EL CONTEXTO CAMBIA

GASTÓN COTTINO
Psicoanalista en Buenos Aires, Argentina

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Comienzo con una referencia al investigador de la historia del arte Georges Didi-Huberman: “Frente a cada imagen, lo que deberíamos preguntarnos es cómo (nos) mira, cómo (nos) piensa y cómo (nos) toca a la vez” (Farocki, 2013, p.14). Tomaré esta cita para marcar el recorrido de un comentario, a propósito de The National Antem, el primer capítulo de la serie Black Mirror (Endemol: 2011).

La referencia propone una pregunta por la mirada, por el estatuto de la imagen y por cómo eso pasa por el cuerpo; al tiempo que nos incluye en cada uno de esos puntos.

¿CÓMO (NOS) MIRA?

Didi-Huberman incluye acertadamente el “nos” entre paréntesis, lo cual ubica el punto de mirada, de pulsión de ver, que se encuentra en la imagen. Perspectiva que Lacan (1964), ubica especialmente en El Seminario 11, desde la esquizia del ojo y la mirada, división que permite cortar al objeto a de la imagen, al tiempo que la hace posible. Recuerdan allí a la anamorfosis, concepto proveniente del pintor florentino Piero della Francesca. A la altura de El Seminario 13 y con Michel Foucault en el auditorio, Lacan (1965-1966), presenta cómo el objeto permite el recorte de la escena fantasmática, valiéndose de Las Meninas (Velazquez, 1656).

¿Para qué estas referencias? Simplemente para ubicar al objeto a en la imagen. ¿Podemos homologar, sin más, esto a lo que nos muestra el video de la princesa circulando por las redes sociales, o al acto de cogerse al cerdo por cadena nacional?

Si llegamos a esta pregunta, tendremos que continuar indagando el estatuto de imágenes y de quiénes las miran.

¿CÓMO (NOS) PIENSA?

Comienzo con una reflexión de Roland Barthes (1980) en La Cámara Lúcida:

Yo quisiera en suma que mi imagen, móvil, sometida al traqueteo de mil fotos cambiantes, a merced de las situaciones, de las edades, coincida siempre con mi “yo” (profundo, como es sabido); pero es lo contrario lo que se ha de decir; es “yo” lo que no coincide nunca con mi imagen; pues es la imagen la que es pesada, inmóvil, obstinada (es la causa por la que la sociedad se apoya en ella), y soy “yo” quien soy ligero, divido, disperso (….) ¡ah, si por lo menos la Fotografía pudiera darme un cuerpo neutro, anatómico, un cuerpo que no significase nada! (Barthes, 1980, p. 39).

Tal vez nos parezca obvia esta reflexión, sobre todo a la luz del estadio del espejo y todos los desarrollos acerca del yo (moi) y el yo (je). Sin embargo, notemos cómo Barthes, un poco humorísticamente introduce el anhelo de un cuerpo que permanezca asintomático, o bien, desierto de goce.

¿Qué relación con su cuerpo tienen los espectadores de nuestra serie? ¿Cuál, los jóvenes que miran Youtube? ¿Cuál, aquellos que están conectados casi permanentemente a la pantalla, como aquel joven que no lo está menos por tomar rápidamente la foto del actor porno? ¿Hay que pensar en un estatuto de goce para esas imágenes? ¿Qué efectos tiene esto sobre el régimen de goce del propio cuerpo?

Y al decir esto ya estamos en nuestro tercer punto.

¿CÓMO (NOS) TOCA?

Muy tempranamente, en la década del ’60, Marshall McLuhan afirmaba que: “Todos los medios son prolongaciones de una facultad humana, física o psíquica. La rueda… es una prolongación del pie. El libro… es una prolongación del ojo, la ropa, una prolongación de la piel; el circuito eléctrico una prolongación del sistema nervioso central” (McLuhan, 1967, pp. 26-41).

Idea que da con una vieja referencia de Freud (1930), en donde Freud se pregunta por los “órganos auxiliares” (v.g.: lentes): que serían herramientas que “remueven los límites de su operación” pero que aún no se han integrado al cuerpo.

A su vez Jacques Rancière (2007) ubica al espectador como emancipado y a la obra, así sea parte de la sociedad del espectáculo, como separada de quien la mira y tiene a su cargo la tarea de traducirla.

Se establece allí una distancia aun no muy investigada, entre lo que mira y lo que, o quién, es mirado desde allí. Distancia que incluye al cuerpo de parlêtre, por un lado, y a la pantalla de un objeto tecnológico, internet mediante, por el otro.

Esto nos coloca en una perspectiva en la cual la imagen no es solamente el objeto de arte, acepción de inglés picture, sino de sobre todo image, la cual es pasible de cierta generalización.

Entonces vuelvo a Barthes, para ubicar dos características esenciales de la imagen, sea cual sea: el studium que es el interés que se tiene en lo que se busca ver, por caso aquel que convoca a los londinenses mientras se viraliza el video por las redes. Y el punctum: “pinchazo, agujerito, pequeña mancha o pequeño corte” (McLuhan, 1967, p. 59); el cual es citado por Jacques-Alain Miller en El Ser y el Uno para referirse al punto de real en la imagen.

¿Podemos precisar algún punctum en estas imágenes con la que nos atiborra ese pasaje ficcional de la vida londinense? O mejor: ¿Hay algo que no quede velado? ¿Hay un lugar para lo Real en esa voracidad que detiene la vida de toda una sociedad, empachada de pantallas?

Estas preguntas son acuciantes. Sin embargo me interesa “enfocar” lo que el Psicoanálisis, es decir, lo que como analistas, tendríamos para decir del asunto.

LO QUE DICE EL PSICOANÁLISIS

Tomaré dos referencias. Una de Luis Tudanca respecto a la relación entre Imaginario y Real en la ultimísima enseñanza, y otra de Beatriz Udenio, AE en ejercicio, que trabajó algo de su testimonio del pase en relación al primer episodio de Black Mirror.

Tudanca desarrolla este tema, ya presente en la pintura china tal como la estudia Francois Cheng (2013), desde los registros y la clínica de los nudos. Se va hasta El Seminario 21 (1973) para indagar un poco más acerca de la esta relación que Miller trae, por ejemplo, desde el significante nuevo de El Seminario 24 (1976).

Allí podemos encontrar el pasaje de lo Imaginario a lo Real y viceversa por la vía de dos direcciones en los nudos. Las posibilidades que Lacan da allí son: simbolizar lo Real de lo Imaginario —de los cuerpos— y ubica allí a las fórmulas de la sexuación; o realizar lo Imaginario de lo Simbólico, lo cual vale para los objetos de la tecnociencia y sus omnipresentes pantallas.

También, desde El Seminario 25 (1977), se pueden situar entre Imaginario y Real, a la inhibición. Síntoma en el museo, sí; intrusión de lo Simbólico en lo Imaginario, también; pero Tudanca recuerda cómo Miller (2014, p. 258) presenta a lo Imaginario incluido en lo Real. De allí que la inhibición sea no solamente “el hecho clínico que domina la ultimísima enseñanza de Lacan”, sino también aquello que da cuenta de que, hoy por hoy: “es muy difícil obtener de un parlêtre la dimensión del síntoma”.

Entonces tenemos, si se me permite el oxímoron, a la inhibición como síntoma contemporáneo; pero también a la real-ización que se efectúa por la vía de las pantallas; es decir aquello que se hace Real desde lo Imaginario, figuras, de lo Simbólico, significantes.

Es en este punto que entiendo, se puede localizar la lectura que Beatriz Udenio efectúa de las imágenes, desde lo que sucede en esa ciudad con la escena del chancho. Cito in extenso porque vale la pena:

El contexto cambia, sin duda, pero desemboca en que lo estructural se repite, acuñando un imposible Real de capturar con alguna garantía. Parece tratarse de la ilusión de un hacer que lograra recuperar el valor de la palabra dada, su autoridad, su veracidad. Que lo que la visión puede aprehender, lo que se ve, funcione de verificador del compromiso de la palabra (“garantía fantasmática”).

Pero es una búsqueda imposible, lo que la imagen verifica no alcanza a traer de vuelta el valor de la palabra y se pierde en el anzuelo del apetito escópico, que se distrae de lo importante y redobla la indignidad de la palabra dada (…)

En el primer capítulo de Black Mirror, en el lugar de enunciado, de un acto, performativo (vg. acto de fundación de la EOL) se muestra en su lugar el acto bizarro de cogerse a un cerdo ante los ojos hambrientos de los británicos. Un acto que como todo acto no puede sino fracasar; no hay acto sexual, no hay.

¿El performativo puede llevarnos más cerca de ese Real imposible, en la ilusión de la pantalla negra? si pensamos que los hablantes no llegamos más lejos que fantasear o imaginar, diría que la llamada caja boba me proveyó en esos tiempos una vía de escape a lo que me atormentaba haciendo de mí una soñadora despierta (…)

Se advierte cómo la escena, más allá del asco y el morbo, no hace más que dar cuenta de lo que se puede sostener por lo Simbólico: un pacto; es decir, el rescate que se podría haber acordado por otras vías, la palabra y/o el dinero. Yendo un paso más allá, un pacto es lo performativo en sí mismo; es como decir: ¡fundo! O ¡te amo! Y ese mismo dicho y a través de él realizar el acto, que no distingue entre enunciado y enunciación, dejándonos cerca de lo Real.

A cambio de esto, un artista propone una escena que fascinará, captará, a toda la ciudad. Pero que, también sabe, fallará. En ese lugar se aloja la princesa, cruzando sola el puente, un símbolo de otras épocas, tal vez.

El espejo negro se quiebra, es lo que ofrece la apertura a cada capítulo de la serie. Por esa fisura entra el analista, por allí entonces también el síntoma, el acto o la angustia.

Finalmente, la AE en ejercicio comenta “El Psicoanálisis (se) ofrece para animarse a llegar a ese umbral indecible, ese espejo negro de cada quien con su esquizia estructural (…) recabando las respuestas únicas de los sujetos de esta época, cómo se liga y se desliga y cómo se sirve, de esos black mirrors a su alcance”.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Barthes, R. (1980) La Cámara Lúcida. Buenos Aires: Paidós.
  • Cheng, F. (2013) Vacío y plenitud. Madrid: Siruela.
  • Farocki, H. (2013) Desconfiar de las imágenes. Buenos Aires: Caja Negra.
  • Freud, S. (1930 [2009]) “El Malestar en la Cultura” en Obras Completas. Tomo XXI. Buenos Aires: Amorrortu.
  • Lacan, J. (1964) “Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro 11. Buenos Aires: Paidós.
  • Lacan, J. (1965-1966) “El objeto del psicoanálisis” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro 13. Inédito.
  • McLuhan, M. (1967) El medio es el mensaje. Buenos Aires: Paidós.
  • Miller, J-A. (2014) El ultimísimo Lacan. Buenos Aires: Paidós.
  • Tudanca, L. Lo imaginario Inédito. Intervención en Noche del Consejo de la EOL.
  • Udenio, B. “Cuando la palabra no es performativa la imagen reina” en Radio Lacan. Disponible aquí
  • Rancière, J. (2007) Politique de la Littérature. Galilée.