¿CINE VS. SERIES?

Equipo de Investigación “Las Series de Tv y el Psicoanálisis del siglo XXI”
Integrantes: Soledad Arraes, Lorena Beloso, Juan Pablo Duarte, Lorena Figueroa,
Paula Guzmán, Natali Ivanier, Jesica Wainscheinker
Coordinación: Jorge Assef

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INTRODUCCIÓN

Por Jorge Assef

Afines del 2015, en el grupo de investigación “Las series de tv y el Psicoanálisis del siglo XXI” del Programa de Investigación Cine, Psicoanálisis y Otras Miradas del Centro de Investigación y Estudios Clínicos, Córdoba —CIEC—se abrió el debate sobre una supuesta tensión entre las series norteamericanas de tv y el cine, como si el declive de uno de estos productos estuviera asociado al crecimiento del otro, como si uno lograra estar más aggiornado a la época que otro, como si uno fuese de mejor calidad o alcanzara mayor profundidad sobre otro que permanece en el terreno del entretenimiento banal, etc.

El debate se desprendía de algunos autores que sin duda sostienen algo así.

Para empezar, en nuestra conversación acordamos que las series son de una enorme proliferación y tienen una larga historia, lo cual no hace posible hablar de forma unánime sobre ellas, ni decir que hayan ganado o perdido una batalla sobre otros formatos audiovisuales, las series han tenido sus “épocas de oro”, sus declives y sus resurgimientos, y han contado entre sus filas con obras buenas y malas, exitosas y grandes fracasos, etc.

Sí, se podría hablar de que actualmente las series de tv están en un buen momento, cuentan con un gran valor artístico, enormes presupuestos, éxito masivo en el público, difusión global, captan mucha atención de los intelectuales y los críticos, y alcanzan índices de espectadores y de ganancias inéditos.

También es cierto que como algunos autores —por ejemplo Jorge Carrión— señalan las series actuales, y sus creadores, cuentan con el cine como su primer referencia, retoman temáticas, personajes y mitos del cine clásico, incluso muchas veces producen una interpretación del sentido construido por el cine, el ejemplo más habitual es Los Sopranos (HBO: 1999-2007) con el cine de gangsters, especialmente el Coppola, o el personaje de Don Draper en Mad Men (AMC: 2007-2015) con el neorrealismo italiano.

No obstante, estas cuestiones que hacen al terreno de la crítica, desde el Psicoanálisis insistimos en preguntarnos cuáles pueden ser las condiciones que hacen que hoy las series de tv tengan ese gran alcance en las subjetividades contemporáneas, de qué ésta hecho su éxito, y cómo nos construyen e interpretan a los sujetos actuales.

En este escrito ofrecemos dos lecturas de los integrantes de nuestro equipo de investigación del cual se desprenden nuestras hipótesis.

CINE Y SERIES. CRUCES Y DISTANCIAS

Por Soledad Arraes

En los últimos años las similitudes entre una película y el capítulo de una serie han ido en aumento, tanto en relación a formato, calidad, público, presupuesto, directores y/o elenco. Pensamos que hay varios puntos en los cuales estos dos tipos de productos audiovisuales se encuentran y entre sus diferencias y semejanzas dialogan.

A sabiendas de que hablar de “el cine” o “las series” es un reduccionismo que no hace honor a la complejidad de esos campos, utilizaremos estas expresiones en sentido laxo para explorar algunos de los puntos donde cine y series se cruzan.

Una de las principales diferencias es la limitación temporal propia del relato cinematográfico, la cual circunscribe su estructura de narración a una historia acotada. No obstante hay formatos de televisión que poseen estructuras cerradas, de tiempo limitado, por ejemplo el sitcom*, estructura autoconclusiva por definición, y también es cierto que en el cine se producen precuelas, secuelas y sagas exitosas**. Entonces, la diferencia más bien radica en que el ritmo del relato en las series televisivas aporta una expansión argumentativa que las hace parecer infinitas, siendo esto imposible para una película.

Por otro lado, cabe mencionar la inclinación contemporánea a realizar series de tv basadas en films, como 12 Monkeys (Syfy: 2015) derivado del film homónimo (Gilliam, 1995), From Dusk till Dawn (El Rey Network: 2014) que viene de la saga producida por Quentin Tarantino y Robert Rodríguez (1996), Bates Motel (A&E: 2013) que retoma el argumento de la película Psicosis (Hitchcock, 1960), Spiderman (FOX: 1994-1998) de la cual tenemos el comic, la película (Raimi, 2002) y el libro, Fargo (FX: 2014) que se desprende del largometraje de Ethan y Joel Coen (1996), etc. O incluso series cuyos personajes son inspiraciones cinematográficas como Hannibal (NBC: 2013-2015) el personaje protagonista del film The Silence of the Lambs (Demme, 1991), claras referencias a Gary Cooper en The Sopranos (HBO: 1999-2007), o la alusión y guiño a El Padrino (Coppola, 1972) en el intenso octavo capítulo de la segunda temporada de Leftovers (HBO: 2014).

Así, para muchos críticos lo que las series de tv consiguen hacer es una interpretación contemporánea del cine como modo clásico de construcción de sentido.

Por consecuente podríamos inferir que muchas series deciden servirse del cine para desarrollar una historia, apelando a una masividad que este último difícilmente pueda igualar. En esta línea muchos de los telespectadores de Bates Motel (A&E: 2013), posiblemente nunca hayan visto el film de Hitchcock (Psicosis, 1960).

En ese sentido y a diferencia del cine —salvo el más comercial—, es un producto de consumo que se vende como prêt á porter adaptándose a todas las modalidades de goce. Efectivamente, las hay para todos los gustos: series mainstream que permanecen largas temporadas en pantalla —CSI (CBS: 2000) , Two and a half men (CBS: 2003-2015)—, con grandes producciones —Breaking Bad (AMC: 2008-2013), Boardwalk Empire (HBO: 2010-2014)—, con finales que difícilmente contenten al colectivo de fanáticos —Lost (ABC: 2004-2010), The Sopranos (HBO: 1999-2007)— series que reproducen el discurso científico imperante y el rebasamiento de la tecnología sobre los cuerpos —Black Mirror (Endemol: 2011), Minority Report (FOX: 2015)—, series bélicas que apuntan al enemigo —The Pacific (HBO: 2010), Masters of the air (HBO: 2015)—, series cuyo ingrediente de éxito es la fascinación por el imaginario que conllevan —Gossip girl (The CW Telvision Network: 2007-2012), Two broke girls (CBS: 2011-2015)— y las cuales codifican un otro escenario completamente dispar a la vida regular de los sujetos de consumo —Twin peaks (ABC: 1990-1991), Walking dead (AMC: 2010), Games of thrones (HBO: 2011)—.

Probablemente este sea el punto singular de las series, están hechas para el consumo masivo, su duración permite mutarlas según los testeos de mercado, y así consiguen crear la ilusión de un producto personalizado al goce de cada quién. Convirtiéndose muchas veces en objetos de adicción, como lo plantea M-H Brousse (2015): “…son hechas, producidas y escenificadas para cumplir con este objetivo de impedir al espectador que pare de ver. Es una adicción que permite vivir en un mundo ordenado por el deseo del Otro”.

Sucede que hoy las series de televisión experimentan una significativa popularidad, son consumidas por una gran variedad de sujetos, a toda hora, y como dijimos antes, los relatos que en sus capítulos se despliegan, mantienen habitualmente relación con más de una trama discursiva a la vez. Este producto de la época al alcance de un click otorga la comodidad al espectador de ser consumido en infinitos lugares, desde cualquier pantalla, a bajo costo, con la posibilidad de acomodarse a los tiempos de cada sujeto, y muy en consonancia con la celeridad que la contemporaneidad nos propone.

Justamente, J-A Miller (2004) en Una fantasía se pregunta si el objeto a no sería la brújula de la civilización de hoy, plantea que este vuelve obsoleta toda noción de medida, sigue el ciclo de la renovación acelerada, la innovación frenética.

Así, las series de tv podrían quedar en la era de la técnica y de la promoción del plus de gozar, elevadas ellas mismas como objetos al cenit social, objetos destinados a mitigar una insatisfacción estructural.

LAS SERIES, ¿EL NUEVO OPIO DE LOS PUEBLOS?

Por Natali Ivanier

Si bien en los últimos años la calidad de los formatos de las series se ha elevado a un nivel comparable al del cine, existen una serie de factores que nos permiten detectar diferencias claves que nos ayudarían a comprender algunas razones de su éxito.

Las series aportan una celeridad en el relato y expansión argumentativa que excede en mucho al ya conocido ritual de permanecer sentados las típicas dos horas en una butaca de cine.

Por más que estar frente a la pantalla implique detenerse por un momento, esa detención es muy diferente de la manera que encontramos en el cine. En primer lugar está la posibilidad de acceso: con solo tener un smartphone, o una conexión a internet, uno puede acceder a las series en donde quiera, cuando quiera, y de la forma que quiera. Además está la cuestión del tiempo, no se necesita mucho tiempo para ver un capítulo, a veces treinta minutos, a veces cuarenta, nunca más de cincuenta y cinco, sumado a que en las series no hay ninguna regulación del tiempo de duración del relato, son un espectáculo de un conjunto de micro-relatos incesante y siempre disponible.

Una particularidad muy importante de las series y que también podríamos pensarla como uno de los secretos de su éxito, es que ellas ofrecen al espectador una amplia variedad de enganches libidinales posibles.

Entonces, desde su modo de consumirse, hasta las derivas argumentales que presentan en sus narraciones, las series aparecen como un producto personalizado para el goce de cada quién. Hay quienes las miran solos, en pareja, series para hombres, para mujeres, para niños, e incluso podemos llegar a escuchar confesar transgresiones bajo el nombre “infidelidades de series” —cuando un sujeto avanza en los capítulos sin “esperar” a la persona con quién compartía esa serie— a veces declaradamente, otras teniendo que soportar el silencio a fuerza que no ocurra el temido y odiado spoiler.

También hay que notar que el formato de las series, coincide en que los finales de cada temporada suelen ser intrigantes y entre una temporada y otra pasan grandes lapsos de tiempo, claramente estos factores están asumidamente calculados por los productores dentro de la lógica del discurso capitalista: hacer que el sujeto quiera cada vez más de ese producto, que se haga “adicto”.

Efectivamente las series proyectan un mundo distinto, casi como la realidad virtual: un mundo fantástico, que separa a los sujetos de las coordenadas de su realidad corporal. (Brousse, 2015) así es como escuchamos sujetos que se dan “atracones” o “maratones” de series, 20 episodios en un fin de semana, 5 en una noche, desregulación de cuerpos pegados a las pantallas.

Aun así habría que señalar siguiendo a M-H. Brousse (2015), en la entrevista publicada en la revista Psine N˚1 (2015): en las series de tv, se trata de una adicción que no es silenciosa, que incluye al Otro, se trataría de un fenómeno que incluye el sentido, al modo de las religiones. Los sujetos se quedan esperando que la historia diga un poco más.

A partir de aquí podríamos preguntarnos, al igual que J-A. Miller (2014) lo hace en la conferencia El Inconsciente y el cuerpo hablante acerca de la pornografía, ¿son las series de tv puestas en escenas de diferentes modalidades del fantasma, con una variedad conveniente como para satisfacer los apetitos perversos en su más amplia diversidad?

Podemos quedarnos pegados a las pantallas —que de vez en cuando sucede— o podemos ser menos ingenuos, y hacer decir al Psicoanálisis algo al respecto.

*Sitcom: situation comedy. Refiere a un tipo de comedia con determinadas características:
risas grabadas o en vivo, duración entre 25 y 40 minutos, decorados fijos, e historias que
comienzan y terminan en cada capítulo.
**Estos derivados se agrupan bajo el término franquicia; los films incluyen los mismos
personajes, iguales escenarios o las marcas registradas de la obra original.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Brousse, M-H. (2015) “Entrevista a Marie-Hélène Brousse” en PSIne n° 1.
  • Miller, J-A. (2014) Conferencia El inconsciente y el cuerpo Hablante. Disponible aquí
  • Miller, J. A. (2004) Una fantasía. Conferencia en el IV Congreso de la AMP. Disponible aquí