LA CULPA DE LOS PADRES

JOSÉ VIDAL
Psicoanalista en Córdoba, Argentina

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The Bling Ring (Sofía Coppola, 2013) más que una película sobre la frivolidad de los fans, se propone ella misma como un tratamiento de lo superficial por la superficialidad. Esto se nota desde la tipografía de los créditos, la fotografía, pasando por su tono de comedia liviana que nos recuerda las películas para adolescentes de Lindsay Lohan, hasta su final moralizante.

Hay, en la filmografía de Sofía Coppola, una insistencia en algo como un reclamo hacia los padres, también presente en Las Vírgenes Suicidas (1999), en Somewere (2010) y también en Perdidos en Tokio (2003). Los hijos aparecen como descuidados, olvidados por unos padres que viven tras los objetos materiales y que dejan a los hijos sin referencias.

The Bling Ring también critica la inconsistencia de los padres desde la perspectiva de los hijos, la vacuidad de sus valores que apenas se sostienen, o son objetos de consumo, como se ve bien con la religión basada en “El secreto” en la que una madre intenta vivir con sus hijas. Las conductas de los jóvenes aparecen así como la consecuencia de la falta de los padres, en lo que podemos reconocer la posición propia de la neurosis.

Los hijos, en la película, van en busca de su identidad a partir de la apropiación, al menos por un rato, de los objetos distintivos de los ídolos del cine.

La adoración fetichista de objetos de los famosos no es algo excluyente de nuestra época, pero la película muestra una novedad que es hacerse una identidad a partir de esos objetos que son robados, el ídolo deviene entonces una víctima de sus fans y el fan se eleva en la fama por sobre el ídolo.

Es un esquema interesante: por un lado, hay la exigencia de una identidad definida, de “ser uno mismo”, de un signo para inscribirse en el campo del Otro y, por otro lado, el rechazo a lo que viene del lado de la familia o las tradiciones. Entonces, la opción que queda son las propuestas identificatorias de los medios, el cine, la tv o internet, es decir, el consumo. Finalmente lo que resta es apropiarse de cualquier modo de esos bienes que son inaccesibles.

El atractivo de Paris Hilton o de Linsay Lohan, emblemáticas en la película, parece estar en que son una especie de self made man, gente que se hace a sí misma como dice Lacan en Televisión (1973 [2012]). El que se hace a sí mismo no le debe nada al Otro, lo ha tomado de lo real y ha construido desde allí su identidad. Este es clásicamente un paradigma norteamericano que reproduce a nivel individual el modelo de lo que fue la conquista de América, donde el pasado, los padres, las tradiciones, el país, quedaban atrás para ir por la creación de un nuevo mundo. A nivel individual se puede obtener un rasgo de identidad a partir de lo real. Los colonos norteamericanos, por ejemplo, de algún modo se jugaron la vida, por ejemplo, buscando oro en California, para escribir un significante amo (S1), arrancando de las entrañas de la tierra su nombre y generando luego un linaje, a partir de ese primer significante amo. Los chicos de la película buscan un atajo, una vía rápida para la obtención de aquello que les daría un nombre. Robar unas joyas a famosos y poner la hazaña en Facebook. Bling, en el slang americano, es el sonido que figuradamente hace el brillo de una joya ostentosa. El brillo inmediato de la fama. Algo que pudimos ver aquí en Córdoba durante los saqueos de diciembre de 2013 cuando los ladrones publicaban en internet fotos con su botín lo que condujo finalmente, como en la película, a su detención.

Ahora bien, ¿qué es la identidad?, ¿en qué se funda la identidad ? Lacan se detiene en el tema en El Seminario L’insu que sait de l’unebévue s’aile à mourre (1977 [s/d]) donde repasa los distintos tipos de identificaciones que propone Freud para obtener de allí lo que sería para el Psicoanálisis la salida la maldición de la identificación. Porque la identidad es, como dice Wittgenstein, un demonio. Y es un demonio porque no conduce a nada. A=A no quiere decir nada, la segunda A no agrega nada a la primera. La salida que Lacan busca no es la de la identidad sino la de la identificación a un modo de gozar nominado con un signo que no estuviera inscrito ya en el Otro. Parecido a lo de los colonos norteamericanos. De modo que la perspectiva del Psicoanálisis va en las antípodas de lo que buscan los ladrones de fama, que es la identificación al modo de gozar del Otro del mercado. Coppola capta el cinismo de sus personajes pero los defiende. Para ella los chicos son como niños y los responsables de sus delitos son los padres, impotentes para mostrar una salida satisfactoria para los hijos.

Tomemos la escena en la que el joven muchacho, después de su condena, es trasladado en una fila de presos encadenados. Se buscó para la escena a tipos que parecieran criminales: Un negro obeso pelado, un hippie con pelo largo y colita atada, un latino y otro que no se ve bien, pero todos hombres de más de cuarenta años, con los brazos tatuados. Es claro que esos tipos son asesinos, peligrosos, pesados. El chico, de manera ostensible, desentona con el conjunto, él es un inocente chico w.a-s.p1, un blanco anglosajón y protestante, es decir, es una víctima de su desorientación. A diferencia de los demás de la fila, el chico está confundido y triste. Mientras los otros tipos son verdaderos criminales, él ha llegado a esa situación casi por accidente y no sabe muy bien qué es lo que está ocurriendo. La directora nos muestra que su ingreso en el mundo de la delincuencia estuvo marcado por un no saber, por un no darse cuenta de las consecuencias posibles de sus actos y por una inocencia que acompañó a una travesura. Es decir, la idea es que los chicos, ansiosos de fama, se metieron en un problema sin tomar conciencia de las posibles derivaciones.

Pero nosotros sabemos, por nuestra clínica que esa es la posición de cobardía moral que Lacan propone en Televisión, en la que el sujeto que no quiere saber nada con lo que es su propio deseo y deja en el lugar del Otro la responsabilidad de lo que le ocurre.

Este mismo personaje, el muchacho, en una escena anterior, en su terapia, muestra que tiene claras las cosas, que no tiene nada de inocente, y hace la única reflexión interesante de la película cuando dice que “este país tiene una fascinación por Bonnie and Clyde”. Es como una clave desde la que podríamos leer toda la película: Coppola muestra que el Otro social, el Otro del capitalismo, a la vez que exige éxito y fama aún por la vía de la transgresión, y hay que ver que el individualismo es en definitiva una trasgresión al Otro social, es una fuerza superyoica impresionante que, como Saturno, va a terminar devorando a de sus hijos. La cosa va a terminar mal, en el sacrificio de sus jóvenes.

La policía, unos patoteros tremendos entrando a las casas, empujando, al grito de “tenemos una orden”, muestra que el sueño de impunidad es una trampa en la que caen los incautos y que, de la mano de esos ángeles de la venganza, el castigo le llega a todos sin excepción.

Es el mismo modelo que pudimos ver en la inolvidable Thelma and Louise (Ridley Scott, 1991) primero el empuje a la libertad, al individualismo, que en segundo plano muestra la transgresión y luego el castigo que cae sobre ellos como sobre cualquier criminal.

Los chicos en The Bling Ring, desamparados, llaman a su mamá.

1 White Anlgo-Saxon Protestant: Blanco, anglosajón y protestante.
Término de uso coloquial que hace referencia a un grupo de ciudadanos
estadounidenses de posición social alta y con poder económico.