OTRA MALDAD DE ULTRATUMBA DEL TÍO WALT

JORGE CASTILLO
Psicoanalista en Córdoba, Argentina

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“Los que están despiertos tienen un mundo en común, los que sueñan tienen uno cada uno” (Heráclito)

“Walt Disney no está muerto, está congelado” (Leyenda urbana)

Cuando en 1938 el señor Walt Disney contrarió a toda la comunidad artística de Hollywood asistiendo al mitin de la organización pro-nazi German American Bun para agasajar a Leni Riefenstal —directora favorita de Adolf Hitler— no fue por que hubiese tomado alguna copa de más. De hecho, al día siguiente llevó a la empleada de Goebels a recorrer sus estudios en un paseo que duró apenas tres horas pero alcanzó para quedar grabada a fuego en su historia personal. Dejaba así bien en claro para las generaciones venideras su verdadera posición ideológica: la pureza wasp* pintada en cartón-piedra, el american way of life libre de las manchas obscenas del sexo, sin comunistas ni hippies y con negros, judíos, indios y demás razas inferiores en roles secundarios, siempre sonrientes en su servidumbre voluntaria.

Así construyó —con la mano de hierro de la segregación— su imperio de fantasías en el que el ratón vigilante es la marca registrada.

Ya en 1936, Walter Benjamin había señalado en su célebre artículo La obra de arte en la época de la reproductividad técnica de qué manera las diabluras del ratón Mickey se inscribían —como representación de la violencia— en la más pura tradición de los pogromos medievales.

¿Qué podríamos esperar entonces de la incursión de este aparato ultra capitalista de la banalización del mal, en el terreno de la psicología? Pues nada más y nada menos que Intensamente (Docter & Del Carmen, 2015 para Pixar), un panfleto cognitivista que pareciera —quizás lo sea— financiado por los laboratorios de psicofármacos.

Detrás de su estética melosa y estereotipada propia de los juegos electrónicos más adictivos —del tipo Candy Crush— y de los folletos propagandísticos que reparten los visitadores médicos, el planteo de la película resulta bastante conocido: la psiquis humana se reduce al cerebro y este a su vez funciona como una máquina de la más extrema complejidad. Una computadora cuyas múltiples y variadas combinaciones apenas alcanzamos a imaginar pero en la que es posible localizar “centros” de actividad que se conectan con zonas, regiones, núcleos, circunvoluciones. Este esquema que la neurología intenta imponernos a fuerza de resonancias magnéticas y tomografías computadas Disney nos lo presenta como un gran parque de diversiones con una consola central manejada por personajes que representan “emociones” pero a los que fácilmente podríamos nombrar como neurotransmisores: serotonina, adrenalina, dopamina, etc.

Todo el drama se reduce entonces al equilibrio necesario entre estas “neuro-emocionespara que la integridad del yo sea preservada frente a los peligros que representan la crisis evolutiva de la adolescencia —la pubertad es aquí apenas insinuada— y las necesidades de adaptación a un entorno cambiante. La maníaca Alegría deberá cederle a la depresiva Tristeza algunas sinapsis centrales para poder acceder a una nueva consola, más grande y más colorida. El círculo se cierra en su perfección homeostática. Final feliz ¡el tío Walt nunca defrauda! Las piezas del Tetris caen justo en su lugar y… ¡Pasamos de nivel!

¿Qué es lo queda afuera cuando se aúnan ideología y cognitivismo? Lo que con Lacan llamamos Real. El Real propio del Psicoanálisis, que no es este de la mecánica cognitivista con su apoyo neuronal, como no fue nunca el de la pura combinatoria significante.

En Intensamente todo transcurre en el plano de los pensamientos. Es una lógica de cuantificación de cargas —positivas o negativas— sobre representaciones imaginarias que están a su vez predeterminadas por la estructura. Del cuerpo y su experiencia inefable, ni noticias. Desde la orientación lacaniana, no hay allí ningún síntoma pues definimos a este como un acontecimiento de cuerpo. El síntoma no es pues un acertijo ni un problema matemático que se puede resolver como el cubo mágico, sino un anudamiento en torno al agujero de significación que perfora el cuerpo de cada quien. Si se quiere, el síntoma no es más que la forma singular de navegar ese agujero. Un agujero no metafísico en el sentido de que no se trata de ningún vacío existencial sino de la experiencia insoportable y sin nombre a la que puede reducirse la vida humana.

El doctor Lacan (1974) —contemporáneo de Walt Disney— decía que el hombre piensa con los pies. Cuan subversivamente actual resulta este aserto frente al “cuartel general” en el que se desenvuelven los personajes de Intensamente. ¡He aquí la batalla del Psicoanálisis!

*White Anlgo-Saxon Protestant: Blanco, anglosajón y protestante. Término de uso coloquial que
hace referencia a un grupo de ciudadanos estadounidenses de posición social alta y con poder económico.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Lacan, J. (1974 [1988]) “La Tercera” en Intervenciones y Textos 2. Buenos Aires: Manantial.