JUVENTUD Y BELLEZA ¿DIVINOS TESOROS?

GABRIELA ALLUZ
Psicóloga en Santiago del Estero, Argentina

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Joven y bella (Ozon, 2013) nos interroga acerca del oscuro mundo adolescente en una época en donde “todo entra por los ojos” y juventud y belleza parecen ser los imperativos hegemónicos que crean la ilusión de omnipotencia y éxito.

La protagonista, Isabelle, cuenta con ambos atributos, pero el film nos muestra que las cosas no son tan simples, mucho menos en la etapa adolescente; momento de muchas preguntas y pocas respuestas; hay una falta de saber sobre el sexo. No sólo se trata de un empuje biológico sino también discursivo, cada púber, se las va a tener que ver con eso intentando tramitar aquello que irrumpe.

 El director muestra este “despertar de la primavera” en la joven, dividiendo al film en las cuatro estaciones del año. Cada una irá marcando las diferentes posiciones que asume Isabelle frente a este exceso que estalla.

 Es en verano es donde ocurre la irrupción pulsional que conduce a Isabelle a su iniciación sexual. Este acto la divide subjetivamente. Ajena de sí misma se mira desde afuera en la escena del acto sexual. No puede subjetivar en ese momento esa irrupción de goce en el cuerpo. La división subjetiva no acontece por el encuentro con el amor.

El goce solo es posible en la dimensión del cuerpo. Y la relación al propio cuerpo es complicada. Mucho más aún la relación al cuerpo del otro, cuando se intenta gozar del cuerpo del otro, se encuentra que las cosas funcionan de manera imperfecta.

Salirse del goce autoerótico, para entrar en la relación al otro es un movimiento difícil y siempre la relación sexual en el ser humano está signada por la inadecuación. (Vidal, 2003.)

En otoño, empieza a manifestarse la modalidad de su goce; comienza a tener citas con hombres mayores y a cobrar por tener sexo con ellos. Surge un desdoblamiento en ella, Isabelle es ahora Léa —nombre de la abuela materna que eligió para presentarse con sus clientes—. Cuando es Léa se la ve maquillada, con tacos altos, y con ropa que roba a su madre. Con el nombre y la vestidura de otra mujer se construye el semblante de lo femenino sin aún poder arribar a esa posición. “La posición femenina según Lacan es ser el Otro sexo, el sexo Otro. Dividida por su propio cuerpo en una parte que proviene del goce fálico y otra que da cuenta de otra dimensión, la de ser llevada fuera de sí. Ser Otra para sí misma.” (Laurent, 1999, p. 86)

En Isabelle no hay pregunta subjetiva, solo un fuerte empuje de carácter compulsivo y metonímico, del cual extrae dinero que acumula sin saber qué hacer con él; juega a un “como si”, hace de semblante de objeto causa de deseo, pero no puede ubicarse como sujeto deseante. Aunque ella presta su cuerpo y es tocada en lo real, ella no está allí, hay algo del orden del amor que no la ha tocado.

Es en invierno cuando ocurre algo del orden de la contingencia que opera a modo de un corte del circuito compulsivo. Georges, el cliente al que más frecuentaba, muere en el acto sexual.

A partir de ello, se descubre la actividad de Isabelle; comienza análisis, al principio se resiste, pero luego comenzará a escucharse hablar, aparecen indicios de angustia, puede decir que la muerte de Georges la afectó y la división subjetiva dará lugar a un ir sabiendo sobre sí misma y ya no a precipitarse en una respuesta obturadora. Encuentra un modo de saber hacer a partir del análisis, paga las sesiones con el dinero ganado en las citas.

Pareciera que una vez interrumpido el circuito compulsivo, Isabelle comienza una vida diferente, se la ve asistiendo a una fiesta con chicos de su edad, se besa con el compañero que la pretendía. Intenta dejarse tocar por la vía del amor. Se abre una hiancia por fuera de lo compulsivo.

Es la primavera y a pesar de los esfuerzos de tener una historia amorosa, no logra enamorarse y decide cortar la relación. Acuerda una cita en el mismo hotel donde se encontraba con Georges. Aparece una hermosa mujer madura, es la esposa de Georges. Esta mujer no la juzga por lo que hacía, incluso le confiesa no haber sido lo demasiado audaz cuando joven para permitirse gozar como lo hacía ella.

La otra mujer no queda muda como la de la escena de la playa, ésta le dice “puedes gozar”. Le abre la posibilidad de la invención.

Desde el Psicoanálisis, tomando el significante “bella”, podemos responder a la pregunta ¿Cuándo Una mujer es bella?

Una mujer es bella cuando ha podido asumirse como femenina y enlazar el goce femenino con el fálico en un movimiento constante y distinto. Si una mujer decide por el goce fálico, aparece rígida, estructurada, masculina. Si se suelta totalmente a lo ilimitado del goce femenino, cae en el horror desenfrenado, es mortí-fiera” (Rovere, 2013, p.116)

 Es preciso logra rencarnar ese lugar entre conformado por un vacío y una presencia. En ese territorio habita una mujer que, respecto a los goces, es indecidible, porque nos indica que no hay ni habrá decisión. Desde esta perspectiva, la belleza alcanza un valor ético: un saber hacer, articulando ambos goces.

El final de la película nos deja con la incógnita: ¿Podrá Isabelle, tras este encuentro con la Otra Mujer, acceder a una posición femenina, es decir a un saber hacer con su goce?

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Laurent, E. (1999) Posiciones femeninas del Ser. Buenos Aires: Tres Haches
  • Rovere, C. (2013) Caras del Goce Femenino. (2|° Edición), Buenos Aires: Letra Viva.
  • Vidal, J. (2003) El Goce de La Mujer. Disponible aquí