Película: Animales Nocturnos
Director: Tom Ford
Año: 2016
País: Estados Unidos

Las primeras imágenes de este film son chocantes, grotescas y un tanto impúdicas. Su visualidad es perturbadora logrando de entrada incomodar a un espectador que espera que una película del connotado diseñador Tom Ford, sea un objeto elegante y sofisticado. Pero se trata del Tom Ford en su versión director de cine y sus planos ya nos dan una pista: lo que importa serán los contrastes. El film nos introducirá a oscuros territorios de la subjetividad a través de una superposición de relatos y un montaje de gran eficiencia dramática en una historia que no para de sorprender.

Dotado de una narrativa audiovisual con una temporalidad que ocurre en varios niveles, el filme atrapa pero no confunde. En un presente Susan (Amy Adams) lee la novela “Animales nocturnos”, su autor Edward Sheffield (Jake Gyllenhaal) fue su ex marido. El libro narra una historia que veremos desarrollarse en pantalla, pero esa historia contiene elementos de la fallida relación, de los motivos de su ruptura y sus consecuencias actuales.

El despliegue del presente de Susan junto con la ficción literaria y el pasado conyugal, nos introducen en un juego de espejos y dobleces, de relatos y meta-relatos, donde lo peor de los seres humanos saldrá a la superficie y no sólo nos permitirá -tanto a los espectadores como a sus personajes- sumergirnos en los laberintos de la culpa, el resentimiento, la venganza y el dolor, sino que a su vez logrará alternar las identificaciones con los personajes implicados en este drama de suspenso e intriga psicológica inteligente construido.

Poco a poco la vacuidad de la estructura social donde vive Susan se fragmenta al tiempo que se acrecienta su interés por conocer el desenlace del libro que la cautiva por misteriosas razones. El cruce de todas las historias develará un cinismo que quema pero que a su vez revela aspectos no siempre muy acordes con los ideales ni las expectativas de los seres humanos. El cine de Ford es de un realismo frío, un tanto desesperanzador donde no hay redención posible.

Sin caer en un psicologismo y ubicados desde el psicoanálisis, reponemos junto a Lacan como una clave interpretativa, la categoría de las pasiones, que como nos recuerda Eric Laurent “recorre toda la enseñanza de Lacan”. No revelamos aquí cuáles de ellas participan en este filme, pero ciertamente nos parece de gran pertinencia ubicarnos en esa genealogía que desde Santo Tomás, Spinoza, Kant y Lacan nos llevan a un territorio distinto de las emociones y de los afectos donde su uso actual no capta el filo necesario que requiere las complejidades del parlêtre y que se destacan de manera magistral en este extraordinario filme.