hacer nada para impedirlo.

En las series de televisión, podemos ver que el relato lo llevan adelante sujetos que encarnan la figura opuesta al héroe tradicional, el antihéroe. En la literatura, el paradigma de esta figura es Don Quijote de la Mancha (Cervantes, 1605); un protagonista desgraciado, ineficaz, desprovisto de cualidades extraordinarias, como la belleza o el valor, que realiza actos juzgados como “heroicos”, llevados adelante con métodos que no lo son.

Por su parte en televisión, la premiada serie Breaking Bad (AMC: 2008- 2013) —una de las posibles traducciones del título es echándose a perder— encontramos a Walter White (Bryan Cranston) que tras el diagnóstico de cáncer se preocupa por el pasar que vivirá su familia tras su inminente ausencia, generando riquezas mediante la fabricación de metanfetamina, asegurando que vivir fuera de la ley lo dignificó ante los otros: —“Comencé a vivir cuanto más cerca de la muerte estaba”.

La serie The Sopranos (HBO: 1999-2007) fue pionera en mostrar la caída del héroe. Vemos a Tony Soprano (James Gandolfini), lidiando con viejas deudas familiares siendo maltratado en su trabajo con las leyes del mundo moderno, donde ya no es suficiente la amenaza de unos matones para que los ciudadanos paguen. Ante la deficiencia de las instituciones, el antihéroe encarna la ley.

Brett (2014) en Hombres Fuera de Serie asegura que los personajes que se vislumbran en las series pertenecen a una especie de “hombres acosados”. Hombres hostigados, fastidiados, infelices, moralmente cuestionables, complicados, preocupados y frustrados por el mundo moderno. Se trata de personajes a los cuales, en su día, la opinión pública norteamericana nunca habría permitido instalarse en el living de su hogar, pero reconocerlos como hombres que hacen el esfuerzo por luchar y actuar correctamente les otorga un lugar.

De este modo, es posible sostener siete temporadas de Mad Men (AMC: 2007-2014), siendo espectadores de los desaciertos constantes de Donald Draper (Jon Hamm), así como implicarse emocionalmente “e incluso apoyar a una serie de delincuentes cuyos delitos iban desde el adulterio o la poligamia (Mad Men y Big Love) hasta el vampirismo y los asesinatos en serie (Sangre fresca y Dexter)” (Brett, 2014, pp. 9-10).

Este autor plantea que si hubiera un objeto característico de esta época de la televisión, este sería el teléfono móvil, sonando siempre, en momentos poco adecuados para dar generalmente malas noticias, que cambian el rumbo de la serie. En Mad Men en cambio, no hay un objeto característico, sino objetos, que se construyen discursivamente a partir de slogans que generan una necesidad en los consumidores.

Si entendemos al héroe moderno como “la encarnación de los ideales, la utopía y la sustitución de Dios, llenando con su acción transformadora el vacío dejado por su ausencia” (Forster, 2011, p. 32); el héroe de esta época también responde a Dios, pero esta vez al Dios del Capital.

La serie Mad Men muestra cómo la sociedad es comandada desde la lógica del dinero. Desde Peggy Olson (Elisabeth Moss) —la secretaria que ingresa al mundo de la publicidad, hasta el momento un universo reservado a los hombres— accediendo a píldoras anticonceptivas, como conquista de la ciencia en la sexualidad femenina, hasta Don Draper exigiendo saber qué le pasa a su esposa mediante el llamado al psicólogo de ella, al que le dice —“Yo pago por esto”.

En la serie entonces, queda evidenciado el héroe de la actualidad puesto al servicio del Capital. Don se trata de un sujeto exitoso, dueño de la vida que siempre soñó, del sueño americano hecho realidad; pero lo que la serie pone en evidencia, en realidad, es que se trata del antihéroe por excelencia. Don funciona en la serie como aquel que tiene respuestas, el garante de que todo suceda en la publicidad. Es el que inventa e instala la falta, quedando por fuera de tal lógica. Es al final de la temporada número tres, donde se lo ve a Don dividido frente a su esposa, quien le dirige una pregunta en relación al ser, —“¿Quién eres en realidad?”.

Don Draper es un mito dentro de la agencia “Sterling Cooper”, mito que devela la aventura individual y el éxito inmediato, dejando atrás los grandes relatos que prometían triunfos en conjunto y la redención colectiva. “El triunfo del héroe moderno prometía el triunfo del conjunto; el triunfo del héroe contemporáneo solo expresa su aventura individual en contraste dramático con la realidad terrible de la inmensa mayoría de la humanidad” (Forster, 2011, p. 35).

Así como la desaparición de los grandes relatos, los telespectadores esperan frente a sus pantallas un héroe a la altura de estos tiempos, donde pareciera que el sufrimiento y la tristeza son la condición de los hombres que dan vida a los personajes y les sienta bien, tal como en Deadwood (HBO: 2004-2006), True Detective (HBO: 2014- 2015), The Sopranos (HBO: 1999-2007).

Wacjman asegura que la mirada desempeña en la actualidad una nueva función política. “The Wire (HBO: 2002-2008) refuerza la idea de que es quizás en las series donde se despliega hoy el pensamiento sobre la época; lo cual, lejos de tener que desesperarnos en cuanto a esta última, debería llevarnos a admirarlas más” (Wacjman, 2011, p.132). Del héroe actual entonces, se espera espectacularidad en las pantallas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Brett, M. (2014) “Hombres fuera de serie”. Buenos Aires: Ariel.
  • Campbell, J. (1959 [2014]) “El héroe de las mil caras: Psicoanálisis del Mito” en Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires: 2º edición.
  • Forster, R. (2011) “La muerte del héroe”. Buenos Aires: Ariel.
  • Lacan, J. (1952 [2009]) “El mito individual del neurótico”. Buenos Aires: Paidós.
  • Wacjman, G. (2011) “La ley de las series” en Freudiana revista psicoanalítica. Revista de psicoanálisis de la ELP Catalunya Número 62. Barcelona, España.

  • Wacjman, G. (2011): “El ojo absoluto”. Buenos Aires: Ediciones Manantial.