GRINBAUM – Wakolda o el imperativo de ser perfecta 2018-01-31T12:53:13+00:00

WAKOLDA O EL IMPERATIVO DE SER PERFECTA

GABRIELA GRINBAUM
Miembro de la EOL y de la AMP

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TÍTULO 1

“¿Espejito, espejito, quién es la más hermosa en este reino?”

La madrastra envió al cazador a que matase a Blancanieves el día que el espejito le hizo saber que “Tú mi reina eres muy hermosa, pero más hermosa que tú es Blancanieves”.

Pero claro, la reina fue la más más hermosa hasta que la niña devino una jovencita y entonces la belleza de la juventud opacó a la bella monarca del pueblo…

Belleza parece ser el nombre de la felicidad en el siglo XVIII y en el XXI también.

La juventud es uno de los nombres de la belleza.

“Quiero ser perfecta”, me decía una paciente con trastornos alimenticios.

Atravesados por el imperativo de felicidad de la época.

Y de la mano con la ecuación simbólica que no es pene, hijo, dinero y regalo sino felicidad, juventud, belleza, perfección.

Por dónde abordar esta película de Lucía Puenzo, una directora que ya había incursionado en temas relativos al cuerpo femenino. Recordemos XXY (2007) y El niño pez (2009).

Podríamos detenernos en sus paisajes patagónicos, extasiantes. No, por favor, no interesaría mucho.

La vía histórica-política, me refiero a los nazis desembarcados en la Argentina, luego de la Segunda Guerra. La Argentina fue un destino muy importante para muchos sobrevivientes durante y después del Holocausto, pero también muchos nazis se refugiaron en la Argentina tras la caída del Tercer Reich. Y la película ficcionaliza una de las versiones que dicen que Josef Mengele, uno de los criminales más atroces de la historia, estaría viviendo en Bariloche y allí seguía con sus investigaciones médicas-científicas sobre los cuerpos humanos.

Sin embargo, tampoco desarrollaré esta cuestión.

Tomaré dos puntos que asoman en la película.

Uno es el malestar de la joven respecto a su cuerpo de niña.

Y otro es la complicidad de la madre con la hija escabulléndose del No del padre.

Lilith (Florencia Bado) es una adolescente que padece su pequeño cuerpo en tiempos del Despertar de la primavera. Es allí que entra en escena el Dr. Alex Brendemühl. Él le propone someterla a un tratamiento para hacerla más alta, acelerar su desarrollo y finalmente embellecerla en sus proporciones. La niña fascinada, tentada por la invitación a la perfección acepta. La madre acompaña esta decisión ocultándoselo al padre que había dicho decididamente que no.

Sabemos con Freud y con Lacan que el estrago está articulado a lo que nunca será conseguido por la niña, en el sentido de la pelea de la hija con la madre a quien responsabiliza por no haber recibido el don, que no le ha dado lo que tiene que dar.

Siempre hablamos de la transmisión del padre, es decir, la transmisión simbólica a partir de la función paterna. Para decirlo claramente, el padre es aquel que transmite el nombre, los bienes, en fin, la ley.

¿Y la madre? ¿Existe una transmisión de una madre a una hija? ¿Cómo se transmite algo de lo femenino de una madre a una hija? Quizá haya algo por la vía de los pequeños objetos… los vestidos, los zapatos, los maquillajes. Entonces esto es diferente de la transmisión paterna porque es más relativo a la metonimia que a la metáfora.

En la película al dejar madre e hija afuera al padre, entonces no es la ley la que comanda. No está la mediatización del Otro y finalmente lo que queda es el capricho materno. Y aquí nos volvemos a topar con el estrago materno.

En el desenlace final cuando ya los efectos en el cuerpo de la jovencita son marcas del horror, entra nuevamente el padre a intentar volver a ordenar lo que el capricho materno dejó al cuerpo desbrujulado.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Freud, S (1901 [2012]) Psicopatología de la vida cotidiana. Obras completas. Tomo VI (2º Edición) Buenos Aires: Amorrortu.