UNA TEORÍA MECANICISTA DEL EMPUJE A LA FELICIDAD. INTENSAMENTE

JORGE ASSEF
Psicoanalista en Córdoba, Argentina

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El nombre en inglés de la película Intensamente, Inside Out (Docter & Del Carmen, 2015 para Pixar), indica que algo que está adentro pasa afuera, se muestra, se saca al exterior. Eso quiere contarnos este film, lo que pasa en el interior del psiquismo (utilicemos el término generosamente) de Riley, una niña de 11 años, que se muda de Minnesota a San Francisco. Una edad intensa, en un momento crítico.

Por supuesto que lo que el espectador sensible verá será un relato colorido, lleno de efectos emocionales, se sentirá atrapado, entrará en el suspenso, la pena, la sorpresa, Pixar, sabe cómo contar una historia atrapante. Quien tiene el gusto por el cine de animación caerá a sus pies, se disfruta.

Si el espectador además de sensible puede mantener su capacidad crítica rápidamente advertirá que se encuentra frente a una concepción del funcionamiento mental, no cualquiera, sino una concepción mecanicista: el medio social genera estímulos, éstos ingresan al sujeto con un impacto emotivo que produce un recuerdo, los diferentes recuerdos se organizan como archivos, ordenados por temas, áreas, efectos producidos, etc. Luego será de esos mismos recuerdos archivados con un criterio utilitarista —los que no sirven se desechan a un basurero del cual luego de un tiempo desaparecen en la eternidad del olvido—, será de esos recuerdos entonces de los que el sujeto obtiene respuestas adaptadas para situaciones similares.

En la psicología eso tiene un nombre: “aprendizaje”.

Nada nuevo bajo el sol, el perro y Pavlov se sustituyen por un colorido universo que recuerda a Charly y la fábrica de chocolate (Burton, 2005), y que explota ingeniosamente la familiaridad del sujeto contemporáneo con el funcionamiento del software de computación, después de todo, para gran parte de los estudiosos del cerebro y amantes de las teorías que ponen el aprendizaje como fundamento de la condición humana, los parlêtres no somos más que eso: un sistema de computación.

En el caso del film Intensamente esa maquinaria mental esta piloteada por cinco personajes, cada uno de ellos representa una emoción: Alegría, representada por una radiante y simpática caricatura femenina; Tristeza, gordita color azul, petisa, con anteojos, pelo pegado a la cara, voz grave y apagada; Asco es también un personaje femenino pero de color verde; Temor es un flaquito dubitativo, e Ira es un colorado personaje masculino bastante parecido a nuestro Manolito de Quino.

El objetivo de esta tripulación es que Riley “sea feliz”, no importa cómo ni a qué costo, es la felicidad como obligación, es el empuje a la felicidad, por eso la que comanda el equipo es Alegría, y por eso a Tristeza la mantienen todo el tiempo a raya, llegan a dibujarle un círculo en el piso para indicarle que no puede salirse de allí, no hacer nada, no tocar nada.

Sin embargo Tristeza no acepta las reglas, se entromete, se confunde, se marea, mete la pata todo el tiempo arruinando una y otra vez el objetivo de que Riley sea feliz. Así es Tristeza quien lleva la situación al desastre y provoca el eje del conflicto del relato, sin embargo casi al final Alegría descubre que Tristeza puede ser útil, sirve para que el sujeto llore y diga que esta mal y entonces de este modo encuentre consuelo y comprensión en los otros, y así, instantáneamente, regrese a la buena senda: la felicidad.

En medio de este elogio a la “buena onda” es muy interesante analizar en detalle la construcción que la película hace del personaje Tristeza.

¿Cómo consigue una cultura que promueve el Happy End, y que produce la mayor cantidad de libros de autoayuda del planeta, incluir la Tristeza en su ecuación?: vea Intensamente.

La sorpresa fue un detalle, un detalle que no se desarrolla en el relato, que queda oculto en el ritmo del film, y que es destacable porque funciona como una tendencia heteróclita en la corriente de sentido que construye la película. En un momento de la historia uno de los personajes se deprime, entonces se sienta a llorar, Alegría dice frases y refranes optimistas, le hace cosquillas, intenta con morisquetas, fundamenta desde la razón, y nada consigue levantar al sujeto deprimido. Cuando Alegría se da por vencida Tristeza se sienta al lado del personaje y le dice —“Te entiendo, si yo estuviera en tu lugar me sentiría igual…”, la secuencia continúa. Luego de un momento el deprimido recupera la vitalidad, entonces Alegría le pregunta a Tristeza —“¿Cómo hiciste?”, ella también desconcertada le responde —“No sé, yo solo lo escuché”.