COMO UN VESTIDO VACÍO

Los amores imaginarios (Dolan, 2010)

MARÍA DEL CARMEN ARIAS
Psicoanalista en Rosario, Argentina

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“No hay mas verdad en el mundo que el delirio amoroso”. Alfred de Musset “La única verdad es el amor mas allá de la razón”

Un film tiene tantas lecturas como espectadores, es cada espectador el que le da sentido al texto. Tal como lo indica el título del film —Los Amores Imaginarios (Dolan, 2010)—, se trata del amor y su cara imaginaria.

Lo Imaginario tiene que ver con la imagen, el espejo, el narcisismo y esta película le hace honor, es más visual que narrativa: resalta la belleza, la vestimenta, la imagen, apareciendo los diálogos y las relaciones como algo liviano.

El interés por la ropa es algo recurrente, parecen estar más ocupados por la vestimenta que por sus sentimientos. Más de una vez trasmiten la sensación de que más allá de lo que se ve parece no haber nada.

Como un vestido vacío sin cuerpo dirá Lacan en una presentación de enfermos refiriéndose a una paciente que se presenta como puro semblante. Es pura cáscara suele decirse, es un hueco o una hueca, es pura apariencia…

Se trata de una película que se centra en el enamoramiento ya que lo sexual aparece sólo como válvula de escape en dos de los personajes principales ante la indiferencia del tercero, Nicolás (Niels Schneider), del que ambos parecen estar enamorados. Pueden compartir el lecho con otros sólo para dormir juntos.

Marie (Monia Chokri), el único personaje femenino de este triángulo, ya sobre el final, en la peluquería, dice claramente que lo que a ella le pasó con Nicolás no tiene que ver con el sexo sino con el amor. Al referirse a su deseo dice: —“Despertarte con alguien, compartir”.

Francis (Xavier Dolan), el otro personaje masculino, le dice a Nicolás que quiere estar con él, que es más fácil estar con alguien.

Los dos amigos están buscando un remedio a su soledad, que va más allá de la amistad entre ambos, sólo Nicolás parece no necesitar de un lazo amoroso de ese estilo, sino como él mismo dice con total indiferencia: —“Me quieres o me dejas”.

Es una película de época, contemporánea, una película joven, como su director, quien con sus 25 años es portavoz de una generación y que además juega con lo vintage, lo antiguo.

Lo contemporáneo tiene que ver con los lazos amorosos que describe a través de los tres personajes principales, pero también de todos los otros personajes que aparecen en un intento de dar su versión de las situaciones amorosas que han vivido.

Los lazos en la actualidad son líquidos dirá el sociólogo Zygmunt Baumann (2005) en su libro Amor líquido y fragilidad de los vínculos humanos. En la película aparecen algunos indicadores de este mismo análisis.

Tanto la influencia de Internet en el tipo de lazo entre hombres y mujeres como las clasificaciones sexuales múltiples, a partir de la referencia a Kinsey y sus siete categorías, resulta insuficiente frente al afán clasificatorio en que vivimos que intenta traducir un todo vale desregulado y sin límites.

Hay un planteo del valor de lo económico como factor de importancia en las relaciones en un mundo capitalista. Ante una separación, una ruptura, se considera la pérdida, pero de dinero. —“El Sr. euro es quien te jode”… dirá uno de los personajes.

La fragilidad de los sentimientos, el no compromiso, el desamor, lo efímero como condición, son otros ingredientes que completan este panorama. Los semblantes hombre y mujer ya no orientan como en otras épocas. Hay una caída, un desorden de la tradición que regulaba el ser hombre y mujer y que pautaba las diferencias y el lazo entre los sexos.

Esta caída de los semblantes se refleja en el film a través de la proliferación de las clasificaciones, para todos los gustos, que ofrece Kinsey en el relato de uno de los personajes a quien parece hacerle problemas que entre lo hétero y lo homo haya siete.

Las identificaciones que siempre entran en crisis en la adolescencia hoy, más que nunca, no encuentran una respuesta que ordene sino que se sufre de cierta desorientación en padres e hijos.

Marie y Francis utilizan como recurso el identificarse con estereotipos: Audrey Hepburn y James Dean, iconos de los años 60 e inspiradores de la moda vintage. Ella encarna un estilo femenino elegante, y él es el prototipo de galán joven a quien le dio fama e identidad su película Rebelde sin causa (Ray, 1955).

Más allá de lo vintage, hoy vemos en los jóvenes el interés por lo que se denomina colsplay, jugar con el disfraz de personajes de mangas japoneses, donde el colsplayer puede llegar a transformarse en ídolo. Se celebran encuentros internacionales que dan la pauta de su extensión e importancia.

Si volvemos a la idea de que en esta película lo central es el enamoramiento, recordemos que Sigmund Freud (1921) se ocupa del estado de enamoramiento e intenta explicar algunas cosas relacionándolo con la hipnosis. En Psicología de las masas y análisis del yo trata este tema. Hay una similitud entre el enamoramiento y la hipnosis. Se ve al hipnotizador y a quien se ama de manera idealizada, exento de crítica, hay una sumisión y hasta humillación a veces y un interés centrado sólo en el Otro. —“Lo disculpo porque soy débil. Alguien a quien pones en un pedestal siempre tiene razón” relata uno de los personajes.

Freud (1921) advierte que esto persiste como vínculo con más fuerza cuando no se da lo sexual. En ese sentido el enamoramiento persiste porque por detrás está lo sexual que se guarda para un momento posterior. Si lo sexual se da de entrada, el vínculo amoroso desfallece.

Pero vayamos a Nicolás ¿cómo se nos presenta? “Adonis autosuficiente”, vive en un lugar muy lindo que paga su padre, tiene acceso al campo de su tía. Según su madre se cree el rey del mundo. Recuerda que de chico le gustaba estar detrás del escenario, cuando ella era bailarina, y que “las chicas se volvían locas por él y se lo comían a besos”.

Se trata de un sujeto narcisista, que parece tomarse a sí mismo como objeto de amor. Podríamos decir que se ofrece a ser mirado en un mundo voyeurista siendo el partenaire ideal.

No está interesado en amar y logra que lo amen, por eso es el único que no sufre de decepciones amorosas.

Nuevamente, el director hace aparecer el personaje de la madre, como en la mayoría de sus películas, dando a ver la particularidad del vínculo.

Vayamos a la frase que presenta la película que habla del delirio amoroso como verdad y a la que los personajes se refieren. Marie dice de Francis: —“Es un romántico. Imagina cosas con la gente.” Otro personaje dice al hablar de su obsesión delirante por alguien: —“Soy Glen Close en Atracción fatal”.

Alguien dice: —“Una persona se enamora de un concepto. Se enamora de la idea, la representación que se tiene de alguien”.

Estos son algunos de los matices que presenta el director, a lo cual podemos agregar, que en la psicosis el delirio amoroso tiene otro estatuto, se transforma en erotomanía.

Hay una certeza absoluta del amor del otro, quien además le habla. Cualquier manifestación o señal es tomada como signo de su amor. Un amor loco, sin límites, delirante tal como lo muestra la película protagonizada por Audrey Tautou, Loca de amor (Colombani, 2002). 

Cuando se trata del amor es mucho lo que hay para decir…seguramente ustedes se sumarán con sus comentarios para enriquecer este debate.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Baumann Z. (2005) Amor líquido y fragilidad de los vínculos humanos. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Freud, S. (1921 [2007]) “Psicología de las masas y análisis del yo” en Obras Completas. Tomo XVIII. Buenos Aires: Amorrortu