LA MEJOR OFERTA (LA MIGLIORE OFFERTA), POR JIMENA CATTANEO

Película: La Mejor Oferta
Director: Giuseppe Tornatore
Año: 2013
País: Italia

El Director de Cinema Paradiso, se hace otro para sí mismo haciendo una película que nada tiene que ver con aquel éxito. Tornatore une dos historias cuando capta que los personajes principales de cada una, podrían tener una fuerte atracción. Una mujer con una agorafobia, Claire (Sylvia Hoeks) y un hombre con una obsesión, Virigil Oldman (Geoffrey Rush). Recorta piezas, arma los partenaires. Monta La mejor oferta.


El guion tiene la típica trama del enigma. El espectador lo va develando a partir del sembrado de la información. El arco argumental original tiene la estructura dramatúrgica del enamoramiento. 


Recorto el abordaje del objeto mirada. El director nos deleita con ambientes europeos y obras de arte durante todo el film. Nos activa la pulsión en juego para adentrarnos al goce que le es propio a Virgil. Nos hace gozar de lo que él goza. 


Un marchante de arte sofisticado, elegante, huraño y perfeccionista. Perito de alto vuelo, extremadamente rico y culto. Extremadamente solo. Su apellido “Old-man”, funciona como significante amo. Tiene el saber sobre la verdad y la falsedad en el mundo del arte, su partenaire. No se relaciona con el otro sexo. Nunca estuvo con una mujer. La solución parcial encontrada hasta el momento es hacerlo con una colección de retratos de mujeres. Goza de contemplarlos y tenerlos. Las mira y es mirado por ellas. Se mira en ellas, consiste allí. 


Algo lo inquieta cuando recibe una oferta de una clienta para que le tase una herencia. Una mujer-cuadro en la dimensión del señuelo, pero también como pintura de un velo, muestra algo más allá de lo cual pide ver. Toca el cuerpo en su vertiente de goce escópico. Va descubriendo piezas sueltas de un mecanismo que llama su interés. Tratándose luego de un viejo autómata del siglo XVIII.


Un hombre que rechaza la vida, vivir la vida, no puede ser simpático, dirá el director. Sin embargo, se vuelve guapo a lo largo de la misma, cuando se deja tocar por una historia de amor. Vemos cómo el amor, permite al goce condescender al deseo.


Dentro del collar de perlas que el film nos ofrece, hay dos fuera de serie: el tratamiento del objeto auto-mata que hace Virgil con Robert, joven dueño de un taller especialista en sacar de la chatarra instrumentos hermosos a quien le adjudica el saber hacer con las mujeres, una a una, su causa. Y la presencia desasosegante de una pequeña figura que parece el personaje borgeano de Funes el memorioso. No se puede incluir en la historia. Donde no debería estar, está. Es la que mira desde afuera. La mirada que no está en lo que se ve.


Para no spoilear el final, los dejaré con una de las tantas locuciones interesantes que tienen los diálogos, “Siempre hay algo auténtico oculto en toda falsificación.”

Referencias bibliográficas:
Lacan, J. (1962-1963 [2013]). “La angustia” en El Seminario de Jaques Lacan. Libro 10. Buenos Aires: Paidós.
Lacan, J. (1964 [2013]). “Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis” en El Seminario de Jaques Lacan. Libro 11. Buenos Aires: Paidós.
Miller, J-A. (2012). “Los signos del goce”. Buenos Aires: Paidós.

2018-05-27T21:59:56+00:00